Ni la épica extraterrestre de Supermán ni los inicios torturados de Batman superan los orígenes de la amazona: hija del inventor del polígrafo, un científico que soñaba con un ‘matriarcado americano’.

Por: Dario Chinchilla U. 13 abril, 2014
La Mujer Maravilla, cuyo álter ego es Diana Prince, nació en 1941 de la mano de William M. Marston, un psicólogo que por azares terminó como autor de uno de los personajes de cómic más populares y longevos. | THE NEW YORK TIMES PARA LN
La Mujer Maravilla, cuyo álter ego es Diana Prince, nació en 1941 de la mano de William M. Marston, un psicólogo que por azares terminó como autor de uno de los personajes de cómic más populares y longevos. | THE NEW YORK TIMES PARA LN

¿Quién ganaría en una pelea entre Batman y Supermán? No importa; a cualquiera le gana la Mujer Maravilla, la superheroína que luchó contra un villano viejo: el machismo cavernario.

La supermujer nació en la Isla del Paraíso, un parnaso de batones helénicos en el que no se veía varón. Eso cuenta el cómic, que nació de la pluma de un científico inspirado en la fortaleza de su esposa y su novia –con quienes vivía en una relación poliamorosa– para crear un personaje que limpiara de violencia masculina las páginas impresas. Su relato es escandaloso hoy; ahora imagínelo cuando ocurrió, en 1941.

El cine llevará a esta superheroína a la pantalla por primera vez desde 1979, cuando Lynda Carter colgó su corpiño con alas y sus calzones estrellados. ¿Cómo será la nueva Diana? Nunca tan ruda como el dibujo original: el personaje que abogaba ante las masas porque sus congéneres se liberaran, decenios antes de que se masificara el mensaje feminista.

Científico escritor

El estadounidense William Moulton Marston (1893-1947) fue el creador de la Mujer Maravilla, pero llegó a ese puerto luego de forjar una respetada carrera como psicólogo y tras crear su gran invento: el detector de mentiras.

La esposa de Marston, la psicóloga Elizabeth Holloway, le dio la idea de medir los cambios en la presión arterial cuando le comentó que, al emocionarse o enojarse, esta parecía elevarse.

Nos quitamos el sombrero ante los fiebres de los cómics que reconocieron el puente entre el invento de Marston y el Lazo de la Verdad de la Mujer Maravilla: la cuerda que les impedía mentir a quienes fueran rodeados por ella.

Además de un científico, Marston era un feminista autoproclamado, y abogaba por un “matriarcado americano”, según escribió en The New York Times en 1937. El psicólogo pronosticaba que, en un plazo de un siglo, “las mujeres tomarían las riendas del país, política y económicamente”.

También mantenía otra posición a contracorriente: favorecía a los cómics, género denostado por la élite académica. En una entrevista para la revista Family Circle habló sobre el potencial educativo de las historietas, y entonces Max Gaines, el editor de Detective Comics (luego   DC Comics), lo contrató como consultor educativo.

Marston inquirió por qué no existían superheroínas, ante lo cual Gaines le dio vía libre para que –bajo el seudónimo de Charles Moulton – creara un personaje a la medida de sus sueños.

Luchadora

Un viejo episodio de la Mujer Maravilla la muestra aconsejando a otras muchachas a escapar de sus amarras: “Es fácil romper las ataduras si ustedes saben que pueden”.

William M. Marston demostraba en 1936 el uso del detector de mentiras, su gran invento. | FOTO: AP
William M. Marston demostraba en 1936 el uso del detector de mentiras, su gran invento. | FOTO: AP

La teórica feminista Lillian S. Robinson creció con la Mujer Maravilla. Ella –que murió en el 2006– solía decir que, entre el empaque comercial, azucarado y excéntrico del cómic, la heroína proponía cuestiones feministas. “A diferencia de Freud, Marston creía que las mujeres eran moralmente superiores a los hombres”, reconocía.

