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Conductor que cayó a guindo en puente de 'la platina': 'Mi vida ha tenido un cambio total'

Actualizado el 24 de septiembre de 2017 a las 10:02 pm

Regresó a su casa el 4 de setiembre, tras más de dos meses hospitalizado luchando contra la muerte

Ingreso familiar bajó casi a la mitad mientras gastos aumentan por cuidados que ahora requiere

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Conductor que cayó a guindo en puente de 'la platina': 'Mi vida ha tenido un cambio total'

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Isamar Molina y José Argüello están juntos desde que se conocieron, en octavo año del Liceo de Heredia. Aunque conviven en unión libre desde hace siete años, se casaron hace dos. Isamar es la principal cuidadora de José. Su jornada diaria se inicia a las 5 a. m., con el baño, que se prolonga casi dos horas debido a las curaciones que debe realizarle. (Melissa Fernández)

El José de la foto no es el mismo José que está en cama, sin poder mover el cuerpo del cuello hacia abajo.

El de la foto está de pie, sonriendo junto a varios compañeros, en una cancha de fútbol cinco. La fotografía se tomó cuatro años antes de caer a un guindo con su carro, en el puente de 'la platina'.

La imagen del carro destruido en las márgenes del río Virilla y el operativo de rescate de bomberos y cruzrojistas la transmitieron en vivo todos los noticieros en su horario estelar de las 7 de la noche, el miércoles 21 de junio.

La transmisión se hizo minutos después de que el Hyundai 93 de José cayera 35 metros al vacío  poco antes de cruzar el puente. El carro dio varias vueltas en el aire, y el joven quedó atrapado entre los hierros retorcidos.

"Ese muchacho se mató", fue lo primero que pensó Isamar Molina Sirias, esposa de José, cuando vio la imagen.

Jamás se imaginó que el conductor por quien luchaban tanto los rescatistas era el muchacho de quien jamás se separó desde que lo conoció, en octavo del Liceo de Heredia. 

José Gerardo Argüello Villegas. A él le gusta que lo llamen José. Hoy ya no es el mismo joven que quedó impreso en la fotografía.

¿Cómo ocurrió el accidente? (Diseño LN)

LEA: Conductor sobrevive a caída de unos 35 metros en puente 'de la platina'

Más de tres meses después de esa caída al vacío, el nuevo José mira la foto desde una cama en donde apenas puede mover la cabeza.

Un cuello ortopédico le dificulta los movimientos.

El 3 de julio, cirujanos del Hospital del Trauma intentaron corregir la lesión más grave que sufrió tras el siniestro: daños en varias cervicales.

La inflamación tardará en ceder, al menos, seis meses.

Será hasta enero cuando los médicos podrían hacer un recuento de los daños y cuando le darían una respuesta más realista a la pregunta que le da vueltas en la cabeza: ¿volveré a caminar?

Apasionado del futbol, José es herediano de corazón y de nacimiento. Esta es una de las fotos que colocaron en el cuarto donde tiene la cama. Le recuerda una época no tan lejana cuando disfrutaba de jugar futbol bajo techo con sus amigos. Él es el tercero de izquierda a derecha. (Melissa Fernández)

Otro nacimiento

Es miércoles. Un día antes, el 19 de setiembre, José cumplió 28 años.

En la humilde casa que alquila en los alrededores de la Universidad Nacional, en Heredia, todavía quedan algunos globos y papeles de colores de la fiesta que le organizaron su familia y amigos.

"Arrocito con pollo, ensalada rusa y, por supuesto, pastel". Ese fue el menú, contó su suegra, Aracelly Sirias. 

"Como bien. Nada me cae mal", responde lentamente José cuando se le pregunta cómo reacciona su estómago a los alimentos.

Inmediatamente, Isamar interviene y dice que la familia tiene suficientes razones para celebrar.

LEA: Conductor que cayó al vacío en 'puente de la platina' lleva dos meses de lucha en el hospital

"Pasamos de contar las horas porque nos decían que podía morir, a contar los días. Los primeros nueve estuvo en el Hospital México, sedado en la Unidad de Cuidado Intensivo porque estaba tan grave que no podían pasarlo al hospital del INS (Instituto Nacional de Seguros).

"Alguien ahí me dijo que si llegaba a sobrevivir, quedaría paralizado del cuello hacia abajo y solo movería los ojos. Pero ya habla y puede mover su mano derecha", comenta Isamar y le pide a José que haga una demostración: "Levantá la mano".

Lo hizo muy, muy despacio, de arriba hacia abajo antes de dejarla reposar, como dormida, sobre su cadera. 

