Por: Arnoldo Rivera J. 6 abril, 2014

Ser entrenador de una selección africana es como ser comisionado de policía en Ciudad Gótica: cae en cualquier momento.

El director técnico de Nigeria, Stephen Keshi, llegó advertido al partido amistoso ante México, el pasado 5 de marzo: una derrota y lo apeaban del banquillo.

Las Á guilas Verdes empataron a cero y Keshi salvó su puesto..., aunque los directivos nigerianos tienen el gatillo fácil y nadie le asegura que el 16 de junio esté en Curitiba dirigiendo el debut de sus muchachos ante Irán.

Stephen Okechukwu Keshi fue defensor y tuvo 64 juegos clase A. | AP
Stephen Okechukwu Keshi fue defensor y tuvo 64 juegos clase A. | AP

“Mi meta es que los nigerianos sean felices y construir un fuerte para ellos”, comentó el mes pasado el estratega, mundialista en EE. UU. 1994, el año en el que Nigeria irrumpió como una fuerza de la naturaleza en el fútbol.

Haber sido jugador de aquellas exitosas Águilas Verdes –también fue campeón de África en 1994– le hace entender las presiones y las expectativas que despierta en un país que delira por el fútbol.

Keshi es un tipo que se preparó para el trabajo que tiene.

Cuando le puso punto final a su carrera, en 1998, se marchó a los Estados Unidos a estudiar para director técnico. Regresó con el diploma bajo el brazo y dirigió seleccionados menores de Nigeria.

Togo fue su primer equipo mayor y Keshi cantó bingo al meter a los togoleses un Mundial por primera vez en su historia (2006).

Luego tomó Mali, pero no pudo repetir la hazaña. Al banquillo nigeriano arribó en el 2011.

En el 2013 rompió una sequía de 19 años sin título de la Copa de África y clasificó a las Águilas Verdes con marca perfecta.

Sin embargo, nunca llueve a gusto de todos: es criticado por su mano dura y porque, dicen, ve de arriba abajo a sus pupilos, con quienes ha tenido sus encontronazos.

“Ellos me ven como un modelo a seguir y se los demuestro. Eso es respeto”, alega Keshi.