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Carlos Howden Pascall: ‘Quería terminar en este mismo balcón’

Actualizado el 21 de febrero de 2013 a las 12:00 am

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Carlos Howden Pascall: ‘Quería terminar en este mismo balcón’

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Carlos Howden Pascall no almorzó ayer. De hecho, desayunó un emparedado de jamón con queso y no comió nada hasta la noche.

Ese es uno de los problemas que enfrenta un empresario cuando aplaza todas sus citas durante 18 meses.

No obstante, Pascall nunca ha comido mucho y durante el tiempo que estuvo en la prisión de San Sebastián, San José, lo hizo menos. Tal vez un poco por eso, y otro porque la cárcel es la cárcel, ahora la ropa se le desliza por el cuerpo, pero su espíritu no ha menguado.

“Yo no quiero que nadie piense que Carlos Pascall está libre por dinero; estoy libre porque soy inocente”, expresó el limonense.

Ayer en la mañana, el presidente del Limón F. C. retomó su vida diaria en las oficinas del equipo, donde continuó el desfile de personas que quedó inconcluso la noche anterior.

Amigos, familiares y colaboradores del recién liberado llegaron a abrazarlo o simplemente a decirle God bless you (Dios te bendiga, en español).

De las oficinas del club, Pascall salió a revisar sus negocios, visitó a su abogado para felicitarlo y habló sobre los detalles de la sentencia. En la tarde, llegó al Estadio Juan Gobán a ver el entrenamiento del Limón F. C., donde habló media hora con los jugadores.

En medio de un día tan ajetreado, Pascall aprovechó para criticar el proceso en su contra. “Yo creo que Costa Rica se bajó los pantalones para complacer a los Estados Unidos, sin saber exactamente cómo era la cosa”, apuntó.

De vuelta a casa. “Déjeme pasar, somos amigos”, exigía una mujer el martes por la noche, en el Juan Gobán, pero el guarda se mantuvo impávido. A sus espaldas, tras la malla metálica, Carlos Pascall pisaba la gramilla del recinto limonense por primera vez en 18 meses.

Una caravana de medio centenar de vehículos escoltó al empresario desde las instalaciones limonenses de Recope hasta el estadio caribeño.

En las afueras esperaba una multitud y los vendedores de pinchos de carne armaron el fogón como si hubiera partido. Parecía que Limón recibía a un medallista olímpico.

La visita de Pascall al estadio duró solamente 15 minutos; luego se retiró exhausto a su casa. Ahí tuvo fuerzas para realizar un último acto, ponerse una camiseta del Limón F. C. y despedirse de sus amigos desde el mismo balcón donde las autoridades lo sorprendieron en el 2011.

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“Fue ahí donde todo comenzó y quería terminar en este mismo balcón. Fue como un cierre”, confesó Pascall.

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