30 años atrás, el primer domingo de abril de 1986, una mujer y seis niñas fueron asesinadas cuando regresaban de una peregrinación en La Cruz de Alajuelita. El dantesco hecho marcó un antes y un después en la historia delincuencial y judicial del país. El crimen quedó impune. Y Costa Rica ya nunca más volvería a ser la misma.

Por: Yuri Lorena Jiménez 3 abril, 2016
La Cruz de Alajuelita.
La Cruz de Alajuelita.

Un aún averanado abril se alzaba con ímpetu en la Costa Rica de 1986. Era el domingo de Ramos y, en la recta final hacia la Semana Santa, el país y el mundo estaban en plena ebullición.

Aquel domingo 6 de abril, La Nación contaba que en el (hoy demolido) Estadio Nacional se escuchaban los primeros ruidos de martillos con miras al traspaso de poderes en el que el Dr. Óscar Arias Sánchez asumiría su primer mandato presidencial; Robert Redford y Meryl Streep arrasaban en los cines locales con Africa Mía, recién ganadora de 7 premios Oscar y el planeta contenía el aliento a solo semanas de la Copa Mundial México 86.

Esquelas le rendían tributo a la memoria del licenciado Enrique Benavides, quien por años fuera el célebre editorialista de este diario; el argentino Daniel Pasarella fichaba con el Inter de Milán; La Banda y Karibú tocaban en El Palenque de Ojo de Agua (bus después del baile, decía el anuncio); Liza Minnelli llegaba a los 40 años y el Centro Capilar Svenson anunciaba su “semana especial de pruebas gratis” para los primeros 100 calvos o medios calvos que asistieran a su consulta.

Los números de teléfono en el país de entonces eran de seis dígitos; La Nación costaba ¢10; Ronald Reagan aprobaba ataques a Libia tras desplante de Muamar Gadafi y se anunciaba la llegada a San José del dúo Pimpinela para tres presentaciones.

El lunes 7 de abril, La Nación informaba con gran despliegue en su portada que el Gato Félix (conocido ladrón de la época) había resultado herido en un tiroteo con la policía.

En la página 16, una minúscula síntesis policial de dos párrafos apenas se dejaba leer. “Perdidos en La Cruz”, era el título, e informaba que “una mujer y seis niños permanecían presuntamente extraviados anoche en el cerro de La Cruz de Alajuelita, donde una patrulla de la Guardia de Asistencia Rural y otra de la Cruz Roja intentaban localizarlos, alertados sobre su desaparición por un familiar”.

Probablemente aquella diminuta nota pasó inadvertida para la mayoría de miradas. Porque, efectivamente, era impensable que una inocente romería familiar a un sitio de peregrinación religiosa acabara en la masacre de seis menores de edad y una adulta, en una orgía de terror que marcó un antes y un después en la historia delincuencial y judicial del país.

La masacre quedó impune. Y Costa Rica ya nunca más volvería a ser la misma.

* * *

El 6 de abril de 1986 no solo quedó marcado en el calendario como la fecha del crimen más atroz de la historia del país, sino que se comenzaba a escribir también un capítulo de horror que se constituiría en la más grande incógnita para la policía nacional en toda su historia.

El detalle de lo que les ocurrió en el transcurso de esa tarde no se sabe al día de hoy, y es posible que no se sepa nunca.

Aquella mañana nueve mujeres integrantes de las familias Salas Zamora y Sandí Zamora asistieron a un acto litúrgico en el cerro de La Cruz del cantón josefino de Alajuelita.

Se trataba de las hermanas Marta Eugenia (41 años) y Rosario (26) Zamora Martínez. La primera iba acompañada de sus hijas Cristina (18 años); María Gabriela (16); María Auxiliadora (11) y Carla Virginia (9) Salas Zamora.

Doña Rosario hacía lo propio con Alejandra (13); Carla María (11) y María Eugenia (4) Sandí Zamora.

La cronología de lo ocurrido aquel día, desde el momento en que surgió la idea de la peregrinación a La Cruz, fue narrado por la propia doña Rosario a la Revista Dominical hace un par de semanas. Protagonista (y a la postre, sobreviviente) de excepción, doña Rosario repasó su tragedia, una tragedia que básicamente no le pasa a casi nadie en la vida, y aceptó compartir lo que todo el mundo se pregunta: ¿cómo ha logrado sobrevivir al dolor en estos 30 años?

El 7 de abril de 1986, las autoridades recorrieron el callejón en búsqueda de las desaparecidas.
El 7 de abril de 1986, las autoridades recorrieron el callejón en búsqueda de las desaparecidas.