José Gerardo Argüello Villegas cumplió 28 años el 19 de setiembre. Para él, este aniversario es como volver a nacer tras caer al vacío con su carro en un guindo de 35 metros, en el puente de 'la platina', el 21 de junio anterior. Con él, su esposa Isamar Molina Sirias, su hijo Josué, y su suegra Aracelly Sirias (al fondo). (Melissa Fernández)

Su suegra, nicaragüense de nacimiento, se ha convertido en el principal apoyo para Isamar junto a Ana Cecilia Villegas, mamá de José.

Aracelly cuida a Josué, el hijo de siete años que ambos tienen. Su abuela lo lleva a la escuela, le ayuda con las  tareas y hasta lo duerme mientras Isamar se dedica a curaciones o a cambiar de posición a José varias veces al día para que no se le hagan más úlceras de las que tiene por pasar tanto tiempo en cama.

José Argüello necesita una silla especial que cuesta alrededor de ¢1,5 millones. Si usted desea colaborar, puede comunicarse con la familia al 7011-9606

Antes del siniestro, su esposo disfrutaba de estar en casa con la familia.

Ese era y sigue siendo su mayor placer. Algo que le dibuja una sonrisa de solo recordar cuando le dieron la salida del hospital y lo trasladaron en ambulancia a su casa, la tarde del 4 de setiembre.

"Estar en la casa fue lo más esperado para mí cuando estaba internado. Lo esperaba todos los días. Aquí es otra cosa", dijo.

El Hyundai modelo 1993 que había comprado tan solo dos años atrás, le sirvió para llevarlos a pasear a las playas de Jacó y Puntarenas, y hasta para trasladar a su suegra a Los Chiles, en la frontera norte.

Fue su primer carro.

Lo que quedó de él después de que el INS lo declaró en pérdida total tras la caída, está en el garage de una de sus hermanas, esperando a que se resuelvan algunos trámites para venderlo como chatarra.

Con la póliza del INS José tiene acceso a medicinas para tratar las úlceras que padece por estar tanto tiempo acostado, así como las férulas para piernas y manos. Él se está recuperando de una operación de cervicales porque quedó sin movimiento del cuello hacia abajo. Solo mueve levemente su mano derecha. (Melissa Fernández)

Solo cinco minutos para verlo

La última llamada que José le hizo a Isamar el miércoles 21 de junio fue a las 5:30 p. m..

La realizó desde su trabajo, en una empresa dedicada al negocio de la impresión donde lleva seis años en diversas funciones.

"Me dijo que tenía mucho trabajo en la bodega y que estaría ocupado. Para mí eso era muy normal porque, por lo menos una vez al mes, se quedaba trabajando hasta tarde.

"Lo volví a llamar a las 8 p. m. y no me contestó. Yo había visto las noticias del accidente pero como decían que era un hombre de 30 años, jamás pensé que podía ser él", recuerda Isamar.

No fue sino hasta las 2 de la madrugada que ella logró conciliar el sueño.

No sabía porqué, pero le parecía raro que su esposo no hubiera llegado. "Él era del trabajo a la casa", asegura. Aracelly Sirias asiente con la cabeza, reforzando la afirmación de su hija mientras escucha su relato.

"Al día siguiente, llamé a la oficina y me contestó un amigo. Me envió varias fotos que habían salido en los periódicos y yo reconocí los aros del carro.

"Me fui directo al Hospital México, donde me dijeron que estaba entre la vida y la muerte. Solo nos daban cinco minutos por hora para entrar a verlo a Cuidados Intensivos. Estaba sedado, conectado a un respirador", agrega.

Semanas después, Isamar se enteraría de que el accidente ocurrió mientras José se trasladaba hacia Alajuela, adonde tenía que dejar el encargo de un cliente.

Esa sería la última parada hacia su casa, en Heredia. No llegó a ninguno de los dos lugares. 

La acción de los Bomberos permitió extraer al chofer que estaba inconciente y con golpes severos. Fue trasladado al Hospital México en condición grave. (John Durán)

Pronóstico: 'reservado'

Cuando se le pregunta a José cómo describiría lo que ha vivido en los últimos tres meses,  responde: "Mi vida ha tenido un cambio total".

Cuatro meses antes del evento, Isamar había perdido su trabajo.

Esa fue, tal vez, la motivación para que ambos decidieran animarse a montar un negocio propio.

"Josué está en primero de la escuela y yo quería pasar más tiempo con él. Pensamos en una lavandería e hicimos la inversión para comprar las máquinas", recuerda Isamar.

El rótulo del negocio también sirve de señal para la dirección de su casa: Lavandería Sirias, 200 este y 20 al norte del ICE, en Heredia. 

