Lo que ha sucedido en el barrio josefino desde 2010 no es producto del azar: la organización vecinal y las alianzas público-privadas son las causas de una transformación que nos tomó a todos por sorpresa. Más que un paseo gastronómico, Escalante es un ejemplo para la ciudad.

Por: Alessandro Solís Lerici 15 mayo, 2016
Beer Factory se instauró en Escalante en 2011. La compañía creció a tal punto que recién abrió su segundo local, en Escazú.
Beer Factory se instauró en Escalante en 2011. La compañía creció a tal punto que recién abrió su segundo local, en Escazú.

Dos de las primeras cosas que dicen los vecinos y empresarios de Escalante cuando se les pregunta acerca de la evidente transformación que ha atravesado el barrio josefino desde 2010 van en las líneas de “el festival gastronómico no es representativo del resto del año” y “no todo aquí se trata de comida y restaurantes”. Es una defensiva loable.

No obstante, ese argumento también puede ser cuestionable; es decir, si las artes culinarias no son tan sustanciales al hablar de Escalante, ¿cuál es el sentido de mencionarlo a la primera y por qué existe la impresión de que gran parte de la ciudadanía está hablando de eso?

Sin embargo, luego de que al más reciente Festival Gastronómico La Luz llegaran más de 30.000 personas (mucho más de lo que el barrio y sus comercios son capaces de contener), la preocupación de los vecinos es comprensible. Para ellos, barrio Escalante necesita encontrar el equilibrio entre su mayoritaria zona residencial y su explosivo crecimiento comercial, y para algunos vecinos a veces no queda de otra que poner la mano sobre la mesa y recordar que la parte gastronómica es tan solo uno de los componentes de este singular proyecto comunitario.

Para Johnny Araya, alcalde de San José que en su pasado mandato municipal ordenó financiar un plan de renovación del barrio a realizarse entre 2010 y 2015, Escalante es un ejemplo de iniciativa, desarrollo y organiza-ción, pero paralelamente admite que falta mucho camino por recorrer. Para la Asociación de Vecinos de Barrio Escalante es menester involucrar más a la comunidad, y para los negocios el terreno está más fértil que nunca (lo evidencia las solicitudes de patentes que no cesan).

En todo caso, buena porción de aquellas 30.000 personas que visitaron el tercer festival gastronómico recuerdan un barrio Escalante muy diferente no hace tanto tiempo atrás, y quizá muchos se pregunten cómo y en qué momento este suburbio al este de la capital se convirtió en un ineludible destino de esparcimiento y apropiación del espacio público.

Algo es certero en esta historia: esto no es fortuito. El Escalante de hoy no es producto del azar. Todo lo contrario: es producto de un proceso comunitario que Araya tilda de “inédito”.

30.000 personas llegaron al tercer Festival Gastronómico La Luz, en Barrio Escalante, en mayo del año en curso.
30.000 personas llegaron al tercer Festival Gastronómico La Luz, en Barrio Escalante, en mayo del año en curso. / Fotografía: Jeffrey Zamora.

Fuego interno

La vida de Manrique Odio está cobijada por las 26 cuadras que componen Escalante, el barrio en el que tiene su negocio y su casa, en donde vive su familia y en donde se encuentran algunos de sus mejores amigos. Su relación con estos baches de asfalto, bloques de cemento y áreas verdes es tan íntima y social a la vez que Manrique no concibe una vida si no es tratando de mejorar su hogar.

En 2007, cuando un par de jóvenes lo asaltaron en la barriada, una última gota de agua derramó el vaso. Los reportes de delincuencia eran regulares entre la vecindad y sus visitantes, y las posibilidades de desarrollo de vida nocturna en algunas de sus propiedades no satisfacían a una porción conservadora de los residentes. Empezaron, entonces, a organizarse.

Ese año se colocan los cimientos de la actual Asociación de Vecinos de Barrio Escalante Siglo XXI (Asvebes XXI, que ahora busca ser conocida como Comunidad Escalante), la cual se consolida oficialmente en 2009. El primer paso: crear un plan de desarrollo para el barrio a mediano plazo, que contemplase soluciones a los problemas de seguridad, estética y armonía de forma integral.