Pero antes de su entrevista (de la cual puede leer un recuento aquí) corresponde repasar lo ocurrido porque, a estas alturas, la macabra historia se ha ido olvidando con el arribo de nuevas generaciones.

Lo cierto es que el caso fue tan dantesco y estuvo tan lleno de sórdidos vericuetos, que incluso muchos que hoy peinan canas tienen apenas una noción general de lo ocurrido a partir de la masacre. Posiblemente también sean muy pocos los que tengan presente que este próximo miércoles, el 6 de abril del 2016, se cumplen ya 30 años de aquel día en que Costa Rica perdió la inocencia.

Por eso, porque es lógico que el caso no sea de conocimiento de miles y sea apenas recordado por otros miles, se impone repasar la historia del demencial crimen.

Impensable...

A grandes rasgos, aquella mañana dos de las nueve mujeres que iniciaron el ascenso (doña Rosario y su sobrina Cristina) desistieron de llegar hasta La Cruz a medio camino por cansancio. Las siete restantes continuaron.

A eso de las dos de la tarde de aquel domingo el grupo de mujeres inició el descenso hacia El Llano (en dirección opuesta), pero tomaron un atajo para acortar camino.

El detalle de lo que les ocurrió en el transcurso de esa tarde no se sabe al día de hoy, y es posible que no se sepa nunca.

De acuerdo con la reconstrucción de los hechos, la mujer y las seis niñas sí estuvieron en la liturgia; más allá de testimonios de testigos, un canal de televisión había hecho tomas generales y ahí se veía claramente a doña Marta y a algunas de las chiquitas.

Pasadas las 2 de la tarde casi todos los presentes apresuraron el descenso porque había grandes nubarrones que presagiaban lluvia.

Entretanto, doña Rosario y Cristina esperaban sentadas en unas piedras, al pie del cerro.

La espera empezó a convertirse en angustia a eso de las 5 o 6 de la tarde. Por supuesto, el peor escenario que contemplaba doña Rosario en aquel momento era que su hermana había sufrido un ataque de asma y que de fijo era por eso por lo que no habían podido seguir avanzando tras empezar a bajar.

Acá localizaron a parte de las víctimas, en un cafetal, con al menos un balazo en la cabeza cada una.
Acá localizaron a parte de las víctimas, en un cafetal, con al menos un balazo en la cabeza cada una.

A las 8 de la noche se involucraron dos patrullas de la Cruz Roja, integrada en buena parte por compañeros de Cristina, quien se desempeñaba como secretaria en la benemérita institución. Ya un poco más tarde la Guardia de Asistencia Rural hizo lo mismo.

Así pasó la noche y llegó la madrugada. Nada. Para las familias, el extravío era inexplicable. Cierto que no había solo una ruta de descenso, pero ya con el sol de la mañana, que no hubieran aparecido era rarísimo. Pero aún así, era solo eso: rarísimo.

Más patrullas de búsqueda se involucraron el lunes 7 a primera hora.

Pero fue hasta el mediodía cuando don Teodorico Retana Calderón, dueño de una finca ubicada en el cerro, se topó con el dantesco hallazgo de los cuerpos de las víctimas. Los cadáveres estaban acomodados en línea. Cinco debajo de unas matas de plátano y los otros dos en una vieja chayotera. Se encontraban a unos 75 metros de la callejuela La Granadilla, en uno de los caminos de descenso desde La Cruz de Alajuelita hasta El Llano de ese cantón.

El país enmudeció. El país enloqueció. La prensa daba cuenta de cómo los policías y cruzrojistas más curtidos parecían totalmente desconcertados al llegar al lugar del hecho.

Tras las primeras horas, las primeras investigaciones y los análisis forenses preliminares, se supo que las mujeres habían sido interceptadas por uno o varios desconocidos en un tramo del camino, las desviaron, violentaron sexualmente a tres de las menores y luego las asesinaron a todas a balazos con una sub-ametralladora M-3.

Irónica y tristemente, esa es la única gran verdad que se sabe hasta el día de hoy, 30 años después.

Víacrucis en varios flancos

La sociedad costarricense, como era de esperarse, colapsó de estupor. La presión del país entero hacía mella en las autoridades y cuerpos policiales y, a finales de julio de ese mismo año, fueron detenidos José Luis Monge Sandí, conocido como Tres Pelos, y Arnoldo Mora Portilla, alias Arnoldillo, a quienes la policía les adjudicó la masacre, la cual supuestamente habrían cometido junto con Álvaro Chinchilla Vásquez, conocido como Viruta y Arnoldo Mora Quesada, alias Galleta, quienes murieron en forma violenta en hechos separados en junio de 1986.

