Uno de los personajes públicos que más roncha genera en el país es, también, el reflejo de un ser humano que le huye a la muerte y al silencio.

 21 abril
Desde niño, Sagot dedicó muchísimo de su tiempo a la literatura.
Desde niño, Sagot dedicó muchísimo de su tiempo a la literatura.

Pocos autores generan tantas reacciones en Costa Rica como Jacques Sagot. Sus artículos de opinión suelen contarse entre los más leídos del sitio web de La Nación, incluso cuando sus comentarios tienden a ser, en la mayoría de casos, menos que amables.

No es secreto alguno: Sagot es blanco de críticas, burlas y odios por doquier. Sin embargo, poco de su vida privada se refleja en su obra pública.

El periodista Danny Brenes se sentó a conversar con Sagot y escribió un perfil que será la portada de nuestra próxima edición, este domingo 23 de abril.

Hace más o menos dos meses, mi amigo Carlos y yo estábamos en la esquina noroeste del Cenac, intentando cruzar la avenida 7, cuando una voz nos llamó la atención. Una mujer alta nos pedía ayuda para cruzar la transitada vía; junto a ella, un hombre de cabello y barba negra, ropa negra, sonrisa cortés y piernas débiles.

Carlos y yo hicimos lo que pudimos para detener el tránsito, cosa que el hombre y la mujer nos agradecieron mientras caminaban despacito. Minutos después, Carlos y yo le comentamos la anécdota a una amiga nuestra:

"Acabamos de ayudarle a cruzar la calle a Jacques Sagot".

Nuestra amiga exhaló y dijo: "Le hubieran hecho un favor al país, mejor".

Era una broma, claro, pero es innegable que, en muchísimas personas, el nombre de Sagot genera una sensación de repudio, algo que el propio pianista y escritor ha cosechado a través de constantes artículos de opinión publicados en La Nación.

Hace años, yo mismo publiqué una diatriba contra el hombre, luego de leerle dos columnas que consideré nefastas en la revista para la que ahora trabajo. Sea escribiendo cartas abiertas a Emma Stone, opinando sobre fútbol o despotricando contra el statu quo de la sociedad costarricense, Sagot –no hay otra forma de decirlo– cae mal.

Para estas alturas, ya deberíamos haber aprendido que las caretas públicas rara vez corresponden –por completo– a los seres humanos que respiran y sufren –como cualquier otro ser humano– detrás de ellas. La historia personal de Jacques Sagot es compleja, llena de traumas y dificultades, y de una entrega absoluta a las que considera, más que sus amigas, sus enfermeras: la música y la literatura.

Eso sí, quizás el resultado más notorio de nuestra conversación es el que también se desprende de cada uno de sus artículos, de cada uno de sus movimientos como personaje público: a Jacques Sagot no le importa lo que pensemos de él.

—Danny Brenes.

***

La revista también abordará a otro personaje público, uno que hace rato se alejó de los escenarios. Priscilla Gómez encontró a Manuel Fresno, el antiguo conductor de La rueda de la fortuna, en un puesto de lotería electrónica en Tibás y conversó con él.

Manuel Fresno junto a su esposa María Eugenia y su hija Estefanía.
Manuel Fresno junto a su esposa María Eugenia y su hija Estefanía.

Además, Lucía Vásquez cuenta su experiencia tras pasar por una sesión de reiki, una técnica de sanación que divide opiniones entre creyentes y excépticos.

Publicamos, también, un fotoensayo sobre sobre las celebraciones del vudú en Haití, así como un breve vistazo a la vida y obra de Kathrine Switzer, la primera mujer en correr la maratón de Boston hace 50 años y que, el pasado lunes, repitió la hazaña.

No se pierda estas y otras historias en la próxima edición de la Revista Dominical.

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