Por: Dario Chinchilla U. 15 marzo, 2015

En la naturaleza, es raro encontrar un animal que viva por un período mucho más largo después de que pierde sus posibilidades de procrear. Junto con otra especie de ballenas y con las humanas, las ballenas orcas son los únicos otros mamíferos conocidos que viven durante largos períodos después de la menopausia.

El científico y divulgador Jared Diamond expresa la hipótesis de que, en el caso de las mujeres, estas experimentan la menopausia no porque han dejado de ser útiles reproductivamente, sino porque hay una mayor ventaja para la especie si esas mujeres ocupan sus esfuerzos para el cuido de sus nietos y no para el de nuevos hijos.

El caso de las orcas trae una nueva luz. En ellas, su supervivencia está más vinculada con su sabiduría y no con el cuidado de los más pequeños en la comunidad.

Según un reciente estudio publicado por la Universidad de York, las orcas que pierden sus capacidades reproductivas son poseedoras de una experiencia muy valiosa en un ambiente donde el alimento suele escasear por periodos irregulares.

Kasatka, una orca que entonces tenía 28 años, dio a luz a una cría de unos 150 kilos en un acuario de San Diego en el 2004. | AP/ARCHIVO
Kasatka, una orca que entonces tenía 28 años, dio a luz a una cría de unos 150 kilos en un acuario de San Diego en el 2004. | AP/ARCHIVO

Las sabias

“Los beneficios de la sabiduría que llega con la edad son muy propensos a ser distribuidos, y recientes investigaciones demuestran que los individuos más viejos (...) pueden mejorar la habilidad de los grupos para navegar, resolver problemas y responder a peligros potenciales”, afirma el estudio publicado en la revista Current Biology .

Las orcas hembras procrean entre las edades de 12 y 40 años, pero pueden sobrevivir hasta los 90. La presencia de estas “ciudadanas de oro” en la manada aumenta las posibilidades de supervivencia de sus propias crías y las de sus nietos.

Cuando hay menos salmones –parte importante de la dieta de estas ballenas– las hembras menopáusicas toman el liderato en las sesiones de caza de la comunidad.

Esta experiencia ha venido a reforzar una hipótesis similar en el caso de la menopausia humana. “Como los humanos no desarrollamos la escritura en la mayor parte de nuestra evolución, necesariamente la información debía estar guardada en las mentes de los individuos”, dice el estudio.

A estas alturas, las respuestas a un enigma evolutivo de nuestro pasado puede estar en el azul profundo.

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