Recorrido fotográfico por el Guanacaste que sufre en condiciones de extrema sequía.

 10 mayo, 2014

La piedrilla y la hojarasca disimulan el cauce sin caudal, el río sin río, el pasado sin presente.

El que fuera el río Diriá es ahora una vía reseca. Guanacaste se pone árido, sus reses se quedan solas.

Las vacas flacas tienen hambre, están sedientas. No hay agua ni alimento. Solo hay calor... y desesperanza.

La desesperanza está en las fincas, los parajes y los cultivos. El sol brilla y la tierra se rompe; el sol seca y la economía se agrieta. Los potreros lucen amarillos y los pozos, resecos.

Los árboles de jicarito sufren tras la quema y las semillas plantadas sencillamente no dan frutos.

En Guanacaste –esperan muchos– se acerca el final del período de aridez y sopla una brisa fresca. Se nubla un poco el cielo y se levanta el olor a lluvia. Con el agua, vuelve la esperanza, aunque sea tardía.