Hace cuatro años recibió cuatro goles de Alemania y ahora es el héroe de su equipo

 10 julio, 2014

São Paulo. AFP El portero argentino Sergio Romero se tomó la revancha de las dudas que existían sobre él antes del Mundial, debido en parte a su suplencia en el Mónaco, deteniendo dos penales en semifinales contra Holanda, ayer en Sao Paulo, después de un partido sin goles.

Romero no tuvo apenas trabajo en los 120 minutos que duró el partido, con los 90 reglamentarios y los 30 de prolongación, pero apareció en los penales, deteniendo el primer lanzamiento de la serie a Ron Vlaar y el tercero de Holanda, lanzado por Wesley Snejder.

Sergio Romero
Sergio Romero

Solo concedió dos de los cuatro lanzamientos, el segundo lanzado por Arjen Robben y el cuarto marcado por el volante Dirk Kuyt.

Como Argentina marcó sus cuatro lanzamientos por medio del astro Leo Messi, Ezequiel Garay, Sergio Kun Agüero y Maxi Rodríguez, la Albiceleste se colocó con ventaja de 4-2 en los penales y no fue necesario recurrir al quinto por ninguno de los dos equipos.

Cuestionado. Ratificado en el puesto por el entrenador Alejandro Sabella, que asumió en 2011, los cuestionamientos a Romero se acrecentaron en la última temporada por su falta de regularidad desde su traspaso a préstamo de la Sampdoria italiana (propietaria de su pase) al Mónaco, a mediados de 2013.

En el equipo del Principado, Romero no logró desbancar como titular al guardameta croata Danijel Subasic y cuando tuvo oportunidades de jugar no dio muchas garantías bajo los tres palos.

Una curiosidad es que ayer Romero se lució precisamente frente a la selección del país al que llegó cuando emigró al balompié europeo, en el 2007 al AZ Alkmaar.

A ese club arribó después de pocos partidos en el Racing de Avellaneda y tras haberse coronado con Argentina como campeón del Mundial Sub-20 en Canadá 2007.

Pero lo más llamativo es que el primer entrenador que tuvo en el AZ Alkmaar fue precisamente Louis Van Gaal, el ahora seleccionador holandés, al que ha dejado fuera de la gran final del Mundial.

Con 27 años, este gigante de 1,92 metros nacido en la selvática provincia argentina de Misiones (noreste), forma parte de la generación que sufrió la dolorosa eliminación ante Alemania (4-0) en cuartos de final de Sudáfrica 2010 bajo la dirección de Diego Maradona.

En aquel partido encajó cuatro goles y no se pudo lucir. Tuvo que esperar cuatro años para convertirse en el héroe de su selección.