Seis asesinatos en solo un mes pusieron a LA COMUNIDAD DESAMPARADEÑA en las noticias de sucesos. Los pobladores, lejos de armarse o atrincherarse, afrontan la violencia con unión comunal y cultura de paz. No quieren ceder espacio al miedo

Por: Alonso Mata Blanco 31 agosto, 2014
Los desamparadeños participaron en una vigilia por la paz el sábado 23 de agosto en el parque del cantón central. | FOTO: FABIÁN HERNÁNDEZ
Los desamparadeños participaron en una vigilia por la paz el sábado 23 de agosto en el parque del cantón central. | FOTO: FABIÁN HERNÁNDEZ

Ando en busca de la casa que iluminan mucho en diciembre. Le pido ayuda a una señora que espera el bus. Ella de inmediato me señala la vivienda que está al otro lado de la plaza, donde unos muchachos juegan bola. Me recibe don Manuel García, un canoso señor de 72 años.

–¿No tuvo problemas para llegar?

–No, me orientaron fácil.

– Es que aquí todo es muy familiar, yo llevo 43 años acá, conozco a todo el mundo, es una comunidad muy unida.

La conversación es interrumpida por unos niños que pasan en patineta; por Macho, el perro de doña Noily, la vecina, y por unas señoras que se dirigen a rezar y, a su paso, le recuerdan a don Manuel que mañana habrá macarrones en el novenario, para que no falte.

Parece una comunidad de antaño, un barrio tranquilo en el que todo transcurre a pasito lento. Ningún recién llegado pensaría que hace menos de dos semanas, a tres cuadras de la casa de don Manuel, fue encontrado, dentro de una bolsa plástica y en plena acera , el cuerpo de un sujeto quemado.

Alberto Vindas es el presidente del Gobierno estudiantil del Liceo de Calle Fallas. Allí se promueve la cultura de paz. | FOTO: FABIÁN HERNÁNDEZ
Alberto Vindas es el presidente del Gobierno estudiantil del Liceo de Calle Fallas. Allí se promueve la cultura de paz. | FOTO: FABIÁN HERNÁNDEZ

Ese es el más reciente de los hechos violentos que en agosto pusieron a la comunidad de Calle Fallas, de Desamparados , en boca de los periodistas suceseros.

Antes de ese caso ya se contabilizaban cinco homicidios en el mes: el 5 de agosto, dos hermanos fueron asesinados a balazos frente al Colegio de Contadores Privados, mientras caminaban en la vía pública; cinco días después murieron en una balacera el cuidacarros y un cliente del bar Toño’s; y el 17 de agosto se halló el cuerpo sin vida de un muchacho de 19 años.

Llegaron las cámaras de televisión, los reporteros preguntones, llegaron policías, muchos policías; llegó el estigma, se construyó una imagen de Calle Fallas como el más violento de los escenarios. Y mientras todo esto ocurría, pasó el susto entre los vecinos.

No parece haber un mayor impacto, todos procuran llevar una vida normal, no hay sobresaltos ni dramas. Los pobladores de Calle Fallas siguen sus vidas... ,más bien se molestan de que se señale a su comunidad como una cuna de peligros.

La vida sigue

Hay una resistencia comunal a vivir con miedo. La gente se aferra a su hogar y se rehúsa a cambiar su estilo de vida, aunque toma precauciones, las mismas que se toman en cualquier otra localidad josefina.

La estrategia de los vecinos para afrontar la oleada de violencia no es encerrarse ni armarse: es construir paz, establecer redes comunales, mantenerse juntos y no cederle espacio al hampa.

La actividad fue organizada por un grupo de jóvenes residentes del cantón que participan en actividades políticas. | FOTO: FABIÁN HERNÁNDEZ.
La actividad fue organizada por un grupo de jóvenes residentes del cantón que participan en actividades políticas. | FOTO: FABIÁN HERNÁNDEZ.

Por ejemplo, el sábado 23 de agosto se llevó a cabo una vigilia en el parque de Desamparados, en donde los asistentes externaron su anhelo de vivir en paz.

“Todo esto (los asesinatos) nos sorprendió, nos dio vergüenza. Pero no tiene que ver con nosotros. Igual salimos a hacer mandados, hacemos bingos y nos reunimos, como cualquier otro barrio”, dice Noily Quesada, ama de casa de 50 años que lleva 40 de vivir en Calle Fallas. Ella , al igual que don Manuel García, es una conocida líder comunal.

Noily vive con su esposo y sus dos hijos, de 24 y 28 años. Dice que está tranquila, sin miedo, al tiempo que sostiene que la comunidad siempre ha sido muy pacífica, pero que, con el paso del tiempo, la población ha crecido mucho, lo que ocasiona que lleguen algunas personas conflictivas.

Calle Fallas pertenece al distrito central de Desamparados, el cual tiene una extensión de 3,3 kilómetros cuadrados. La población es de 33.866 habitantes.