El actor Óscar Castillo ha estado ligado a Escalante durante más de medio siglo, como vecino y empresario, y contempla la transformación así: “Cuando el pueblo de un barrio se esconde tras las rejas le deja las calles a los maleantes. Si la gente se apropia del espacio es al revés”. Esa era una de las teorías de Odio y las más de 20 personas que lo acompañaron durante los primeros días de la Asociación, la cual rápidamente conformó una junta directiva de siete personas, de las cuales él fue elegido como el presidente.

La Asociación sabía que quería una comunidad más sólida y segura, pero no sabía cómo lograrlo. En 2009, el arquitecto Luis Diego Barahona y su firma presentaron un plan de renovación del barrio Los Yoses, en Montes de Oca, y la noticia llegó hasta Escalante. “Luis Diego nos ayudó a plasmar las ideas que teníamos”, explica Odio. El plan de Los Yoses sucumbió, pero el de Escalante resistió.

La Asociación financió el diseño del plan de renovación de Barahona, que consistía en la implementación de 20 “acupunturas urbanas” con el fin de consolidar la identidad del barrio, fortalecer el espacio público y visibilizar los valores paisajísticos del barrio (como el Par-que Francia, los varios museos que en él se ubican y los tres patrimonios históricos arquitectónicos que tiene).

Diseñado el plan, la Municipalidad de San José (con Araya como alcalde) lo acoge y firma un acuerdo tripartito con los vecinos y la empresa de arquitectura en febrero de 2010, frente a un Cine Magaly repleto de aplausos. “No es normal que un barrio se organice y haga un plan integral de recuperación”, dice Araya al explicar que aquello era un asunto inédito.

Incluso cuando llueve, el parque Francia es un importante punto de encuentro en el Escalante de ayer y hoy.
Incluso cuando llueve, el parque Francia es un importante punto de encuentro en el Escalante de ayer y hoy. / Fotografía: Gabriela Téllez.

Barahona está en el mismo plano: “Siempre ha habido alianzas vecinos-alcaldía, pero un plan de renovación urbana tan concreto por lo menos no lo conozco”. Seis años y tres meses después de firmado el acuerdo (lapso en el que Araya salió y volvió a la Municipalidad), algunos frutos están a la vista de todos, y el proyecto-barrio asume retos para el futuro.

Lo que cambió

Araya asegura que el antecedente más importante de la transformación de Escalante es la “organización de los vecinos a impulsar un proyecto de regeneración y recuperación del barrio”, con la suerte de que la visión vecinal compartía elementos con la visión global de la Municipalidad, ente que desde comienzos de la década pasada había lanzado un plan para repoblar San José desde una perspectiva más global, con el objetivo de “recobrar el tejido de la ciudad y su vocación habitacional”.

“La gente no lo creía; pensaban que era una utopía”, dice Araya, “pero eso empezó a generar que algunas empresas vinieran a participar en la reconstrucción y regeneración urbana”. Aunque Escalante no estaba contemplado de forma específica en ese plan, indirectamente se vio afectado cuando surgieron planes de construir torres de habitación dentro o cerca del barrio, algo a lo que los vecinos se opusieron.

Ese fue uno de los temas que estimuló los ánimos participativos de algunos vecinos, quienes además de observar problemas de seguri-dad también decidieron que no querían que Escalante se convirtiera en un barrio como La California, en el que reinan los bares y la vida nocturna causa inconvenientes a sus habitantes.

“El barrio estaba muy oscuro de noche y ellos no querían que se hicieran bares; querían restaurantes”, comenta Silvia Rodríguez, presidente de la Asociación de Restaurantes del Paseo Gastronómico La Luz, fundada en 2010 y actualmente con 16 empresas locales en lista.

En 2010, los restaurantes de la calle 33 (ahora conocida como Paseo Gastronómico La Luz) eran si acaso cinco, y también había bares a los que la comunidad presionó para salir del barrio (entre ellos el Hoxton Pub, ahora ubicado en Los Yoses), puesto que no tenían cabida en la visión de las asociaciones.

“La calle 33 de Escalante, desde hace mucho tiempo se fue comportando y conformando como la arteria comercial del barrio”, manifestó Fernando Chaves, propie-tario del restaurante Olio.

Sobre esa calle se arreglaron aceras y se mejoró la estructura pública con ampliaciones e iluminación, y los restaurantes empezaron a abrir en masa. Actualmente, existen más de 25 locales de comida y bebidas solo sobre el Paseo Gastronómico, y casi 40 en todo el barrio.

