El artículo de portada de la venidera edición de la revista hará un repaso por los mejores momentos del lado más humano de los Juegos Olímpicos que concluyen este domingo.

 19 agosto, 2016
Kristin Armstrong se desplomó cuando llegó a la meta de su competencia. Su hijo de cinco años le ayudó. | FOTO: AP
Kristin Armstrong se desplomó cuando llegó a la meta de su competencia. Su hijo de cinco años le ayudó. | FOTO: AP

Durante un par de semanas, 11.545 atletas, provenientes de 208 países distintos, disputaron 311 pruebas deportivas que no solo exigieron al máximo las capacidades del físico y la voluntad del ser humano; las dos semanas grandes de Río también ofrecieron un despliegue de nuestra capacidad, como especie, de ser mejores en la competencia y el compañerismo.

El periodista Danny Brenes hizo un resumen de algunas de las mejores historias que nos dejaron las olimpiadas, a sabiendas de que muchas se quedarían, sí o sí, por fuera.

Hace dos semanas, reporté sobre la crisis económica, política y social que vive Brasil, agudizada ante la inminencia de los Juegos Olímpicos de Río. Mientras encontraba más y más historias de terror sobre la situación, tenía claras dos cosas: que el pueblo carioca tendría un futuro complicado pasados los juegos; y que, sobre todo, sin importar cuán desastroso fuera el panorama, las justas no decepcionarían.

Ha sido así. Es inevitable. Así funcionan los deportes: nos hacen poner en pausa los problemas y, por un momento, enfocarnos en esos superhéroes reales que saltan, corren, nadan y se contorsionan a extremos que no creíamos posibles. No faltarán las voces críticas que digan que eso, ese alivio temporal que nos dan los deportes, no es más que un opio para distraernos de lo que realmente importa.

Yo escojo verlo distinto. Más que distraerme, los Juegos Olímpicos –Río, Londres, Tokio, da igual– me hacen apreciar la capacidad que tenemos, como especie, de ser mejores, de tender una mano a quien lo necesita, de superarnos, de caernos y volvernos a levantar. Las veces que sean necesarias.

Me siento agradecido con la vida de vivir este momento único, maravilloso, en el que comparto planeta con personas como Michael Phelps, como Simone Biles, como Santiago Lange, como Katie Ledecky. COmo Usain Bolt. A mí mis dioses me gustan así: de carne y hueso.

—Danny Brenes

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Brenes también tuvo la oportunidad de conversar con un grupo de diseñadores neoyorquinos que, el próximo 30 de agosto, se adueñarán del espacio público de su ciudad para iniciar una protesta política bastante ingeniosa: construirán un muro frente a la Torre Trump, para manifestarse en contra de las propuestas discriminatorias del candidato republicano.

Siempre en el tema de la política estadounidense, pero esta vez desde una perspectiva distinta, Alessandro Solís relata la historia del nuevo rostro del hotel Watergate, el inmueble en donde se suscitó hace 44 años el escándalo que culminó con la dimisión del presidente Richard Nixon; ahora, el hotel abraza su pasado como estrategia de mercadeo.

Además: el 16 de agosto, San José perdió uno de sus últimos baluartes de una época lejana. Durante 55 años, la Zapatería Panamá se mantuvo en pie, a un par de cuadras del Paseo Colón. María Fernanda Matarrita nos cuenta su historia desde los escombros del otrora símbolo de resistencia citadina.

Estas y otras historias dan forma a la edición del 21 de agosto de la Revista Dominical. No se la pierda.

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