Por: Arturo Pardo V. 31 agosto, 2014

Tenemos frente a nuestros ojos a la primera generación de egresados de la Escuela de Farmacia de la Universidad de Costa Rica.

La elegancia de su vestimenta va a tono con el aire ceremonioso que implicaba el retrato grupal de quienes, hasta entonces, fueran compañeros.

Era el año 1942 y los que cursaban aquella carrera debían recibir las lecciones en la escuela ubicada en el Potrero de los Gallegos, al este de San José, donde también se ubicaba la escuela de Derecho.

Las instalaciones no daban todavía como para ser consideradas “campus” e incluso comenzaron a operar de manera independiente antes de la fundación de la UCR (1940).

Marta Ovares de Guzmán (segunda de izquierda a derecha en la fila inferior) recuerda que todas las mañanas estaban destinadas a las lecciones teóricas, mientras que en las tardes se hacían las prácticas en diferentes farmacias.

Le es difícil elegir su profesor favorito pues, dice, todos eran grandes maestros.

En la foto, de pie, de izquierda a derecha, aparecen Roberto Fernández, Marcelino Coto, Rafael A. Montero, Alberto Moreno, Virginia Gólcher, Rogelio Mainieri, Juan R. Azofeifa, Francisco Zúñiga y Próspero Acuña.

Al frente están Claudio Soto Ovares, Marta Ovares Salazar, Virginia Carranza, Belén Baltodano y Juan Bautista Zeledón.

Ovares pasó por varias boticas de la época hasta terminar el ciclo en la farmacia del Hospital San Juan de Dios.

De sus compañeros retratados sobreviven pocos. Ella se detiene en rescatar, por ejemplo, a Belén Baltodano, quien vive en California y ejerció muy eficientemente en una clínica privada hasta su jubilación. También conserva fresco el recuerdo de Claudio Soto, quien trabajó hasta su jubilación en la Caja del Seguro en San José, o de Marcelino Coto, quien tuvo un laboratorio clínico al adecuar su carrera a la Microbiología.

Ella afirma que siempre se ha sentido satisfecha de la profesión que eligió.

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