Por: Katherine Chaves R. 7 febrero, 2016
Flores de todo tipo adornaban el altar que Lidieth Vargas le hizo a su hija, Yoseth Chanto, en su casa en Pérez Zeledón. | MARIO CORDERO
Flores de todo tipo adornaban el altar que Lidieth Vargas le hizo a su hija, Yoseth Chanto, en su casa en Pérez Zeledón. | MARIO CORDERO

Yoseth Chanto Vargas, de 40 años, era maestra de Francés en un colegio de Pérez Zeledón, pero cuando tenía tiempo libre, buscaba la manera de ayudar a las personas que viven en la calle. Algunas veces les daba comida; en otras ocasiones, les regalaba ropa a los indigentes de la zona, según recordó su mamá, Lidieth Vargas.

Yoseth Chanto se dedicó a la enseñanza del francés. | MARIO CORDERO
Yoseth Chanto se dedicó a la enseñanza del francés. | MARIO CORDERO

Chanto fue una de las víctimas mortales del naufragio ocurrido en Nicaragua a finales de enero.

“Mi hija era una persona con muchas virtudes. Como todas las personas, tenía sus defectos, pero sus virtudes siempre sobresalían”, aseguró Vargas.

Vargas detalló que su hija siempre “jalaba comida de todo tipo por si se encontraba a alguien que la necesitara”.

Chanto no solo ayudaba a los indigentes. Ella también les tendía una mano a las personas que trabajaban en el campo.

“En fechas como Navidad, Año Nuevo, Semana Santa o el Día del Padre o la Madre, ella les llevaba un diario. Mi hija siempre tenía las manos abiertas para esas personas que vivían una situación precaria”, comentó.

¿Quién era? La carrera que estudió Yoseth fue Turismo y la ejerció desde los 20 hasta los 30 años. En ese tiempo, ella trabajó en varios hoteles, lo que le permitió no solo conocer, sino vivir en diferentes zonas del país.

Desde hace unos años, la mujer decidió dedicarse a la enseñanza del francés y, como le salió una oportunidad laboral en Pérez Zeledón, se quedó viviendo en esa zona. “Fue como que llegó un momento en el que quiso establecerse”, señaló.

Eso sí, independientemente de dónde residiera, Yoseth siempre planeaba paseos dentro de Costa Rica para pasar tiempo con su familia, sobre todo con los sobrinos. “Ella no tuvo hijos, ni tenía pareja. Sí tuvo uno que otro novio, pero rápido los terminaba. Por eso, era muy entregada a sus hermanas y sobrinos”, relató.

En múltiples ocasiones, también organizó viajes, principalmente a Panamá y Nicaragua.

“Cuando tenía tiempo libre, analizaba adónde se podía ir. A ella le gustaba mucho viajar, le gustaba aprender de los lugares a los que iba. Se interesaba mucho en las diferentes culturas”, apuntó la mamá.

De hecho, el viaje que hizo a Nicaragua en enero era el segundo que realizaba al país vecino. “Siempre quiso volver y, vea, fue y murió. Es una pena tan grande. No existen palabras con las que pueda describir la falta que me hace mi hija”, lamentó Vargas.