Tras el hallazgo, funcionarios judiciales trasladaron los cuerpos hacia Medicatura Forense.
Tras el hallazgo, funcionarios judiciales trasladaron los cuerpos hacia Medicatura Forense.

En el ínterin hubo muchas especulaciones acerca de que el ataque contra las mujeres se hubiera originado en una supuesta venganza contra el padre de tres de las niñas.

Se trataba de Luis Roberto Sandí Rapso, quien a partir de 1975 empezó a figurar en los medios como el ladrón más hábil en la apertura de cajas fuertes durante aquella época, y quien era el progenitor de Alejandra, Carla María y María Eugenia Sandí Zamora, a quienes procreó con doña Rosario.

Rapso también figuraba como el primer condenado por la legislación costarricense (ocho años de prisión) por el secuestro de la niña Yorleny Castro Sequeira, perpetrado el 28 de junio de 1975 junto con su compañero de delitos, Gato Félix Araya.

Cuando sus hijas fueron asesinadas, Sandí Rapso estaba en la cárcel, y Adaptación Social le concedió permiso para asistir al entierro.

La tesis de una supuesta venganza contra Macho Rapso perdió fuerza con los años; él murió en noviembre del 2013 en un accidente de tránsito, mientras se encontraba en libertad y poco antes de cumplir 70 años.

Linchamiento público

El caso es que tres años después de los hechos, en abril de 1989, Monge Sandí y Mora Portilla enfrentaron el juicio.

El linchamiento público contra ambos se hizo patente desde antes de que se leyera su veredicto de culpabilidad: según el Tribunal Superior Tercero Penal, a Tres Pelos se le halló responsable de siete homicidios y dos violaciones, para un total de 195 años de prisión. Arnoldillo recibió una condena de 19 años como responsable de violación y robo agravado.

Cuando esto ocurrió, las voces iracundas en pos de justicia llegaron a todos los rincones del país. Se suponía que se trataba de un caso cerrado, pero el 10 de junio de 1992 un fallo del Tribunal de Casación absolvió a Tres Pelos y a Arnoldillo, y ordenó su excarcelación.

Los dos juicios realizados contra estos hombres fueron anulados por errores procesales. Se estaba a la espera de un tercer juzgamiento, cuando Monge Sandí fue asesinado, el 26 de febrero de 1995.

Arnoldo Mora Portilla quedó fuera del proceso cuando la Ley Tutelar de Menores estableció que no se podían juzgar los delitos cometidos por menores de edad, y en el momento de los hechos él tenía 17 años.

Tanto Monge Sandí como Mora Portilla siempre negaron su participación en los hechos. (LEA MÁS: Los daños colaterales del Psicópata)

El presidente Luis Alberto Monge se desborda en llanto frente a uno de los ataúdes de las niñas.
El presidente Luis Alberto Monge se desborda en llanto frente a uno de los ataúdes de las niñas.

A la postre, los mismos cabecillas de la policía que en algún momento dirigieron las pesquisas contra ellos, acabarían reconociendo que se habían equivocado.

Gerardo Lázcares, cofundador y exsubdirector del OIJ, está convencido de que en el caso de la masacre de Alajuelita se cometieron muchos errores a nivel policial. En una entrevista concedida al periódico Al Día en abril del 2006, con motivo del 20 aniversario del crimen, el expolicía afirmó que se cometieron muchos errores, hecho que ratificó en una conversación reciente para este reportaje.

“Incluso, los cometí yo, que en ese momento era el jefe de Homicidios”, comentó Lázcares.

Según el funcionario, no estaban preparados para enfrentar un escenario como el que se toparon en aquella finca.

El exsubdirector del OIJ indicó que ninguno de los cuatro acusados por la policía fueron los responsables de la masacre. “Ellos no tenían la capacidad para cometer un crimen de ese calibre. El día después de la masacre, nos topamos a Tres Pelos en el mercado con una hija. Esa no era la actitud propia de alguien que acababa de matar a siete mujeres. Lo lógico era que se escondiera. Además, mientras esa gente ( Arnoldillo y Tres Pelos ) estaba en prisión, ocurrió otro de los crímenes del Psicópata. Con solo eso había que liberarlos”, declaró Lázcares.

El tema del arma con el que fueron ultimadas las siete víctimas también fue determinante primero, para supuestamente vincular a Tres Pelos y a Arnoldillo con el caso y después, para descartarlos.

