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Reo al que le revocaron beneficio: ‘Desaproveché la oportunidad por tener la mente tan débil’

Actualizado el 11 de abril de 2016 a las 12:00 am

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Reo al que le revocaron beneficio: ‘Desaproveché la oportunidad por tener la mente tan débil’

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José Sequeira estuvo libre durante 45 días. | JOHN DURÁN

José Sequeira Sánchez reconoce que su “estilo” para robar es aprovechándose del descuido, y fue por ello que cuando necesitó dinero para comprar crack , le “decomisó” el celular a un amigo suyo.

“Le pregunté a un muchacho con el que había consumido droga antes que si me daba el teléfono y él me lo dio. Después, le dije: ‘La verdad, está decomisado, si quiere me mata; yo voy jalando’. Ni siquiera lo traté mal para pedirle el teléfono; fue algo plenamente psicológico”.

Por ese hecho, el 8 de mayo del 2015 fue condenado a cinco años por robo agravado. “Mi amigo y su mamá dijeron que yo los había amenazado con una pistola y los jueces creyeron. Eso no es cierto; lo que hice fue abusarme de la confianza”.

Desde ese día hasta el 5 de octubre, estuvo preso en la cárcel La Leticia, en Pococí, Limón, tiempo en que se mantuvo alejado de las drogas. Él fue uno de los muchos reos reubicados a Centros de Atención Semiinstitucional (CASI) para bajar el hacinamiento. Empero, 45 días después de ser liberado, recayó: volvió a robar, esta vez en un supermercado, y la Policía lo detuvo. El beneficio carcelario llegó a su fin.

“No digo que me den cadena perpetua por haber fallado, pero entiendo que desaproveché una gran oportunidad por tener la mente tan débil. Espero en algún momento salir de aquí”, dijo.

Golpe emocional. Cuando lo sentenciaron, él se comenzó a hacer la idea de pasar los próximos cinco años encerrado, pero un día, le indicaron que podía cumplir su pena fuera de la prisión.

“Me llaman del Área Técnica para ver si tengo requisitos porque van a reubicar reos. Me toman en cuenta y me preguntan si puedo conseguir domicilio fijo y un trabajo; me dan 15 días para buscar lo solicitado”, recordó.

Sequeira consiguió empleo como operador de radio en una central de taxis, que es propiedad de su familia, y su mamá le aseguró que lo recibiría en su casa, en Ticabán de Pococí, Limón.

“Entregué los documentos y no esperé que fuera tan pronto. Me dan el visto bueno y me sorprendí. Dije: ‘Era una sentencia de cinco años, pero a los cuatro meses me dan un beneficio. ¡Qué tuanis!’. Estaba vuelto loco de la felicidad”.

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Debía dormir una vez cada 15 días en el CASI. El recluso recordó que tenía la mentalidad de hacer las cosas bien, pero, añadió, la infidelidad de su pareja lo hizo “tocar fondo de nuevo”. A los 22 días de estar libre, se percató de que su pareja (con quien tenía una relación de año y medio) lo engañaba. Recayó en las drogas.

“Yo consumo marihuana desde los 12 años, y crack , desde los 20. El problema mío es el crack . No me hace falta consumirlos, pero cuando me veo en un problema, busco las drogas”, afirmó.

Contó que cuando se drogaba, lo único que pensaba era en robar dinero para irse lejos de su pueblo. “No me importaba el centro (semiinstitucional) ni nada. Yo lo que quería era irme a Guanacaste; dejar todo botado”.

La tentación. En medio de ese deseo por huir, un amigo le propuso robar ¢7 millones en un supermercado de Pococí, según relató.

“Lo que pensé es que con esa plata, me alcanzaba para irme a Guanacaste. Podía acomodarme y buscar trabajo allá, lejos de aquí. Después veía cómo me justificaba con el centro”.

Planearon el robo durante tres semanas y “todo estaba para que saliera bien”. Sin embargo, cuando Sequeira ingresó al local en la madrugada, un vecino lo observó y alertó al propietario.

“Ya estaba afuera; en un bultillo llevaba la plata. ¡Había coronado! Pero me encontré con el dueño y él me encañonó con un revólver. Me dijo: ‘Si se mueve, lo mato’. Ahí me di cuenta de la estúpidez que había hecho”.

El caso fue tramitado en los Tribunales de Flagrancia. Lo condenaron a cinco meses más de prisión por robo simple.

“La gente podría pensar que robé porque me soltaron rápido. Pero las cosas no son así; para uno sentir el ácido de estar preso, solo basta con estar un día adentro. Lo mío no fue falta de castigo”.

Por ello, aseguró, tiene un sentimiento de culpa que no lo deja ni dormir. “Ya había coronado, ya estaba afuera, ya estaba bien. ¿Por qué no me sostuve? ¿Por qué tuve la mente tan débil? Eso me atormenta, pero ya no hay nada que hacer”.

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Sequeira dijo que, por el momento, se dedicará a sacar el sétimo año de colegio y a trabajar. “Si me ocupo, quizás se me pase más rápido el tiempo aquí. Es una lástima venir a hacer en una cárcel lo que tuve que haber hecho estando afuera”.

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Katherine Chaves R.

katherine.chaves@nacion.com

Periodista de Sucesos

Periodista en la sección de Sucesos y Judiciales. Bachiller en Periodismo en la Universidad San Judas Tadeo.

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