Melvin Jiménez fue unos de los primeros testigos de las destrezas políticas de Luis Guillermo Solís.

 2 febrero, 2014

Corría 1974 y Luis Guillermo Solís realizaba su primera campaña presidencial. En aquel momento, el objetivo era presidir el gobierno estudiantil en el colegio Metodista. Tenía entonces 16 años y gritaba discursos en los recreos de sus últimos años de secundaria.

Melvin Jiménez era profesor del mismo colegio y asegura que desde entonces vio en aquel muchacho virtudes tales que, en el largo plazo, bien podía pensarse que llegaría a ser candidato a la presidencia de la República.

Melvin Jiménez, jefe de campaña del PAC, envió un correo electrónico para pedir currículums de dirigentes interesados en participar en un eventual gobierno. | FOTO: MARIO ROJAS
Melvin Jiménez, jefe de campaña del PAC, envió un correo electrónico para pedir currículums de dirigentes interesados en participar en un eventual gobierno. | FOTO: MARIO ROJAS

Hoy, casi 40 años después, Melvin es el jefe de campaña de Solís y uno de sus amigos más antiguos. Tal vez es uno de los pocos que, literalmente, lo ha visto crecer y ha podido confirmar que, pese al tiempo transcurrido, no se ha apagado el espíritu inquieto del político estudiantil.

“La vida le dio las habilidades y el talento necesario. Uno lo veía desde joven dando discursos; es que no podía ocultar aquella personalidad apasionada por la política”.

“La vida le dio las habilidades y el talento necesario. Uno lo veía desde joven dando discursos".

Melvin fue uno de los que impulsó a Solís a que se lanzara como candidato en la pasada convención del Partido Acción Ciudadana (PAC). “Cuando lo eligieron, lo primero que pensé fue que si yo lo había embarcado, no podía dejarlo solo”, cuenta. Poco tiempo después, se convirtió en el cerebro detrás de la campaña del partido.

Cuando repasa sus vivencias cerca del ahora candidato, todas las anécdotas tienen en común a un Luis Guillermo hiperactivo: cocinando durante las reuniones políticas, discutiendo de estrategia mientras lavaba y tendía ropa, o impaciente por que le dieran el carro para manejar él y que los demás descansaran.

Jiménez asegura que ha visto a Solís ser el mismo por más de cuatro décadas. “La vida solo se ha encargado de pulir su espíritu joven”.