En 1989, desapareció Jacob Wetterling, un niño de 11 años. Fue arrebatado de sus padres. Hace una semana, un hombre de 53 años mostró a las autoridades los restos del secuestrado, en la finca en donde lo enterró después de molestarlo y asesinarlo.

Por: Alessandro Solís Lerici 11 septiembre, 2016
Jerry y Patty Wetterling, los padres de Jacob, posan junto a una fotografía de su hijo. Corría el año 2009, y ya habían pasado dos décadas desde su secuestro.
Jerry y Patty Wetterling, los padres de Jacob, posan junto a una fotografía de su hijo. Corría el año 2009, y ya habían pasado dos décadas desde su secuestro.

“Haga una oración. Encienda una candela. Esté con amigos. Juegue con sus hijos. Ríase. Tómese de las manos. Coma helado. Genere alegría. Ayude a su vecino. Eso es lo que me consolará hoy”. Esas fueron las indicaciones de Patty Wetterling cuando el público comenzó a preguntar sobre cómo podían ayudarla a ella y a su familia, tras difundirse la terrible noticia que recibieron hace una semana.

Habían pasado 27 años desde que Jacob, su hijo de 11 años, fue secuestrado en el pueblo de St. Joseph, en Minnesota, Estados Unidos, donde vivía la familia Wetterling, con Patty y Jerry como padres. El secuestro fue uno de los casos de abducción infantil más conocidos y sonados en Estados Unidos. Jacob era, desde hace años, una de las caras más visibles de la campaña para que los niños no forjaran conversaciones con extraños.

Después del secuestro, se pasó una ley que obligaba a todos los estados a mantener un registro actualizado de los criminales sexuales. La ley llevaba el nombre de Jacob. Tan solo cuatro meses después del asalto de su pequeño, los Wetterling formaron la Jacob Wetterling Foundation, una organización sin fines de lucro dedicada a la seguridad y protección infantil. Patty práctica-mente se convirtió en una vocera del asunto; fue invitada a los principales programas de televisión y se hizo fuente segura para los periódicos.

La historia de Jacob conmovió al país durante casi tres décadas, pero la esperanza todavía latía. Incluso el reciente 30 de agosto, la esperanza de volver a ver al ausente de sus cuatro hijos impregnaba de blanco las paredes de la casa de los Wetterling. Al día siguiente, cuando el FBI anunció que una “persona de interés” en el caso había revelado el sitio en el que reposaban los restos de Jacob, el peor de los temores que arrastró la familia durante 27 años venció a la ficción y se pasó de acera, al lado de la verdad. Jacob Wetterling había muerto, quién sabe cómo, quién sabe hace cuánto, quién sabe por qué.

Cinco días después, cuando esa “persona de interés” –Danny Heinrich, de 53 años– confirmó que había secuestrado al niño en 1989, que había abusado de él y luego asesinado, y que lo había enterrado en otro barrio de Minnesota, lo mejor que se le ocurrió decir a Patty fue pedirle al público que rezara, que jugara con sus hijos, que fuera emisor de la alegría.

Tras 27 años de izar el corazón a punta de fe y de buena fe, los Wetterling no le abrieron la puerta al odio.

El recuento del asesino.

El domingo 22 de octubre de 1989, pocos minutos encima de las 9 p. m., Jacob se transportaba en bicicleta desde una tienda del barrio a su casa, en St. Joseph. Lo acompañaban su hermano menor, Trevor, de 10 años; y su amigo Aaron, que tenía su misma edad, 11 años. Un hombre encapuchado se acercó, revólver en mano, y les pidió que tiraran las bicicletas al costado. Luego, los acostó en la calle, con la cara contra el asfalto.

Daniel Heinrich aceptó haber secuestrado, molestado y asesinado a Jacob.
Daniel Heinrich aceptó haber secuestrado, molestado y asesinado a Jacob.

Los niños le ofrecieron la película que recién había alquilado, pero él la tiró al suelo. El hombre le preguntó a los niños sus edades. 11, 11, 10. Dejó a Trevor en libertad. Le dijo que saliera corriendo sin ver hacia atrás, porque de lo contrario dispararía. Quedaban Jacob y Aaron. Les pidió que se quitaran las capuchas que les había puesto, para poder verles las caras.

