3 mayo, 2015

Don Róger Arce nació en el mismo predio donde hoy vive. Aquí trabajó su abuelo, trabajó su padre y hoy –desde hace 20 años– trabaja él. Todos cumpliendo con una misma misión: distribuir el agua que se almacena en el Tanque 90, un depósito ubicado en las montañas de San Rafael de Heredia –en el barrio de Getsemaní– desde hace 123 años.

Durante tres generaciones –repartidas a lo largo de un centenar de años–, los Arce han sido los señores de las aguas. Primero como empleados de la Junta Administradora del Servicio Eléctrico Municipal de Heredia (Jasemh), hoy para la Empresa de Servicios Públicos de Heredia, los Arce han jugado un papel trascendental en la vida cotidiana del herediano. Eso sí, siempre desde un puesto que pasa más bien desapercibido. Don Róger es algo así como un titiritero escondido en las sombras, en el backstage del día a día de los habitantes de la provincia herediana.

La explicación es más bien sencilla: don Róger abre y cierra las llaves que dotan al cantón central de Heredia de agua potable.

“Mi abuelo encausó las aguas que venían desde las Chorreras, arriba en las montañas”, recuerda el hombre, sentado en un poyo frente a la casa donde en 1995 murió su padre –pero no la misma donde nació él; de esa solo quedan escombros, en ese mismo predio–. Fue su padre quien, antes de morir, se aseguró de que la empresa le otorgara al mayor de sus hijos su puesto como operador del tanque.

Hasta 1979, las aguas del tanque sirvieron para impulsar las turbinas de la planta hidroeléctrica La Joya, la primera fuente de electricidad para la provincia de Heredia, y apenas la cuarta del país. Hoy, la planta –que producía 145 kilovatios capaces de alimentar las primeras piezas del tendido elécitrco de la ciudad– es centenaria: su apertura fue el 17 de abril de 1915.

Aunque la planta es en la actualidad un sitio histórico, con aires de museo y de prehistoria, el tanque sigue en funcionamiento y él administra el agua que los heredianos beben, nacida en lo profundo de las montañas.

Cada día don Róger va y regula presiones, revisa niveles, abre llaves. Como su padre y su abuelo antes que él, el señor de las aguas hace su magia para que usted la pueda beber.

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