Sucesos

Familia subsiste con muchas limitaciones en La Suerte de Ticabán, en Pococí, Limón

Niña que perdió piernas en atropello sueña con una casa

Actualizado el 20 de abril de 2014 a las 12:00 am

Vive en cuarto con piso de tierra, cuyo acceso es un trillo y una calle de lastre

Dificultad la obligó a trasladarse donde una prima; extraña a su madre y hermanos

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Niña que perdió piernas en atropello sueña con una casa

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La Suerte (Pococí). “Yo lo que más quiero ahora es una casa (...) porque quiero estar con mami, quiero estar en una casa donde esté con mis hermanos, pero, ¡diay!, tengo que estar allá sin ellos...”

Shirley Torres Garita, una niña de 13 años que el pasado 19 de marzo perdió sus piernas cuando una vagoneta la atropelló en La Suerte de Pococí, enfrenta ahora otra dificultad: no puede estar en su casa, pues no le ofrece las condiciones mínimas para movilizarse.

Ella vive de manera temporal en la casa de una prima mientras su madre, Yesenia Garita Céspedes, encuentra una solución y logra que bajo un mismo techo convivan sus siete hijos, solo uno de ellos mayor de edad.

Recuento. Esta familia que vive en La Suerte, habita en un cuarto con piso de tierra, de cuatro metros cuadrados, cuyo techo de zinc no tiene cielo raso y es sostenido por troncos carcomidos por el comején. Las paredes son tablas viejas y entre ellas hay enormes hendijas. No hay ventanas, por lo que el calor se vuelve insoportable. Antes dormían en un camastro sin colchón, pero ya les regalaron colchones y dos camas. Para cocinar y bañarse, comparten lo que tiene Dinorah Céspedes Vega, de 63 años, abuela de Shirley y madre de Yesenia, cuya casa está a la par.

Se trata de otro cuarto un poco más grande, también de madera y piso de tierra, donde, además, conviven otras 19 personas, 15 menores, incluida una niña de 5 años con discapacidad. “Somos una sola familia. Aquí lo que hay es para todos”, dijo Dinorah Céspedes.

No hay televisor ni refrigeradora; solo una cocina de gas que usan cuando tienen gas; en caso contrario, cocinan con leña en un fogón que tienen en el patio. El baño está en el patio a unos 8 metros y aún más alejado se halla el sanitario.

Yesenia Garita Céspedes tiene que llevar en brazos a su hija Shirley cuando la traslada a la casa,  pues allí es imposible  ingresar con una silla.  | ALBERT MARÍN
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Yesenia Garita Céspedes tiene que llevar en brazos a su hija Shirley cuando la traslada a la casa, pues allí es imposible ingresar con una silla. | ALBERT MARÍN

Estrechez. Yesenia Garita Céspedes, de 37 años y quien se gana la vida trabajando en el campo, dijo que con las condiciones de su vivienda y por recomendación médica, se determinó que Shirley no podía estar ahí. “Ella está donde un familiar, pero anoche (el lunes anterior) me dijo que me quedara a dormir con ella, pero es que en esa casa no podemos estar todos, ni yo me puedo quedarme allá y dejar a mis otros niños. Ella siempre ha sido muy pegada conmigo”, contó.

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Durante el día, a Shirley la llevan a donde están sus hermanos y primos. Son solo 700 metros, pero el traslado debe hacerse en carro (tienen que pagar un taxi o que algún vecino esté disponible y les regale el transporte) porque deben transitar por una calle de lastre.

“A ella le dieron una silla de ruedas, pero sinceramente solo es para que esté sentada. No la podemos usar”, dijo Yesenia Garita.

Precisamente, la madre de esta niña, la alza en brazos para llevarla por un trillo desde la calle hasta la casa. Son seis metros, mas cuando Yesenia deja a Shirley, en una silla o en una cama, dice: “ Es duro, pero es que mi chiquita ya pesa”.

Anhelos. Pese a esas limitaciones, Shirley Garita mantiene su sonrisa y muchos anhelos.

“Lo he tomado bien, como si nada hubiera pasado. Un día en el hospital estaba llorando y me llamó una amiga, Erika, a quien le pasó lo mismo que a mí y comenzó a hablar y hablar, y ya me quedé más tranquila. Me dio fuerza al decirme lo que ella pasó; era lo mismo que yo estaba pasando.

”Fue cuando pensé: si Dios me dejó vivir, fue por algo y tiene un propósito; es que quiere que yo sea teacher porque mi sueño es ser maestra de inglés.

”A mí me gustaba molestar a los güilas, jugar con ellos y reír. Estoy en sexto de la escuela y no quiero perder el año. Yo quiero ir a la escuela, pero sobre todo quiero estar con mi mamá...”, dijo Shirley Garita, quien agregó que tras el hecho se acercó afectivamente a su padre y se reconcilió con su hermano porque ella abriga un pensamiento que es su guía: ahora debe recuperar el tiempo perdido.

Cualquier colaboración con la familia se puede contactar con Yesenia Garita al 8577-2636

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Carlos Arguedas C.

carguedasc@nacion.com

Periodista de Sucesos

Periodista en la sección de Sucesos. Trabaja en La Nación desde el 2000 siempre en la cobertura de asuntos de Sucesos y Jurídicos.

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