Asfixias, heridas por puñal y golpes en abdomen y cabeza también restan vidas

Por: David Delgado C. 23 agosto, 2014
El OIJ estima que algunos de los menores asesinados entre el 2009 y el 2013 pudieron ser víctima de la casualidad, por encontrarse cerca de un lugar donde ocurrió un hecho violento. | MARCELA BERTOZZI
El OIJ estima que algunos de los menores asesinados entre el 2009 y el 2013 pudieron ser víctima de la casualidad, por encontrarse cerca de un lugar donde ocurrió un hecho violento. | MARCELA BERTOZZI

Katherine Anielca Chavarría, de tres años, murió desangrada en un potrero en Grecia, luego de ser violada en diciembre del 2009.

Diez meses después, una bala le atravesó la cabeza a una escolar, de 12 años, que venía saliendo de la fiesta de la alegría en barrio Limoncito, Limón, durante un enfrentamiento entre pandillas.

En agosto del 2012, cuatro balinazos de una escopeta mataron a Axel Bravo, de nueve años, cuanrdo un vecino molesto porque otro hombre lo insultó, comenzó a disparar al aire en Fray Casiano de Puntarenas.

Ellos son parte de los 15 niños, de entre 0 y 12 años, que son asesinados en promedio cada año, según un análisis que hizo La Nación sobre las autopsias realizadas por la Morgue Judicial del 2009 al 2013.

Durante ese lapso, se reportaron los homicidios de 2.094 personas. De ellos, 74 casos (3,5%) corresponden a niños.

En el 2009, se registraron 10 pequeños asesinados: 25 en el 2010, 20 en el 2011, 13 en el 2012, y en el 2013, seis casos.

No obstante, estas cifras podrían elevarse, pues aún están pendientes los resultados de las autopsias de 93 cuerpos que entraron durante ese periodo a la Morgue Judicial.

En cuanto a la causa de muerte de estos menores, la principal fueron las heridas provocadas por armas de fuego (21,7%), seguida por traumas en cerebro, tórax o abdomen (17,6%), y asfixias por sofocación o estrangulación (16,2%).

Luego, aparecen las heridas punzocortantes (13,5%); abortos provocados (8,1%) y el resto por causas como carbonización, intoxicación o desnutrición.

Francisco Segura, director del Organismo de Investigación Judicial (OIJ), se mostró sorprendido por la cifra de crímenes.

“Por supuesto que alarma. ¿Cómo vamos a permitir que los niños vayan a morir y enfrenten una sociedad tan violenta a tan corta edad?”, expresó.

Al respecto, Ana Teresa León, presidenta del Patronato Nacional de la Infancia (PANI), sostuvo que no es común que una persona mate a un menor directamente.

León señaló que los pequeños se ven expuestos, por ejemplo, cuando pasa un carro disparando o están con sus padres mientras ocurre una situación violenta.

Por otro lado, manifestó que los casos de niños estrangulados o que murieron por traumas provocados en su cuerpo, responden a maltratos intencionales.

“En el PANI estamos trabajando casos de negligencia u omisiones, pero ya cuando son homicidios, esto corresponde a la Policía y nosotros intervenimos solamente si hay otros menores en riesgo”, sostuvo la jerarca.

Vulnerables. Según los datos forenses, los niños que están más expuestos a un homicidio tienen cuatro años o menos, pues el 80% de las víctimas fallecidas, del 2009 al 2013, tenía esas edades.

Del total de infanticidios, el 34% perdió la vida mientras recibía atención en el centro médico (25), el 27% fue ultimado en una vivienda (20), 12% en la vía pública (nueve) y el resto en potreros, lotes baldíos, ambulancias, ríos, búnkers, basureros, bares y hoteles.

Segura, del OIJ, sostuvo que algunos de esos crímenes se produjeron por ocasión, es decir, porque los menores se encontraban en el lugar y momento inadecuados.

El jefe policial añadió que hubo víctimas de violencia intrafamiliar, quienes murieron lesionadas por golpes en cabeza, tórax y abdomen. En cinco casos, hubo evidencia de que sufrieron el síndrome del niño agredido (SNA).

Olga Arguedas, subdirectora del Hospital Nacional de Niños, dijo que el SNA incluye abuso físico, sexual y emocional, negligencia, abandono y abuso de sustancias adictivas que afectan al feto.

Consultada sobre los cinco casos dictaminados con SNA en el periodo estudiado, Arguedas consideró que los casos son mayores.

“La creencia común es que solo el abuso físico es SNA y quizás es lo que reflejen esas cifras. La subestimación se da porque muchas formas de abuso no tienen evidencias fisiopatológicas en el ámbito de las autopsias”, aseveró.

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