Johnny Araya en el Paseo Gastronómico La Luz. En 2010, el alcalde de San José aprobó un plan de renovación de Escalante.
Johnny Araya en el Paseo Gastronómico La Luz. En 2010, el alcalde de San José aprobó un plan de renovación de Escalante. / Fotografía: Mayela López.

En palabras de Barahona, uno de los artífices de la franja de restaurantes, el Paseo Gastronómico es “la antítesis de un food court en un centro comercial”, en el tanto no existen guerras de precios y hay sana competencia. “Si bien no todos los restauranteros contribuyen a la Asociación, están mancomunando; todos son competencia entre sí pero saben que juntos trabajan mejor”.

No obstante, como bien hacen en señalar siempre los vecinos, el Paseo Gastronómico era solo uno de los ejes sobre los cuales Barahona, la Asociación de Vecinos y la municipalidad trabajaron para modificar el barrio. Otro de los ejes fue la arborización, la cual arrancó en 2010 con la siembra de 221 árboles y 65 palmeras.

En 2012, el plan asumió el eje de nomenclatura de las calles, en coordinación con la Comisión Nacional de Nomenclatura y la participación de los vecinos, quienes sugirieron los nombres que todas las calles de Escalante tienen hoy. Por eso la calle 33 pasó a ser La Luz (en honor a la pulpería del mismo nombre que se ubicaba al extremo sur de la calle) y la avenida 13 se llama El Farolito.

Paralelamente, se construyó una microplaza frente al Banco de Costa Rica, a la altura de la Santa Teresita, la cual funciona como zona de descanso y dispersión para peatones que antes no tenían áreas similares en la bajada hacia barrio Aranjuez.

También se realizó la demarcación de lared vial y se cambiaron algunas vías, la más reciente y la más impactante siendo la de la calle 33, que actualmente tiene solo una vía en aras de reducir la congestión vial causada por la gran cantidad de negocios. Además, se levantó un plan de seguridad que involucró a la Policía Municipal.

Barahona estima que el 65% del plan para 2010-2015 se cumplió, con un financiamiento de la municipalidad que alcanzó los $400.000 (unos ¢216 millones). No obstante, sugiere no descontinuar los esfuerzos, sino más bien apostarle a la construcción de espacio público, algo con lo que “no se pierde”.

Lo que falta

Tras una fallida campaña presidencial y dos años fuera del puesto, Araya regresó a la alcaldía de San José con barrio Escalante en mente, asegurando que la municipalidad se reincorporará al proyecto “con mucha fuerza”.

“Un proyecto de estos inevitablemente tiene desequilibrios”, admite el político josefino, en relación a las pro-blemáticas que han surgido desde que se empezó a implementar el plan de renovación, hace seis años. “Es muy importante para nosotros conciliar el componente residencial con el comercial”.

Silvia Rodríguez es propietaria del hotel Luz de Luna y presidente de la Asociación de Restaurantes del Paseo Gastronómico La Luz.
Silvia Rodríguez es propietaria del hotel Luz de Luna y presidente de la Asociación de Restaurantes del Paseo Gastronómico La Luz. / Fotografía: Mayela López.

Sucede que, ante la ola de restaurantes y comercios, la parte residencial ha quedado afectada. Las casas de habitación todavía componen poco más del 50% del territorio de Escalante, pero gran cantidad de propiedades se han vaciado y muchas inevitablemente se convierten en comercios. Por su parte, los vecinos que quedan exigen me-joras en numerosos campos, especialmente en el sentido de la congestión vial, pues los fines de semana las aceras cercanas al Paseo Gastronómico se colman de carros y el paso de los vecinos se hace prácticamente imposible.

“Nosotros queremos irnos porque este asunto no se ve como que vaya a aminorar, sino a empeorar”, comentó Rosaura Chavarría, vecina que vive diagonal a Olio y que nació en el barrio, hace tres décadas. “Podrá ser muy caché la gente que viene, pero igual hacen escándalo en la calle y más de una vez vemos a borrachos saliendo de aquí en carros”.

Según la Asociación de Vecinos, a partir de mediados de año los visitantes no podrán parquear en las aceras y se harán operativos en colaboración con la municipalidad para forzar a los consumidores a estacionar en los parqueos públicos.