En la cocina de la casa están las dos máquinas que compraron con un préstamo todavía pendiente de cancelar. 

El sueldo de José Argüello cayó un 40% debido a la incapacidad por el accidente. La familia depende de un negocio de lavandería, que montaron cuatro meses antes del evento. Se llama Lavandería Sirias, en los alrededores de la UNA, en Heredia, donde también viven. Están intentando salir a flote con el negocio, pero ha sido difícil. En la foto, Isamar Molina (izq.), esposa de José, y la suegra de este, Aracelly Sirias. (Melissa Fernández)

La pareja calculaba que los ingresos por lavar, planchar o teñir prendas, sumado al salario de José, permitirían un desahogo económico. Hasta que el Hyundai 93 se precipitó en el guindo y la vida cambió para todos radicalmente.

De las múltiples lesiones que sufrió José, la más grave es la de las cervicales. "El pronóstico era reservado", recuerda su esposa.

"Parecía un robot de tanto aparato que tenía conectado. Había un ventilador y muchas mangueras por donde le pasaban antibióticos y medicamentos para que se desinflamara.

"Fue hasta el 29 de junio que lograron trasladarlo al Hospital del Trauma. Aunque los hospitales quedan cerca, era mucho el riesgo de pasarlo y se le complicara la fractura en el cuello", explicó Molina.

El apoyo de la empresa donde labora, ha permitido que José cuente con una póliza que hoy le cubre todos los gastos médicos por la atención que recibe en el INS.

Periódicamente, un equipo de enfermería lo visita en su casa para confirmar que Isamar está haciendo bien lo que le enseñaron antes de dar salida a su marido.

Los cuidados incluyen la curación de las úlceras, los cambios de posición del cuerpo para que no le aparezcan otras heridas por presión, los ejercicios para manos y pies y la administración de los cinco medicamentos que debe tomar diariamente.

Aracelly Sirias es suegra de José Argüello. Ella ayuda a su hija en la atención de la lavandería que montaron para generar ingresos y en cuidar al hijo de la pareja, Josué, de siete años, ahora que Isamar debe estar más pendiente de atender a su esposo. La casa en la que vive la familia es alquilada. Además de ellos, ahí viven otras cinco personas. (Melissa Fernández)

Lucha se complica por estrechez económica

El salario bajó casi a la mitad debido a la incapacidad, mientras el negocio que pensaron hacer prosperar antes de que sucediera el accidente no crece a la velocidad que ellos necesitan para dar abasto con todas las necesidades.

Principalmente, las de José.

Hay cambios que hicieron a la casa para poder movilizarlo un poco más y sacarlo del cuarto en donde duerme con su esposa e hijo. Por ejemplo, hicieron una rampa para la hora del baño, que no lo hacen en la cama sino con ayuda de una silla que les dieron y que les permite trasladarlo a la ducha.

Pero está la otra, la silla especial, que requieren para darle mayor movilidad durante el día, evitar que pase mucho tiempo acostado y prevenirle así la aparición de úlceras. Esa es la mayor preocupación y urgencia.

Hasta ahora están pensando en esto, porque antes no hubo tiempo para más. Solo para rezos y largas jornadas en los hospitales, de 5:30 a. m. hasta las 4 p. m.: el tiempo que permanecía junto a él Isamar.

El 19 de setiembre, José Argüello cumplió 28 años. Su familia le preparó una fiesta con arroz con pollo, ensalada rusa y, por supuesto, un gran queque de cumpleaños. Para esta humilde familia herediana, hay muchos motivos para celebrar el milagro de tenerlo en casa después de una intensa lucha contra la muerte. (Melissa Fernández)

Ya con José en casa, piensan en todo eso y no descartan presentar una demanda contra el Estado por lo que sucedió.

Aseguran que si el puente hubiera tenido una barrera especial el carro no habría caído al guindo y, quizá, la historia de José hubiera dado continuación al sueño que iniciaron cuatro meses antes del accidente.

La familia también está empezando a hacer las primeras averiguaciones de los reportes de tránsito sobre lo que sucedió aquella noche del 21 de junio porque no hay mucha claridad. "Como no hubo más víctimas...", dice  Isamar, dejando que su interlocutor complete esos puntos suspensivos.

Todo, prácticamente todo, está empezando casi de cero para ellos. Incluidos estos trámites y averiguaciones.

Como bien lo resumió José, su vida ha tenido un cambio total: desde la foto que congeló a aquel joven tras un balón de futbol, hasta el momento actual, donde la esperanza de volver a caminar sigue en pie contra todo pronóstico.

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Ángela Ávalos R.

aavalos@nacion.com

Periodista

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud. 

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