Según explicó Lázcares en varias entrevistas pasadas a este medio, los exámenes de balística hacían presumir que el arma era una subametralladora M-3 robada al exministro de Seguridad Rodolfo González, que supuestamente Monge Sandí (Tres Pelos) tuvo en su poder.

“Sin embargo, esa conclusión fue errónea porque se compararon casquillos sin tener el arma original. Además, se partió del testimonio del presidiario Carlos Torres, quien aseguraba haber guardado una M-3 en su casa a pedido de Tres Pelos. Ese testimonio luego fue cuestiona-do”, dijo el hoy expolicía.

"El Psicópata nos dio una paliza de 19 a 0. Esto es en sentido figurado, pero fueron 19 muertes", recuerda un expolicía involucrado.

Además, las pruebas de balística jamás se podían acreditar a una subametralladora que la policía nunca pudo encontrar.

Asesino era militar

Las últimas investigaciones del OIJ, que vinculan al psicópata con el crimen de Alajuelita, lo ubican como un exguerrillero de la “contra” (Contrarevolución) nicaragüense, que trabajó en la Policía Metropolitana de San Joséy que mató a 19 personas, entre 1986 y 1996 (LEA MÁS: El psicópata: ¿Será posible que termine en leyenda?)

Según Lázcares, en el caso de Alajuelita la escena fue propia de un asesino con formación militar. Primero, por la posición de los cuerpos y, luego, por los disparos en la cabeza.

Además, tras este asesinato siguieron ocurriendo los demás crímenes atribuidos al psicópata, en los cuales utilizó una subametralladora M-3.

“El asesino cometía los crímenes para decirnos que teníamos a los hombres equivocados. Incluso, dejaba los casquillos de la subametralladora M-3 en la escena”, comentó el exjefe policial.

Una gran conglomeración esperó una hora para presenciar las honras fúnebres en la Iglesia de La Merced.
Una gran conglomeración esperó una hora para presenciar las honras fúnebres en la Iglesia de La Merced.

‘Paliza’ del psicópata

Más recientemente, en noviembre del 2013, otro de los expolicías destacados en el caso, Fernando Sánchez Chacón, coincidió con las apreciaciones de Lázcares y hoy cree que la investigación se desvió desde el principio del verdadero culpable, el psicópata que aterrorizó al país durante una década.

La contabilidad de al menos 19 víctimas incluye a las siete de La Cruz de Alajuelita y es la versión más consensuada que se encuentra entre quienes estuvieron al frente del caso en su momento.

En un particular ejercicio de autocrítica, Sánchez habló largo y tendido con este medio sobre las grandes carencias que tuvo el Organismo de Investigación Judicial en esta y otras investigaciones de envergadura.

“El Psicópata nos dio una paliza de 19 a 0. Esto es en sentido figurado, pero fueron 19 muertes. Nosotros comenzamos a anotar puntos cuando el partido había terminado, después de que lo identificamos y descubrimos que estaba muerto. ¿Ya para qué?”.

A su juicio, el caso de Alajuelita puso a prueba a ese cuerpo policial en una época en la que, él mismo reconoce, eran ignorantes, al menos en el esclarecimiento de homicidios en serie.

“Los inicios del OIJ no fueron muy felices en cuanto a resultados. Las estadísticas decían otra cosa, porque se resolvían muchos casos que eran fáciles de esclarecer. Sin embargo, el OIJ se creó no para esos asuntos, sino para los homicidios de verdad”, dijo.

Sánchez, de 59 años, entró al OIJ el 16 de marzo de 1978 y laboró por 30 años hasta que se pensionó. En noviembre del 2013, se postuló para asumir la dirección general del Organismo.

Él fue parte del primer grupo de agentes que llevó el curso básico de investigación criminal. “Éramos tan ignorantes en esa época, que nunca oímos a nadie hablar de esos homicidios (seriales).

”La razón de estos tropiezos (en la investigación del Psicópata) tenía una explicación fácil: falta de experiencia y falta de conocimientos técnicos porque, en honor a la verdad, ganas, mística y otras cualidades, que desgraciadamente no resuelven crímenes, sobraban.

”El pecado de nosotros fue investigar ese caso como si fuese uno de la zona roja. Hubo evidencias que se arruinaron. Un homicidio serial no se trabaja como cualquier otro. Hubo evidencias guardadas en escritorios. Cometimos errores”, manifestó.

Parte de las pruebas dentales en las primeras investigaciones, en los que aparece el mordisco a una de las víctimas.
Parte de las pruebas dentales en las primeras investigaciones, en los que aparece el mordisco a una de las víctimas.

