Vencida por la fibrosis quística que la restringió a una vida en el hospital, la muchacha de 14 años a la que el gobierno de Chile negó la eutanasia murió esta semana

Por: Danny Brenes 17 mayo, 2015
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, visitó a Valentina. La chica insistió en tomar un ‘selfie’. | FOTO: AP
La presidenta de Chile, Michelle Bachelet, visitó a Valentina. La chica insistió en tomar un ‘selfie’. | FOTO: AP

Un rostro de piel pálida mira a su teléfono móvil con el que graba un video. En su nariz hay tubos que la conectan a las máquinas de hospital que se asoman detrás de su cama. Su voz es lenta, tenue. Su nombre es Valentina y se quiere morir.

—Soy Valentina Maureria, tengo 14 años —dice, con marcado acento chileno—, sufro de fibrosis quística. Solicito hablar urgentemente con la presidenta, porque estoy cansada de vivir con esta enfermedad. Y ella –continúa la chica— me puede autorizar la inyección para quedarme dormida para siempre.

Valentina subió su petición en video a redes sociales el domingo 22 de febrero de este año, sentada sobre la camilla del hospital de la Universidad Católica de Chile a la que estaba restringida. De inmediato, su ruego generó un alud de reacciones en su país y fronteras afuera. Con celeridad, medios de diversas partes del mundo comenzaron a reproducir el video.

A la fecha, centenares de copias del clip se han subido a YouTube; juntos, los videos suman varios millones de reproducciones. También hubo réplicas: páginas en Facebook, tweets y videos en YouTube generados por miles de personas que enviaron palabras de apoyo a Valentina.

La propia Michelle Bachelet, mandataria del país sudamericano y receptor último del mensaje de Valentina, se manifestó conmovida por las palabras de la chica. Sin embargo, no hubo reacción de parte de su gobierno y el Estado chileno le negó la eutanasia a Valentina Maureira.

Este miércoles 13 de mayo, exactos 80 días después de colgar a Internet su petición de muerte asistida, Valentina Maureira murió, todavía conectada a las máquinas del hospital.

***

El sábado 28 de febrero, Michelle Bachelet se deshizo del protocolo, de su equipo y de la prensa, y –casi como una civil más– se dirigió al centro médico y pidió conversar a solas con Valentina. "Nos pusimos a llorar y estuvo una hora con la Vale y hablaron muchas cosas”, dijo entonces Freddy Maureira, padre de la chica, a medios chilenos.

No quiso la familia de Valentina dar mayores detalles sobre lo que conversaron las dos mujeres: una, la más poderosa del país; la otra, quien lo cautivó y estremeció, quien puso sobre la mesa un tema todavía complicado a nivel mundial: la eutanasia. “La normativa no permite que se acceda a una solicitud de esa naturaleza”, dijo en su momento Álvaro Elizalde, vocero del gobierno chileno.

La enfermedad que padeció Maureira, la fibrosis quística, es un mal hereditario y degenerativo que afecta el hígado, el páncreas y los pulmones; un colapso del sistema respiratorio fue, a fin de cuentas, lo que provocó su fallecimiento. Aunque son posibles los tratamientos que mejoren la calidad de vida de los enfermos, no existe una cura para la fibrosis quística.

De esto estaba consciente la propia Valentina: su hermano, Michael, a quien se refiere en el video que puso en la palestra su caso, murió de esta misma enfermedad años atrás. Además, la chica confesó a BBC que, solo unas semanas antes de publicar su petición, uno de sus mejores amigos y compañero de salas de hospital también falleció. “Él era uno de mis mejores amigos y ver que estaba dando todo al 100% e igual sufría, verlo morir, me impactó".

***

Unas semanas después de reunirse con Bachelet, Valentina habló con el diario El Mercurio , de Chile. Esta vez, sus palabras fueron distintas. “Es una decisión difícil”, dijo. “Hay gente que me ha hecho cambiar la forma de pensar, pero no lo sé, tendría que haceme hartas preguntas. Tengo que seguir dándole vueltas, ver qué es lo que me conviene”.

La gente a la que Maureira hacía referencia era, en específico, una persona: Maribel Oviedo, una joven de 21 años, quien viajó desde su casa, en la provincia argentina de Córdoba, hasta Santiago. Quería hablar con Valentina. Quería contarle su propio caso de fibrosis quística, con la que ha vivido durante años y contra la que sigue luchando. Oviedo ya había recibido un trasplante de pulmón que mejoró su esperanza de vida, pese a que dos años atrás, su hermana melliza, Marisol, murió por causa de la misma enfermedad.

Tras conocer del caso de la chilena, Maribel se puso en contacto con ella a través de Facebook; arreglaron un encuentro que se concretó en marzo. La argentina viajó en compañía de su padre, Ernesto, y ambos le relataron su historia de lucha.

“Son distintos casos, distintos finales, todos relacionados con la misma enfermedad. Igual es una decisión difícil”, reflexionó Valentina luego del encuentro.

Valentina Mauriera falleció este miércoles y fue su padre el encargado de hacer pública la noticia. “Murió tranquila”, dijo a la cadena televisiva CNN. “Ella quería descansar”.

A la chica le sobrevive su legado: cuando conversó con Bachelet, Valentina no se limitó a defender su caso, sino a solicitar a la mandataria hospitales de calidad para los niños que sufren la enfermedad en Chile y casas de contención dentro de esos hospitales.

Si Bachelet cumplirá o no, está por verse. Tal fue su compromiso con la chica que quiso morir.