Los rotulistas artesanales le piden su atención. Esta es la historia de dos de ellos. Por supuesto que usted ya los conoce, pero no lo sabe

Por: Dario Chinchilla U. 15 marzo, 2015
La iguana pintada por Gerardo Ruiz comparte espacio con un rótulo de Picado. | FOTO: JORGE NAVARRO
La iguana pintada por Gerardo Ruiz comparte espacio con un rótulo de Picado. | FOTO: JORGE NAVARRO

La ciudad de San José no es un sitio que invite a apreciar los detalles. En un entorno en el que todo comercio grita por atención, llega un punto en el que el transeúnte adopta la política de ignorar todos los mensajes que lo llaman intensamente desde las paredes.

Sin embargo, detrás de las letras de molde hay un talento, uno que tiene un origen muy humilde y callejero, pero también muy patente. A su vez, detrás de ese talento están las historias de los artesanos “pulseadores” que modestamente se han hecho un nombre entre los comerciantes.

De unos años para acá, hay un esfuerzo desde sectores más formales del diseño costarricense por prestarle atención a los rotuladores callejeros. No estamos hablando aquí de un aprecio irónico por la cosa folclórica o kitsch ; sino de un gusto honesto por la cosa hecha a mano, por un tipo de expresión hija de la improvisación in situ de la calle.

Mr. T según Gerardo Ruiz. | FOTO: JORGE NAVARRO
Mr. T según Gerardo Ruiz. | FOTO: JORGE NAVARRO

Así fue como dimos con los Gerardos: Ruiz y Picado. El trabajo de ambos ha sido objeto de interés para varios reseñistas del diseño costarricense, y los buscamos para conocer los pormenores de un oficio y de una vida con los dedos manchados.

Los dos son hombres que trabajan con proporciones, con ángulos, con combinaciones de color que nadie les ha enseñado. Son trabajadores informales que confían en su intuición y talento.

Su trabajo es un recordatorio de que incluso las cosas más pequeñas dentro del caos tienen un orden interno.