Las ideas de Marston distan de la equidad y la lucha contra el sexismo de los feminismos modernos. Por el contrario, él proponía una utopía extravagante. Empero, al lado de unas ideas que ahora nos parecen rudimentarias, sus historietas proponían la confianza en el potencial humano de las mujeres.

Esta es la lectura de la poeta estadounidense K. L. Pereira. Según la escritora feminista, los superhéroes masculinos subrayaban la impotencia de los humanos normales mediante sus álter egos, como es el caso de Supermán y el pusilánime Clark Kent. “(A diferencia de ellos) la Mujer Maravilla y Diana (Prince) alentaban a las mujeres que conocían a percatarse de que, aunque sus talentos y su trabajo duro podían ser importantes, eran la actitud positiva y la confianza en una misma las que realmente hacían el trabajo”, escribió Pereira en la revista de contracultura Bitch en el 2006.

Otra inflexión de la Mujer Maravilla ante las historietas de entonces está en la violencia, cuyo exceso era odiado por Marston. Por ello decidió que su heroína provocara menos muertos y heridos, y que los villanos fueran sometidos con amarras.

Pereira dice que el interés de Marston por esta forma de sometimiento venía de sus investigaciones psicológicas sobre comportamientos de sumisión y dominación. Las amazonas de la Isla del Paraíso solían jugar a liberarse luego de ser amarradas.

Marston había estudiado comportamientos similares en las fiestas de iniciación de fraternidades femeninas en las universidades en los años 30, cuyas estudiantes eran sujetas de sus estudios, según narra el libro El polígrafo y la detección de mentiras .

Portada de la primera edición de la revista ‘Ms.’, de 1972.
Portada de la primera edición de la revista ‘Ms.’, de 1972.
La heroína que fue progresista en su origen cayó después en la nadería, y se convirtió en algo parecido a una modelo de calendario de los 50. La amazona quiso ser rescatada para la causa feminista en la portada inaugural de la revista 'Ms.' , de 1972, aunque fue un resurgimiento anecdótico. La supermujer reapareció en la tapa de la publicación en su edición de 40.° aniversario.

Varios artistas, mujeres y hombres, dieron vida a la Mujer Maravilla durante los pocos años en que Marston fue escritor. El psicólogo también contó con la colaboración de sus compañeras: su esposa Elizabeth y Olive Byrne, con quien la pareja mantuvo una relación poliamorosa desde los años 20. La familia tuvo cuatro hijos y, tras la muerte de Marston en 1947, las dos mujeres continuaron viviendo juntas.

Mujer sometida

Tras el deceso de su creador, la Mujer Maravilla abandonó sus ideales, y empezó a interesarse más por el romance y el matrimonio.

Aun así, en 1954, a la heroína se la tildó, con ánimo ofensivo, de “mujer fálica” y de la “contraparte lesbiana de Batman”. Las palabras vinieron del psiquiatra Fredric Wertham en su libro La seducción del inocente , obra que atacaba a toda la industria del cómic.

En 1972, la superheroína reapareció como símbolo reivindicador del poder femenino en la portada del número inaugural de la revista feminista Ms. , y en el 2012 volvió a repetir su aparición para el 40.° aniversario de la publicación. No obstante, a pesar de estos guiños, la Mujer Maravilla nunca volvió a ser vista como un símbolo de la causa.

Lillian S. Robinson, quien fue la mayor defensora del personaje dentro del movimiento, afirmaba que su aporte había sido minusvalorado. La teórica decía que la Mujer Maravilla era la única superheroína feminista, ya que los cómics pasaron de una etapa prefeminista a una posfeminista sin detenerse en el feminismo. Aunque los cómics tienen personajes femeninos, afirmaba, estos no son dibujados en un universo en el que deban luchar contra el machismo.

La Mujer Maravilla será vista en la gran pantalla en la futura película Superman vs. Batman , como actriz de reparto, claro. La intérprete israelí Gal Gadot ya debió defenderse cuando un entrevistador le cuestionó si su busto no era muy pequeño para encarnar a la heroína.

La vieja Mujer Maravilla todavía tiene mucho trabajo por hacer.