El Festival Gastronómico representa otro malestar para los vecinos, no tanto por la actividad en sí, sino por el montaje y desmontaje, el cual se extiende hasta altas horas de la noche y supone un escándalo inadecuado para una zona residencial, como experimentó Chavarría durante la última edición.

Rodríguez, la presidente de la Asociación de Restaurantes, reveló que el festival se les ha salido de las manos. “No podemos aceptar a 30.000 personas aquí”, exclamó. “La primera vez esperamos 5.000 y llegaron 13.000; la segunda nos preparamos para 15.000 y llegaron 20.000; y esta vez dijimos 20.000 y llegaron 30.000”, agregó.

Eso implica que el público busca propuestas como el festival, que se alejan de la norma de festejos cívicos y comida rápida, pero por cuestiones de espacio y capacidad de operación, el barrio simplemente no puede seguir recibiendo tal masa de gente. “Estamos buscando la forma de demarcar el área y cobrar una entrada simbólica, y venderle comida a 15.000 personas que sabemos que lo podemos atender bien, más no”, reveló Rodríguez. “Estamos valorando la idea de hacerlo dos días pero es mucho trabajo y los vecinos merecen respeto”.

Donde hoy se ubica el restaurante Raví estuvo –hasta 2011– el bar Hoxton, cuya salida del barrio fue procurada por los vecinos.
Donde hoy se ubica el restaurante Raví estuvo –hasta 2011– el bar Hoxton, cuya salida del barrio fue procurada por los vecinos. / Fotografía: Gabriela Téllez.

La zona gastronómica representa problemas para la comunidad que no necesariamente tienen que ver con el festival. La Asociación de Vecinos quiere regular la cantidad de patentes que se entregan en el barrio, y para ello pretende aprovechar la figura de su presidente, Manrique Odio, quien fue electo síndico suplente del distrito del Carmen, un puesto que le permite aconsejar a la municipalidad sobre las patentes que acepta o rechaza.

“En este momento se están tramitando más patentes, pero a nosotros no nos consultan nada”, dijo Odio. “Esa es la situación que tenemos ahora porque nosotros queremos ayudar a la municipalidad en ese tema. No es quitarle la responsabilidad a la municipalidad pero sí que nos den ese peso que tenemos de acuerdo a la ley”.

Más participación

Para Fernando Chaves, de Olio, el Escalante actual es un ejemplo de participación urbana y, como muchos, cree que es un concepto que podría emularse en otros lugares. Cynthia Robert, de la Asociación de Vecinos, lo dice así: “La idea es que se convierta en un modelo de mini ciudad que pueda ser sostenible en sí misma”. En efecto: esta semana el Concejo Municipal aprobó convertir el Paseo de los Estudiantes en un paseo gastronómico como el de Escalante.

La Asociación de Vecinos de Escalante ya trabaja en un plan para los próximos años, y una de las áreas en las que busca mejorar es en la participación colectiva, algo que consideran que no se logró con el plan pasado. Ahora quieren, por ejemplo, que si la municipalidad pretende construir un bulevar, lo decidan los vecinos. Así mismo, les preocupa la actual construcción de torres.

“Me gusta mucho la idea de un bulevar, pero hay que considerarla con cuidado. Estaríamos atentos a lo que piensan los vecinos”, dice Johnny Araya. “Calle 33 amerita una intervención para renovar el espacio público y me parece que le daría impulso a lo que está sucediendo. Le extiendo una invitación a los vecinos para que de manera conjunta trabajemos”.

“El proyecto gira alrededor del residente”, afirma Manrique Odio. “Cuando hicimos el proyecto, giraba alrededor de cinco o seis áreas: adultos mayores, gastronomía, cultura, infraestructura y embellecimiento. El que más se ha desarrollado y es más visto es de gastronomía, entonces la gente cree y hay una tendencia a pensar que el barrio se está llenando de bares y parece que eso es lo que predomina, pero ese no es el fin; esa es una de las patas de la mesa”.

El residencial Urbn Escalante estará listo en diciembre de 2018. Tendrá 22 pisos.
El residencial Urbn Escalante estará listo en diciembre de 2018. Tendrá 22 pisos. / Fotografía: Gabriela Téllez.

El futuro no está escrito, pero viendo los últimos cinco años de Escalante, analizando su presente e imaginando su futuro, podemos entender cómo construir entre todos una mejor ciudad.