Por: Yuri Lorena Jiménez 15 junio, 2014

A estas alturas sobra decir que lo que vivió la afición tica en las gradas del estadio Castelao fue básicamente surrealista.

Hace apenas 16 horas bailábamos abrazados con los uruguayos en el FanFest de Fortaleza, primaba la hermandad y el espíritu futbolístico, pero ¡qué va!

Entre brinco y brinco los ticos nos veíamos uno al otro con recelo, la superioridad numérica de los charrúas era de 10 a 1 y parecía más bien un asunto de condescendencia por la majada que se suponía nos iban a pegar.

En las graderías, al principio la ventaja numérica que los celestes nos llevaban era apabullante. Muy juiciosos, los de la Tricolor nos desperdigamos envueltos en nuestras banderas a lo largo y ancho del magnífico estadio.

Tardó en comenzar el primer juego de la Sele, como nosotros en percibir que a cada maniobra de los jugadores costarricense explotaba el Castelao en ráfagas de apoyo ensordecedor. Y ya con el primer gol tico nos dimos cuenta de que contábamos con una inesperada fanaticada, la anfitriona.

Los verdemarelos, que a esa altura ya habían llenado ese coliseo, hicieron el “Oé, Oé, ticos, ticos” una sola voz con nosotros. Hasta los mexicanos, en menor cuantía obviamente, también asumieron nuestra causa como si fuera su equipo en la cancha.

Todavía horas después, ya en las calles de Fortaleza, los tenderos, taxistas y demás empleados celebraban con nosotros el recuerdo del triunfo y nos aseguraban que en Recife (sede del próximo juego contra Italia) jamás nos van a querer como ellos

Gente, ayer no fue Italia 90, pero como se le pareció. Y es Brasil 2014. ¡A celebrar carajo!