Este 19 de mayo, se cumplen 20 años de la muerte de la esposa de John F. Kennedy y de Aristóteles Onassis. La vida de Jackie, con todos sus tragos amargos, marcó tendencia en la moda con su estilo y sencillez.

Por: Jessica Rojas Ch. 18 mayo, 2014

Aquella tarde del 22 de noviembre de 1963, Jacqueline Bouvier Kennedy se veía espectacular, como era habitual. Llevaba un vestido de lana color rosado, copia de Chanel, que terminó teñido de sangre pero –extraña paradoja– se convertiría en un ícono de la moda.

Varios disparos acabaron con la vida de John F. Kennedy, presidente de Estados Unidos y esposo de Jackie, cuando ambos viajaban por las calles de Dallas, Texas a bordo de la limusina presidencial.

El rosado era uno de los colores favoritos de la primera dama y, a pesar del calor que estaba pronosticado para ese día, ella quiso usar aquel traje cruzado con el cuello en tono azul marino porque, según su marido, se veía espectacular con él.

Después de los disparos, las imágenes del asesinato corrieron por el mundo y una de las que aún sigue en el recuerdo colectivo es la del vestido de la viuda manchado con la sangre de Kennedy.

De acuerdo con el periódico español El Mundo , la joven viuda se negó a quitarse el famoso pink suit luego de ver a su marido morir. El diario asegura que Jackie le pidió a su asistente que no le alistara otra ropa y agregó: “Deja que vean lo que le han hecho a John”.

Este 19 de mayo, se cumplen 20 años de la muerte de la mujer que, con su sencillez y predilección por los diseños franceses, le dio un giro de fantasía y buen gusto al papel de la esposa del presidente norteamericano.

Una foto de 1970, cuando visitó la isla de Capri con su nuevo esposo, Onassis.
Una foto de 1970, cuando visitó la isla de Capri con su nuevo esposo, Onassis.

Vestido icónico

“Estarán todas esas republicanas ricas con sus pulseras de diamantes y sus abrigos de visón. Tú tienes que parecer tan maravillosa como ellas, pero sencilla. Muestra a las texanas lo que es el verdadero estilo”, le habría pedido él a su esposa antes de viajar a Texas.

Fue cuando, según el diario El País, Jackie le mostró el traje y él quedó encantado.

Para completar el look, ella usó ese día un par de guantes blancos, un bolso de mano con cadenas doradas a tono con el cuello de su traje y, como toque final, un sombrero pill-box , que también se convertiría en una firma personal de Jackie.

En un principio, se creía que el traje era un diseño exclusivo de Chanel. Sin embargo, años después se supo que era una copia del modelo de la casa parisina, pero hecho en Nueva York.

El taller neoyorquino Chez Ninon hacía las veces de sucursal de la casa diseñadora. Ahí recibían las telas desde Francia, así como los botones y los patrones para coser las prendas y Jackie era asidua cliente de ese lugar.

Varios trajes de Jackie se exhiben en el museo de Kennedy. | THE NEW YORK TIMES
Varios trajes de Jackie se exhiben en el museo de Kennedy. | THE NEW YORK TIMES

‘It Girl’

Para algunos, no era bella; para otros, su hermosura trascendía lo físico, pero algo que sí era notable es que Jackie encajaba a la perfección en el concepto de It Girl, una chica que tiene algo que atrae, un “no sé qué”.

Jacqueline Lee Bouvier nació en Nueva York el 28 de julio de 1929 y falleció en su exclusivo apartamento en la Quinta Avenida de la misma ciudad en 1994, después de perder la batalla contra el cáncer.

Durante sus años de “reinado” al más famoso de los Kennedy, la joven que había estudiado Artes en la Universidad La Sorbona, en París, destacó por su elegancia y se convirtió en referente para las mujeres del mundo.

Seducida por las maravillas francesas, comenzó a usar ropa de diseñadores parisinos y fue duramente criticada por no elegir propuestas nacionales. Así que a su lista de diseñadores preferidos, se unió Oleg Cassini, francés radicado en Nueva York, que se convertiría en su modisto de cabecera.

Marcas y nombres como Givenchy, Bob Bugnard, Christian Dior, Federico Forquet, Ann Lowe y Valentino también figuraban entre sus preferencias. Estos dos últimos fueron los encargados de los vestidos de su matrimonio y del que usó en el funeral de su primer esposo.

El día de su boda con Kennedy, lució un vestido con más de 50 kilos de seda de marfil. Su confección duró dos meses, según la revista Glamour .

Viuda de América

Junto a su cuñado Robert, se acerca al féretro de su marido. El vestido manchado se vuelve noticia. | AP
Junto a su cuñado Robert, se acerca al féretro de su marido. El vestido manchado se vuelve noticia. | AP
Tras el asesinato, la viuda no quiso quitarse su traje rosado

Para cerrar su etapa como primera dama, llevó el luto con un traje memorable de Valentino, el cual acompañó con un velo igualmente recordado. Kennedy era admiradora del diseñador italiano y, para sus segundas nupcias, eligió un modelo hecho por él.

En 1968, un lustro después del asesinato de Kennedy, la llamada “viuda de América” daba nuevamente el sí a otro hombre: el magnate naviero de origen griego y también viudo Aristóteles Onassis, un hombre tosco y padre de ocho hijos. Se casaron en la isla privada de Skorpios y Jackie, junto a sus hijos Caroline y John Jr., hicieron familia con los Onassis.

Fueron nuevos aires de opulencia para una mujer acostumbrada a ser admirada. Al lado de su nuevo esposo, Jackie Onassis recibió la década de 1970 con un corte de pelo al estilo bouffant (ancho arriba y con flecos), sus característicos lentes para sol de gran tamaño, telas estampadas, minivestidos, pantalones anchos de pierna, collares de gran tamaño y frecuentes pañoletas en la cabeza.

Fue sin duda una leyenda de la moda estadounidense. Pero, además, su vida de altibajos la hizo especialmente atractiva para el mundo. Tras unos años de matrimonio, la relación con Onassis se deterioró tanto que empezaron a tramitar el divorcio y, en medio de aquel proceso, falleció él. Mas ni siquiera aquella cuantiosa herencia fue capaz de rescatar a Jackie del cáncer. Murió a causa de un linfoma a los 64 años.

Su restos descansan junto a los de John F. Kennedy en el cementerio Arlington, lugar destinado a resguardar los cuerpos de los héroes estadounidenses.