Los ataques de pánico son falsas alarmas de peligro inminente que no ponen en peligro la vida, pero sí la calidad de vida

Por: Dario Chinchilla U. 22 febrero, 2015
Imagen sin titulo - GN
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Todo fue montarse en el bus una mañana cualquiera para que empezara a sentir un frío de muerte. No hizo más que entregar el pasaje cuando una helada le subió a Jorge Eduardo desde los pies; un dolor empezó a atenazarle el estómago y lo invadió la inminencia de que algo terrible le sucedía. El muchacho de 17 años huyó, sin saber de qué. Bajó del bus y buscó refugio en casa de su hermana.

Jorge Eduardo González no sabía que acababa de experimentar su primer ataque de pánico. Episodios como el suyo se originan porque el torrente sanguíneo se inunda con adrenalina, y el cuerpo da las mismas señales que los humanos hemos sentido desde que nos topábamos con un oso a la salida de nuestra cueva.

No obstante, con los ataques de pánico no hay oso: Jorge Eduardo solo se montaba al bus de Alajuela. El cuerpo de Jorge le enviaba una falsa alarma que él no sabía cómo interpretar.

Un aumento brusco de la hormona epinefrina (adrenalina) contribuye a activar el impulso de lucha o huída ante un peligro; sin embargo, en un ataque de pánico no existe ese peligro inminente, y la alerta se activa sin motivo.

Ante la falta de explicación de por qué el corazón se quiere salir del pecho, hay quienes creen que están sufriendo un ataque cardiaco.

Hay gente que está segura de que morirá en el instante; pero nadie muere de esto, nos lo dice Silvia Araya, en cuya consulta psicológica se ha especializado en la atención de pacientes con estos trastornos de ansiedad.

Lo repetiremos porque esta esta iluminación es el primer paso para afrontar un episodio: nadie muere de un ataque de pánico.

Miedo repentino

El Premio Nobel de Literatura Juan Ramón Jiménez alguna vez describió así una mala época de ataques: “Me sentí muy enfermo y tuve que volver a mi casa; la muerte de mi padre inundó mi alma de una preocupación sombría; de pronto, una noche, sentí que me ahogaba y caí al suelo; este ataque se repitió en los siguientes días; tuve un profundo temor a una muerte repentina; solo me tranquilizaba la presencia de un médico”.

Silvia Araya, quien además es autora del libro Confíe y viva sin pánico , dice que este tipo de episodios son más comunes entre los 19 y los 21 años. Ella misma los experimentó durante su carrera universitaria.

Las estadísticas afirman que son más comunes en mujeres que en hombres, aunque ella sospecha que podría haber un subregistro por la tendencia masculina a no reportar males que desnuden alguna percibida debilidad.

En la práctica psicológica deben presentarse al menos cinco síntomas de los reportados en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM por sus siglas en inglés) para calificar un episodio ansioso como ataque de pánico.

Los más comunes son: mareo, sentimiento de ahogo, sensación de que sucederá algo malo, palpitaciones, miedo a morir y sensación de perder el control.

“El primer ataque de pánico es el peor, porque el susto es tan grande y la sensación de que va a morir tan intensa, que la peor parte para uno es no saber qué le sucede”, dice Araya.

Según el libro Cien preguntas y respuestas sobre el trastorno de pánico , de Carol W. Berman, una persona que sufre de estos ataques está constantemente preocupada por experimentar uno, lo que suele ponerla en un estado constante de alerta. De hecho, según el sitio de la Clínica Mayo, la mayoría de las personas que experimentan agorafobia (miedo a los espacios públicos o abiertos) la desarrollan después de varios ataques de pánico.

“Yo podía salir muy tranquilo de la casa, pero en la mente estaba ese gusanito que me decía que me iba a dar algo”, cuenta Jorge Eduardo. “Mi casa era la cosa segura, y solo tenía un perímetro de un kilómetro desde mi casa en el que yo sentía que no me iba a pasar nada”.

Las causas exactas de por qué se desata una falsa alarma como los ataques de pánico no son claras, aunque Silvia Araya explica que grandes transiciones en la vida habitualmente sirven como detonantes.

Por ejemplo, Jorge Eduardo identifica que a él lo desestabilizó el no haber podido graduarse con sus compañeros de colegio por haber perdido Matemática.

Desde entonces siguió padeciendo ataques de pánico, y pasó años tomando medicamentos contra el dolor de estómago y los dolores de cabeza. A como pudo terminó la carrera de Derecho.

Cuando conoció de los ataques de pánico en un programa en el que apareció Silvia Araya se soltó a llorar, porque después de años de incertidumbre, al fin alguien describía lo que le pasaba.

Desde hace cuatro años empezó terapia psicológica y después recurrió a la ayuda de un psiquiatra.

Hay técnicas y hábitos que las personas que sufren de ataques de pánico pueden poner en práctica (vea el recuadro); sin embargo, Artavia dice que lo ineludible es la terapia psicológica.

Jorge hoy tiene 28 años y dice que vive una vida normal. “Se puede decir que estoy en un 90%. Ahora los ataques no me duran ni 10 segundos, y es un sustillo que se me pasa”.

La adrenalina es útil en un mundo hostil: es la palanca de emergencia. El cómo manejar la angustia real que produce una falsa alarma es la lucha de quienes lidian con el pánico.

¿Qué hacer si sufre ataques de pánico?

• Después de un primer episodio es mejor descartar males médicos mayores. Hágase un chequeo del corazón, del sistema respiratorio y de la tiroides.

• Una vez que usted sabe que los padece, sepa que, a pesar de la angustia, no le va a pasar nada.

• Hay quienes aconsejan técnicas de respiración profunda para aplacarlos. No obstante, Silvia Artavia recomienda explorar distintas técnicas de relajación para conocer cuáles le funcionan.

• Haga ejercicio.

• Un paciente puede llevar un tratamiento con fármacos si lo deseara y si un psiquiatra lo prescribiese, pero la terapia psicológica siempre es esencial.

Si otra persona lo sufre:

• Si una persona junto a usted está sufriendo un episodio, debe hacerle sentir su apoyo. “Estoy aquí para vos” es una buena frase.

• No se altere usted también; actúe serenamente y escuche lo que la otra persona necesita.

• Evite una orden como “Cálmese”, pues no ayuda, y, más bien, puede generar más ansiedad.

Fuentes: Psicóloga Silvia Artavia y The Huffington Post.

¿Qué hacer?

Si sufre ataques de pánico:

• Después de un primer episodio es mejor descartar males médicos mayores. Hágase un chequeo del corazón, del sistema respiratorio y de la tiroides. • Una vez que usted sabe que los padece, sepa que, a pesar de la angustia, no le va a pasar nada. • Hay quienes aconsejan técnicas de respiración profunda para aplacarlos. No obstante, Silvia Artavia recomienda explorar distintas técnicas de relajación para conocer cuáles le funcionan. • Haga ejercicio. • Un paciente puede llevar un tratamiento con fármacos si lo deseara y si un psiquiatra lo prescribiese, pero la terapia psicológica siempre es esencial.

Si otra persona lo sufre:

• Si una persona junto a usted está sufriendo un episodio, debe hacerle sentir su apoyo. “Estoy aquí para vos” es una buena frase. • No se altere usted también; actúe serenamente y escuche lo que la otra persona necesita. • Evite una orden como “Cálmese”, pues no ayuda, y, más bien, puede generar más ansiedad.

Fuentes: Psicóloga Silvia Artavia y The Huffington Post.