Hay canciones que me encuentran. Aparecen como ninjas y se me clavan en el corazón.

 3 agosto, 2014
Tinta Fresca
Tinta Fresca

Cuando en High Fidelity , la novela de Nick Horby, le preguntan al personaje Rob Fleming –un melómano y dueño de una tienda de música– si su colección personal de discos está en orden alfabético o cronológico, él contesta: “Autobiográfico”. ¡Qué genio!

Mi vida tiene banda sonora y la de ustedes también. Ya lo deben haber notado.

Hay canciones que me encuentran. Aparecen como ninjas y se me clavan en el corazón. Vienen con la letra perfecta para mi contexto, me hablan, me cantan, me dicen: “esto también le pasó a alguien más, oíla, es con vos, oíla bien”. Y cuando esa canción me encuentra, me calma y se queda conmigo.

Mi lista de videos favoritos en YouTube es la más vieja y descriptiva de mis listas de música. Si alguien se fija de cerca, podría adivinar con cuál canción arranca y con cuál termina cada era, los nombres de los protagonistas o episodios en particular. Hasta podrían imaginarme bailando feliz con mi mejor amiga, despeinada y con el maquillaje corrido; porque algo cierto es que todo lo bueno en la vida despeina, y como ella y yo hemos dicho un chorro de veces: si terminás la fiesta con el peinado y el maquillaje intactos, algo estás haciendo mal.

Hasta hace poco, mis gustos musicales se habían quedado estancados en los ochentas y noventas, porque en la adolescencia es cuando echamos canciones y sentimientos en el mismo saco, todo se siente en absolutos y hasta el amor duele. Encima, no canto un carajo, pero eso no me impide cantar mis canciones ninja a todo pulmón.

Y de eso se trata, de lo mucho más tolerable que es este mundo cuando tiene música que lo acompañe. Es cierto y es un cliché eso de que la música es la clave de la felicidad, porque es bien difícil sentirse mal bailando cinco horas seguidas, porque encontrar la canción perfecta para llorar también es felicidad. La música me ha sanado, me ha desarmado y vuelto a armar.

Canciones sobre bailar hay miles y muy buenas, Mi sombra en la pared del gran Miguel Mateos es mi favorita. Dance Naked de John Mellencamp y Dancing With Myself de Billy Idol son ambas un himno.

Es precisamente porque a mí me ha dado el amanecer bailando, porque he bailado sobre mi cama hasta caer, porque he bailado en la casa sola en ropa interior, porque he cantado muy en serio esa canción que me reconfigura el alma, porque he descubierto cuál música prefiero cuando tengo sexo, porque le he dedicado una canción a alguien que perdí y le he cantado otra a quien todavía tengo, que puedo decir que me siento viva.

Lo escribió Sabina y lo cantó Miguel Ríos, como nadie más lo podía haber escrito y cantado: “Una canción es goma-dos, conectada al corazón”.