Como si de elegir un compañero de equipo para un partido de futbol se tratase, Danny eligió a Jacob y dejó ir a Aaron, bajo las mismas condiciones que le dio a Trevor. Tras correr unos metros, Aaron y Trevor vieron para atrás; Danny tomó a Jacob del brazo y lo obligó a meterse al carro. Hoy sabemos que ese hombre es Danny Heinrich, quien esposó al niño al carro y se marchó del lugar para no ser visto más.

Heinrich condujo a Jacob a un pueblo cercano que le era familiar, Paynesville. El hombre estaba escuchando las transmisiones policiales en radio para esquivar a las autoridades. Cuando llegaron al lugar, ambos se quitaron la ropa y el señor obligó a Jacob a tocarlo. El criminal asegura que “no hubo actos sexuales”, pero sí masturbación. Jacob tenía frío entonces luego se vistió de nuevo y preguntó que si se podía ir.

Según la versión que Heinrich manifestó en el juicio del martes pasado, le dijo a Jacob que no se podía ir y el niño empezó a llorar. Por la ventana se veían las luces de las patrullas de la policía, y de la bolsa de su pantalón sacó su arma. Le dijo a Jacob que tenía que orinar, que le diera la espalda. Apretó el gatillo y no funcionó. La segunda vez si funcionó, pero Jacob seguía en pie, entonces hizo un tercer intento. El niño cayó al suelo. El hombre se aseguró de su muerte y se devolvió a casa.

Al día siguiente, Heinrich regresó a la escena del crimen, esta vez como peatón. No se sabe cómo, pero sin que nadie se diera cuenta transportó su cuerpo a lo largo de 100 metros. Cavó un hueco y lo enterró con toda su ropa intacta, salvo sus zapatos, los cuales botó en otro lugar. Un año después regresó al sitio y notó que alguien había revelado parcialmente la jacket de Jacob. Tomó los restos y los trasladó al otro lado de la autopista, donde los escondió en una finca en la que Jacob estuvo enterrado durante 26 años.

Este ramo de flores apareció en la casa de los Wetterling tras saberse la noticia.
Este ramo de flores apareció en la casa de los Wetterling tras saberse la noticia.

Heinrich estaba en la base de datos de la policía, pues había sido sospechoso del crimen de Jacob en 1989, pero aquello no pasó de que le tomaran una muestra de ADN para los archivos. El año pasado, usando tecnologías no disponibles en 1989, las autoridades vieron que su ADN calzaba con el encontrado en las prendas de otro niño secuestrado y asesinado en 1989, pero ese caso había prescrito. La policía, igual, allanó su hogar.

En la visita a su casa los oficiales encontraron pornografía infantil, lo que posibilitó su arresto, a finales de octubre. Luego de un tiempo en la cárcel, él aceptó cooperar con las autoridades como parte de un acuerdo para reducir su posible condena. Así las cosas, el primer día de setiembre de este año condujo a los policías a la finca en Paynesville donde estaba enterrado el niño.

Patty y Jerry Wetterling comprobaron que se trataba de su hijo, tal como hicieron varias pruebas de ADN. “Lo único que puedo confirmar es que hemos encontrado a Jacob y nuestros corazones están rotos. No responderé a la prensa aún porque no tengo palabras”, dijo la madre.

En la audiencia en la corte, Heinrich admitió haber secuestrado y abusado de otro niño en 1989. Y se declaró culpable de tener pornografía infantil. Como parte de su acuerdo con las autoridades, no fue acusado por el asesinato de Jacob, por lo que la recomendación de su pena es de dos décadas.

Entre los tantos detalles que Heinrich compartió en la audiencia de esta semana, el criminal y pedófilo recordó que cuando esposó a Jacob en la parte delantera de su carro, el niño de 11 años solo le hizo una pregunta:

—¿Qué fue lo que hice mal?

Este artículo fue actualizado para corregir un error ortográfico.