Medicatura Forense le confirmó que solo fue hallada cabeza de la víctima

Por: Katherine Chaves R. 23 julio, 2014

Isabelle Páramo Hernández recibirá este viernes los restos de su hijo, quien murió el 29 de abril al ser atacado por varios cocodrilos tras meterse a bañar ebrio en el río Tárcoles, en Puntarenas.

La víctima fue el nicaragüense Omar de Jesús Jirón Páramo, de 32 años. Él era peón y tenía dos hijos, a los que su pareja le prohibió ver desde hace cinco años .

Según contó la madre, miembros de la Medicatura Forense la llamaron el viernes pasado para decirle que le entregarán la cabeza de Jirón, la cual fue encontrada el 1.° de mayo en Playa Azul, en Tárcoles de Garabito.

“Ellos nos dijeron que los resultados de la prueba de ADN que nos hicieron para ver si realmente era Omar, dieron positivo. En ese momento, sentí tranquilidad, porque sé que ahora podré tenerlo conmigo por lo menos un día más.

”Lo único que encontraron de él fue su cabecita y con eso nos conformamos; quiero tenerla”, expresó Isabelle con un dejo de nostalgia.

Sin embargo, la madre, de 58 años, tiene una gran preocupación: no dispone de los ¢60.000 que cuesta el nicho donde sepultaría a su hijo.

Isabelle Páramo desea darle sepultura a su hijo, quien fue atacado por varios cocodrilos en abril pasado. Sin embargo, no dispone del dinero suficiente para comprar el nicho donde lo enterraría. Foto: Jonathan Jiménez
Isabelle Páramo desea darle sepultura a su hijo, quien fue atacado por varios cocodrilos en abril pasado. Sin embargo, no dispone del dinero suficiente para comprar el nicho donde lo enterraría. Foto: Jonathan Jiménez

“Queremos enterrarlo en Coronado. Mi hija (Jessenia) habló con gente de la municipalidad de ahí y nos hicieron un precio, pero, aun así, es muy caro para nosotros”.

Si desea ayudar con dinero, puede depositarlo en la cuenta 200-01-208-107080-9, del Banco Nacional o llamar al 8363-6963.

Recuerdos que atormentan. De aquella tragedia ya han pasado casi tres meses, mas para Isabelle todavía es muy poco tiempo. “Todos los días me levanto pensando en el gran regaño que le daría por haberse ido al cielo antes que yo. Siempre que me despierto, siento que lo veo en su cuarto”.

Esos recuerdos se incrementaron hace 15 días, cuando debió regresar a su casa, en Los Cuadros, donde vivió con su hijo. Pasada la muerte de Omar, ella estuvo residiendo con una de sus hijas, en Coronado.

“Yo no quiero vivir aquí, me duele mucho. Tuve que volver porque unos vecinos me dijeron que (ladrones) se querían meter a robar lo poco que tengo. Pero no quiero estar aquí”, repitió.