Prescrito

Justo en noviembre del 2013 el caso del crimen de Alajuelita asomó de nuevo en la palestra pública cuando el fiscal general, Jorge Chavarría, decidió analizar nuevamente el expediente del Psicópata con el fin de determinar si, desde una perspectiva de femicidio, se encontraban nuevos elementos para identificar al culpable de los 19 crímenes.

En su momento, Sánchez aseguró que esa decisión lo tomó por sorpresa y, a su juicio, “es perder el tiempo”.

“Él (el fiscal general) sabe perfectamente que todo está prescrito. Esto es como sacar un muerto de la tumba para maquillarlo y ponerle ropa nueva”, expresó.

En 1990, Sánchez era el subjefe de Homicidios, mientras Lázcares era el jefe. “Junto con Víctor Hugo Valverde revisamos ese caso. Por esto, yo hablo con mucha propiedad sobre todos los errores que se cometieron cuando apareció el crimen en Alajuelita”, dijo.

Y es que la tesis con la que el OIJ cerró el caso es la de que el sospechoso más fuerte –y único– , el exguerrillero nicaragüense, fue asesinado en 1998.

Todavía existe conflicto de opiniones respecto a si el caso debería investigarse de nuevo.

“El problema es que el fiscal general no está convencido de la tesis de Gerardo Lázcares, con la que se concluyó que el psicópata había sido muerto y tirado en el Zurquí. Él todavía guarda esperanzas (...) Seguro el fiscal general tiene remordimientos, porque ese crimen (la investigación) fue un desastre. Él promovió que se condenara a Tres Pelos (y a tres más). Después se determinó que esos crímenes fueron del Psicópata”.

“Estábamos totalmente perdidos. Tres Pelos y los demás no tuvieron nada que ver con el crimen de las hijas del Macho Rapso. Eso no fue un error judicial, sino un horror judicial, pero como había tanta presión los llevaron a juicio y los condenaron. Ya, después, los absolvieron”, expresó Sánchez.

Consultado en aquel momento sobre las declaraciones de Sánchez, el fiscal Chavarría respondió: “Sorpren-de mucho el irrespeto a la dignidad y al derecho de acceso a la justicia de las víctimas que se trataría de tutelar, ya que se promueve un circo alrededor de la decisión de analizar si los casos están o no prescritos”.

Por último, Sánchez aseguró que no existen los “crímenes perfectos”, pero sí las “investigaciones imperfectas”.

“Se cometieron errores, pero lo más importante es reconocerlos y usarlos para superarse y salir del bache. Todos los policías judiciales soñaban con resolver ese caso, el cual lo investigaron los mejores del OIJ, pero no sirve construir una casa, cuando la base está mala. Las lecciones que nos dio este homicida ya dieron sus frutos. Hace rato que el OIJ está en capacidad de atender estos casos adecuadamente”, concluyó Sánchez.

‘Decir que ahora se resolvería es peligroso’

El cofundador y exsubdirector del OIJ, Gerardo Lázcares, evaluó las posibilidades de retomar el caso en la actualidad.

"Sigo manteniendo la tesis de que ese caso sigue siendo un asesinato de gran complejidad de resolución, ya que es el verdadero juego del gato y el ratón. Desgraciadamente, en estos casos el ratón es sumamente cuidadoso y astuto e incluso conoce los procedimientos con los que el gato tratará de atraparlo, y de ahí el grado de dificultad máximo con que reta a su atacante".

El experimentado investigador puso como ejemplo el famoso caso del Unabomber (psicópata estadounidense). “Si no es por la relación que hizo el hermano de este (con la consecuente captura) probablemente todavía se estaría investigando. Es decir, estos son casos de clase triple A en materia de investigación criminalística.

"Asimismo, si revisamos las estadísticas de los homicidios ocurridos en los últimos tres o cuatro años veremos que se resuelve tal vez un 70% y se quedan sin resolver casos que en principio parecían fáciles y que a la postre no fue así, y esto no es porque la policía no dé la talla, es simplemente porque la investigación criminal lleva implícito ese rasgo. Entonces, decir que ahora la policía sí podría resolverlo es una aseveración peligrosa, pues justificar la eficacia en tecnología es falso.

"La tecnología y la ciencia, es decir la criminalística, ayudan mucho pero se necesitan otras fuentes que a veces resultan más contundentes que las anteriores como son los informantes y, sobre todo, la preparación policial del agente de investigación, quien en resumen es la persona que luego de una gran deliberación de ideas arribará a las hipótesis que, sometidas al respectivo análisis, harán un conclusión positiva o negativa", dijo Lázcares.