Las sex shops encierran un mundo de fantasía en el que los fetiches son el pan de cada día. Visitar una de estas tiendas en el país es toda una experiencia; trabajar en una de ellas, lo es aun más

Por: Gloriana Corrales 14 febrero, 2016

Sus puertas esconden un mundo desconocido para algunos y demasiado atrevido para otros más.

Tras los letreros con luces de neón, los corazones en las vitrinas y la infaltable sección de lencería y disfraces, se encuentra esa habitación que demuestra que los adultos también juegan… y que también ponen juguetes entre sus listas de regalos.

Eso sí, con el transcurso de los años los juguetes cambian. Hay patitos para la bañera, sí; pero no de los que flotan, sino más bien de los que vibran. Se podría jugar a ponerle la cola al burro, solo que sin el burro y la inocencia propia de aquel inolvidable juego de la infancia.

Si usted alguna vez ha entrado a una sex shop , sabrá perfectamente a qué se refieren los anteriores eufemismos y, si nunca se ha animado, el día de San Valentín podría ser la ocasión propicia para esa “primera vez”.

Traspasar la puerta de una tienda para adultos implica enfrentarse a tabúes al desnudo, a réplicas de partes de cuerpos creadas de la forma más realista posible, a preguntar lo que normalmente no se pregunta a desconocidos y a entender que en asunto de gustos y fetiches, el ingenio es capaz de sorprender hasta a quien crea que ya lo ha visto todo.

Por supuesto, la experiencia no es nada sencilla para los principiantes. “Hay mucha gente que nada más viene y dice: ‘No quiero hablar, nada más voy a ver’”, dice Marcela Rodríguez, vendedora de Costa Rica Sex Shop.

De hecho, el segmento de dildos es el que atrae la mayoría de las miradas. En palabras sencillas, son los reyes de las ventas.

Los hay desde ¢10.000; de diferentes colores; con texturas; con vibración; de plástico, silicón, látex, piel sintética o vidrio; resistentes al agua; dobles; ramificados para estimular el clítoris; de tamaños variados; y hasta algunos tan realistas, que vienen con un polvo que se disuelve en agua para crear un líquido blanquecino que se expulsa a través de una bomba.

Sin embargo, la variedad en una sex shop no se limita a lo meramente tradicional.

—Entiendo para qué sirve el brazo con el puño, pero ¿cómo se usan esos pies que están ahí? —pregunté a Artavia.

—Ah, es que hay gente que se excita o se estimula lamiendo los pies —contestó.

Los muñecos inflables ya están algo pasados de moda –aunque todavía los hay, e incluso hay uno a imagen y semejanza del actor Charlie Sheen–, pues ahora las opciones incluyen masturbadores para caballeros.

Estos dispositivos cilíndricos simulan que simulan uno o los dos orificios femeninos traen efecto de succión y hasta vibraciones para aumentar el placer. Algunos también incorporan vellos sintéticos, para quienes siguen siendo old school .

Si el bolsilllo lo permite, aquellos que no se sienten a gusto con un artefacto tan impersonal podrían optar también por un producto que está en el punto medio entre una muñeca inflable y un masturbador convencional. En una de las tiendas, sobre una mesa reposa lo que sería el torso de una mujer, desde el cuello hasta las caderas. Es quizá, el artículo más grande y más caro que hay: su precio ronda los ¢650.000.

En tiendas como Erótica las películas pornográficas ya son parte del pasado, pero en otras como Costa Rica Sex Shop se puede encontrar una variedad amplísima pese a que hoy se podría hallar prácticamente lo mismo en un celular con tan solo un clic y de manera casi siempre gratuita.

Colgando de las paredes hay también arneses para reemplazar lo que se queda ausente en las relaciones entre mujeres; bombas de succión para agrandar el pene, el clítoris y los pezones; y también juguetes para principiantes o avanzados en las técnicas del derrière.

Artavia, quien se encarga de hacer las compras para Erótica desde hace unos cuatro años, trajo las colas de animales en noviembre del año pasado sin muchas expectativas. Para su sorpresa, desde entonces se han convertido en todo un boom entre hombres y mujeres.

“Las colas son lo que genera más curiosidad. Llegan y preguntan que qué es eso peludo. Uno les dice y le preguntan que si hay gente que compra eso y en algunos casos, hasta se terminan llevando una para probar”, afirma Ezequiel Valle, vendedor de esa tienda en el mall San Pedro

Para Shirley Valverde, administradora de Hot Toys de Guadalupe, colocar los juguetes de estimulación anal no ha sido tarea sencilla.

“Todavía hay ciertas reservas. Lo que pasa es que aquí educamos a la gente, los instamos a experimentar”, afirma.

Eso sí, los plugs y las cuentas anales nunca dejan de atraer las miradas curiosas de los clientes.

Otra de las secciones de la tienda que ha causado reciente furor en todas las sex shops es la del sadomasoquismo, donde el dolor se combina con el placer.

Artavia relaciona el auge de esta tendencia con el filme Cincuenta sombras de Grey , estrenado el año pasado.

“Luego de la película (el festish) se volvió como más abierto a todas las personas. No lo vieron con malicia, sino como algo normal en una relación. Las ventas de esos productos se dispararon en un 80%”, asegura con cierto grado de asombro, pues nunca pensó que Costa Rica tuviera mercado para esos productos.

Ahora no solo es posible encontrar esposas y látigos en las sex shops , sino también mordazas, correas, paletas de cuero, equipo para bondage, pinzas para pezones y hasta máscaras que tapan todo el rostro y tan solo dejan la boca al descubierto.