Acción policial

La sensación de seguridad obedece no solo a los vínculos comunales, sino también a la mayor presencia policial en la zona, la cual surgió a raíz de los recientes homicidios.

El Ministerio de Seguridad reforzó con 150 oficiales adicionales el cantón de Desamparados, que comúnmente cuenta con 220 agentes. Además se colocaron varios CAP (Centro de Atención Policial, una especie de comisaría móvil); se practican retenes y el patrullaje es constante.

Juan Carlos Arias, director regional de la Fuerza Pública de San José, explica que la situación de Calle Fallas obedece a una disputa de territorios de narcobandas. Aunque los homicidios se han dado en ese sector, la acción policial se desarrolla en todo el cantón, así como en comunidades vecinas del sur josefino, como Alajuelita y los Hatillos.

La Policía, resalta Arias, ha fortalecido el vínculo con las comunidades, se reúne constantemente con ellas, les pide sus impresiones y estratégicamente recolecta pistas para dar con quienes delinquen.

“Lo más importante es que la gente esté informada, que sepa a quien acudir, cómo actuar, qué hacer y qué no hacer cuando se da un acto de violencia. Es un trabajo conjunto”, señala Arias.

El jerarca añade que la principal causa del problema de inseguridad en Desamparados es la compra y venta de drogas ilegales. Los que tachan o asaltan lo hacen para conseguir dinero y así poder mantener su adicción; los que matan, lo hacen para cobrar cuentas pendientes o marcar su territorio. Es un problema focalizado que incide en la población en general.

¿Hasta cuando seguirá el intenso operativo policial que surgió como respuesta a los homicidios de agosto? Hasta que sea necesario, responde Arias.

El norte: la paz

En el Liceo de Calle Fallas, el director optó por dejar salir a los muchachos del turno de la tarde a las 4 p. m. , una hora antes de lo establecido, para que la noche no los agarre camino a sus casas. Ese fue el único cambió en la forma de operar del centro de estudios. Paralelamente, se activó una campaña para promover la cultura de paz.

Los policías Jason Rodríguez y Erick Pérez patrullan en las cercanías del Liceo de Calle Fallas. | FOTO: FABIÁN HERNÁNDEZ.
Los policías Jason Rodríguez y Erick Pérez patrullan en las cercanías del Liceo de Calle Fallas. | FOTO: FABIÁN HERNÁNDEZ.

“Lo que se pretende es prevenir los síntomas de agresión, que se solucionen las situaciones de conflicto mediante negociación, persuasión. La paz es nuestro norte, ese es el mensaje que queremos proyectarle a nuestros estudiantes y al núcleo familiar”, explica el director del liceo, Alejandro Delgadillo, quien labora en la comunidad desde hace 14 años.

Como parte del proyecto de paz, los alumnos pegaron carteles con mensajes positivos y de motivación en distintos puntos de las instalaciones, así como imágenes de palomas blancas. La población estudiantil es de 1.350 alumnos.

Alberto Vindas está en décimo año, tiene 17 años, es el presidente del gobierno estudiantil, y atiende a la prensa con un discurso que denota tranquilidad.

“Del tema sí se habló, algunos compañeros estaban inquietos por lo sucedido, pero entre todos lo abordamos, calmamos los ánimos o cambiamos la conversación, no queremos hacer esto más grande. Calle Fallas es un lugar tranquilo, a mí no es que me da miedo viajar en bus o que me asalten, uno ando precavido, pero lo normal…”, cuenta el muchacho.

El jueves pasado los estudiantes y el cuerpo docente organizaron un festival por la paz en el que, con actividades culturales, promovieron la armonía y el respeto, como estrategias para vencer el miedo.

El estigma

Dice don Manuel, el señor canoso de Cucubres, que más que lidiar con el temor de un nuevo homicidio, la verdadera cruz que cargan es la imagen negativa que desde afuera se hace la gente de la comunidad. Por ejemplo, cuenta que hay taxistas que no quieren entrar a la localidad, y que los foráneos les hacen bromas de mal gusto a los lugareños.

“Creo que la prensa no nos ha ayudado, sacan titulares alarmistas. Yo estoy muy contento acá y me siento orgulloso de mi comunidad. Hay cosas malas, como en cualquier lado, pero las estamos combatiendo juntos”, dice el señor.

El mismo pensamiento tiene doña Noily. “Nadie quiere irse de acá. Estamos muy cómodos, más bien, cuando una casa se desocupa, todos quieren comprarla para que sus hijos o nietos se vengan a vivir aquí”, comenta la ama de casa. “Mis hijos se quieren ir a Alajuela y a Heredia; dicen que porque les queda más cerca del trabajo, ¡que se vayan solos!, yo me quedo aquí”, sentencia.

Calle Fallas, la comunidad de los homicidios, la que registró seis asesinatos en tan solo un mes, iza la bandera de la paz, pasa la página de su pasado sucesero y procura vivir tranquila, a pasito lento.