“¿Y qué tal si los indecisos tienen razón?”

 26 enero, 2014

Primera cosa: ¿y qué tal si no todos los políticos son corruptos? Trece ciudadanos de este país se han ofrecido para ejercer el cargo de Presidente y sería faltar a la verdad afirmar que no hay entre ellos ni uno solo decente u honesto, comulguemos o no con su ideología. Muchos ostentan, además, una reconocida trayectoria que los avala.

Segunda: ¿y qué tal si son los indecisos quienes tienen razón? ¿Aquellos a los que no les falta ánimo para votar, pero que a diferencia de nuestros padres, que nacieron con el hueso ya marcado por su color político, no se dejan llevar tan ovejunamente por la tradición familiar, sino que, escaldados ya por escándalos, despojos y fracasos, sopesan, dudan, escuchan, analizan?

Echando mano a la nostalgia, podemos recordar las campañas de hace lustros: Costa Rica era una fiesta. Banderas, avenidazos, bullicio, el color de nuestra predilección en techo, atuendo y accesorios, más cercano todo a una devoción futbolística que a una confrontación de ideas. Candidez y alegría.

Estamos de nuevo a punto de elegir nuestro destino. ¿Repudiamos las dictaduras? No actuemos como si hubiera en nuestro país instaurada una: votemos

Pero maduramos, como todo aquello expuesto al desencanto. Y si hoy día nos reservamos con cautela nuestra intención de voto, es porque conocemos la falibilidad de nuestros partidos. Personalmente, prefiero a este elector grave y reflexivo, consciente del peso y responsabilidad de su voto, que al que acude a las urnas arrastrado por el carnaval.

Estamos de nuevo a punto de elegir nuestro destino. ¿Repudiamos las dictaduras? No actuemos como si hubiera en nuestro país instaurada una: votemos. ¿Hay al menos un candidato decente, lo aclamen o no las encuestas? Votemos. ¿Nos duele y defrauda la maquinaria corrupta de los partidos que han accedido al poder? Votemos: hay gente nueva. ¿No nos gusta la composición de la Asamblea? Diseñemos una distinta, en la que quizás no elijamos un picadillo de fracciones en el que algunos partidos minoritarios, que en esencia concuerdan con el de mayoría, estén allí simplemente para entrabar y cobrar por sus votos. Que haya confrontación de ideas, no de penosos intereses personales.

La historia la construyen los pueblos, es decir, usted y yo. Si reprochamos a nuestros líderes no cumplir con su deber, demos el ejemplo cumpliendo con el nuestro. Votemos. Votemos por quien retome la tea de los ideales que configuraron este país, joven y pequeño, ubicado entre dos océanos, al borde del mundo, preservando su esperanza, buscando con el corazón batiente su futuro, al que no podemos defraudar.

La patria nos necesita y nuestras armas son las urnas.