El 5 de julio The Grateful Dead tocó por última vez después de medio siglo de rock and roll. La banda le dijo adiós a la vida como conjunto, con la cual nunca ha estado muy emparentada.

Por: Arturo Pardo V. 12 julio, 2015

Muchas bandas en el mundo han advertido su retiro para regresar tiempo después a los escenarios, aclarando que el adiós era temporal y anunciando, entonces, la renuncia al retiro. El vaivén de la música.

The Grateful Dead nunca cayó en aquel discurso hartamente repetido por los grupos desarmados antier, ayer y hoy. En cambio, la agrupación estadounidense, se retiró de las tablas en agosto de 1995 de manera oficial. Su justificación fue de mucho peso: el icónico guitarrista y líder Jerry García había fallecido y la agrupación roquera no seguiría sin él.

Sin embargo, con la celebración del medio siglo de su fundación, el grupo decidió hacer una excepción, puso un alto en el camino de la muerte y volvió a la vida, solo para ofrecerle al público la posibilidad de que le dijera adiós no por primera, pero sí por última vez, en la minigira “Fare Thee Well”.

El fin de semana pasado, The Grateful Dead resucitó por cinco noches. Cinco nostálgicas noches.

La reunión incluyó a cuatro miembros sobrevivientes de la primera etapa de la banda (Bob Weir, Phil Lesh, Bill Kreutzmann y Mickey Hart), que ya eran parte del proyecto cuando este daba sus primeros pasos en Palo Alto, California.

Trey Anastasio, Phil Lesh y Bob Weir en el concierto del 4 de julio en el estadio Soldier Field de Chicago.
Trey Anastasio, Phil Lesh y Bob Weir en el concierto del 4 de julio en el estadio Soldier Field de Chicago.

El grupo, que debutó en abril de 1965, esta vez repartió un total de 82 canciones a lo largo de las cinco noches consecutivas en las que el pasado y presente fueron suyos sobre una misma tarima.

Sonaron los clásicos, las autocomplacencias o los habituales jams que se extendieron por casi 20 minutos continuos. Aquello, tal vez, no distaba tanto del show que el grupo dio la madrugada del sábado del primer festival Woodstock, en 1969.

De vuelta al presente, el combo permitió que The Grateful Dead se encargara de revivir la psicodelia que lo convirtió en ícono de una generación, décadas atrás.

La oportunidad (o bien, una de las cinco oportunidades) generó una reacción inédita. Medio millón de seguidores intentaron adquirir tiquetes para asistir a las importantes citas, pero no todos lo lograron.

En total, 212.000 fanáticos (conocidos como Deadheads) pudieron decir adiós. Más de 70.000 personas en cada cita lograron el mayor récord de asistencia del estadio Soldier Field de Chicago, en sus 71 años de existencia. El mayor registro tuvo lugar el domingo 5 de julio, en el último de los últimos conciertos.

Con tal euforia en el 2015, sería una gran mentira pretender creer que la vida de Grateful Dead acabó en 1995.

Afuera del Soldier Field se vendieron camisetas con diseño ácido wash . El tradicional eslogan de “amor y paz” también sumó corazones y flores al ambiente de cada una de las noches.

Con el panorama claro, la Policía se mostró comprensiva con la ingesta de marihuana en cada show . De los 212.000 presentes para el fin de semana, apenas hubo dos arrestados por el consumo verde, aunque The Guardian asegura que cada concierto se vivió en medio de una neblina picante de marihuana.

La despedida, además de ser bastante emotiva, también fue lucrativa. Billboard calcula que los réditos para el conjunto fueron de $55 millones, entre tiquetes de ingreso, mercadería y acceso a la transmisión en línea.

Que no se diga que no hay vida después de la muerte.