Juguetes sexuales
1. Simulador de lengua con diferentes velocidades / 2. Plumas para cosquillas / 3. Bolas chinas / 4. Funda para pene / 5. Cuentas o bolas anales / 6. Muñequeras / 7. Mariposa vibradora / 8. Dildo fabricado con vidrio de pyrex que se puede calentar o enfriar / 9. Estimulador discreto / 10. Cola de zorro para uso anal / 11. Conejo que mueve las orejas para estimulación del punto G femenino / 12. Látigo

Las nuevas tecnologías del sexo

En una era en la que los celulares parecieran ser el tercer invitado a una cita, en los que los chats sustituyen la comunicación cara a cara y en los que las apps se convirtieron en los nuevos cupidos, los juguetes sexuales no se podían quedar rezagados en el tiempo.

Los más novedosos estimuladores ya no usan baterías, sino que se cargan mediante USB, son de silicón y tienen una amplia gama de ritmos de vibración. También son bastante más costosos. He ahí la razón por la que se exhiben en vitrinas aparte.

Artavia coincide con la administradora de la tienda Hot Toys de Guadalupe, Shirley Valverde, en que el producto estrella es el We Vibe, un estimulador flexible con forma de “U” que se puede controlar desde el teléfono celular.

Mediante un app descargable, el artefacto puede vibrar al ritmo de la música que esté sonando o incluso, ser controlado desde el otro lado del mundo. “Por eso este es el señor de señores”, afirma Valverde.

Un trabajo nada convencional

El mundo de las sex shops no se limita tan solo a los juguetes que se exhiben en sus anaqueles, sino también a las personas que conviven día a día con ellos y que se las ingenian para nunca soltar una risa o hacer un gesto de asombro ante las ocurrencias de los clientes.

Valle recuerda que una vez entró a la tienda en el Mall San Pedro un hombre de aspecto común, pero que traía en mente un fetiche que no pudo complacer ese día y que dejó pasmado al vendedor.

“Preguntó que si teníamos películas con animales. Acá no se venden películas, entonces ya se le dijo. Luego nos preguntó que si teníamos películas de mujeres vestidas de animales, que si teníamos un muñeco de un animal o en forma de perro”, rememora.

Marcela Rodríguez, quien tenía tan solo una semana de trabajar para Costa Rica Sex Shop al momento de la entrevista, es una muchacha extrovertida y de mente abierta, pero hubo un cliente que sí logró sonrojarla. Para explicarle justo lo que necesitaba, el hombre decidió sacar su celular y mostrarle fotos de su miembro. “Fue algo muy embarazoso”, dice entre risas.

Pero para Artavia no todos los chascos que ocurren a lo interno de una sex shop son tan graciosos.

“(Te dicen:) ‘Mirá, es que vamos a hacer un trío. Te pago esto’. Ha pasado, hasta a mi persona. El cliente piensa: ‘Okay, es un sex shop, ellas son abiertas, trabajan con todo este producto. Puedo hacer lo que quiera o puedo decir lo que sea’”, explica.

Según dice, también hay personas que se tratan de pasar de listas por teléfono y es por eso que desde hace algunos meses se informa a los clientes que las llamadas están siendo grabadas. En Erótica, no solo el personal femenino es víctima de este acoso.

"He aprendido demasiado y me siento muy a gusto. Me ha llamado la atención que las personas más adultas son las que tienen menos tabués sobre la sexualidad. Las mujeres jóvenes que vienen acá son un poco más tímidas, les da miedo preguntar sobre lo que ellas quieren", dijo la vendedora Marcela Rodríguez.

“Hay un muchacho que no sabemos quién es y que siempre llama y me dice a mí que él es un hombre dotado, guapo y que no cobra muy caro. Ya nos sabemos el número de memoria. Llama día de por medio. Siempre llama y siempre a mí”, cuenta Valle.

Aunque dice amar su oficio, Artavia ha tenido que lidiar con las malas caras de las personas cuando se presenta y le preguntan dónde trabaja o, peor aún, con el obstáculo que esto ha representado a la hora de conseguir pareja.

Según dice, los hombres suelen irse a los extremos: o la tildan como “una mala mujer” o creen que con ella podrán conseguir sexo fácil.

“No es que uno vaya a utilizar todo esto. Que uno sepa cómo funciona y que yo me encargue de comprar todo y ver los gustos de todas las personas, no significa que yo voy a utilizar todo esto”, dice. “Yo soy una mujer común y corriente, solo que con ventajas porque conozco mucho del ámbito sexual”.

Valverde, por su parte, nunca se ha sentido estigmatizada por su trabajo y asegura nunca haber recibido una propuesta pasada de la raya dentro de la tienda.

Hace 11 años pasó de ser una agente de call center a empleada de sex shop . Pese a que creyó ese no estaría ahí por mucho tiempo, la posibilidad de ayudar a las parejas a salir de la rutina hizo que este trabajo se tornara muy satisfactorio para ella.

Aún recuerda a la cliente que la hizo cambiar de parecer: “Era una mujer que acababa de tener gemelos y había perdido la sensibilidad.

“Ella vino buscando algo para ayudarle al esposo a perder el deseo y yo le dije: ‘Estás en el lugar equivocado. Aquí vendemos cosas para aumentar el placer’. Comencé a hablarle de lo que podría adquirir para aumentar el placer. Dos o tres más vi a esa muchacha completamente feliz. Ella ya daba su matrimonio por perdido”.