El mundial volverá a tierras europeas en un país bastante extenso y que dificultará el traslado entre sus sedes

Por: David Vargas 15 julio, 2014
El presidente de la FIFA, Joseph Blatter y el presidente de Rusia, Vladimir Puttin en la entrega del Mundial.
El presidente de la FIFA, Joseph Blatter y el presidente de Rusia, Vladimir Puttin en la entrega del Mundial.

El planeta futbol se ocultó bajo el horizonte de Río de Janeiro este pasado domingo. Volverá a surgir hasta el 2018 en Rusia, el país más grande del mundo. Rusia se extiende por más de 7.000 kilómetros de este a oeste y sobre diez husos horarios. Podríamos acomodar a Costa Rica unas 14 veces a todo lo largo de la cintura de este país.

Y en esa tierra, donde los kilómetros cuadrados se sirven con cuchara grande, la FIFA se arriesga con la puesta en escena del siguente mundial. Digo se arriesga porque Rusia no es un destino para viajeros principiantes. El idioma y el alfabeto son apenas el primer obstáculo. Las distancias son considerables. La infraestructura y el transporte público fuera de Moscú y San Petersburgo serán toda una aventura para los millares de aficionados al futbol que viajarán a ver esta copa del mundo.

Sedes de Rusia 2018:


Kaliningrado


San Petersburgo


Nichni Nóvgorod


Saransk


Kazán


Rostov del Don


Samara


Ekaterimburgo


Volgogrado


Sochi

Rusia 2018 se jugará casi todo en la Rusia Europea. El territorio al oeste de los Montes Urales es apenas una cuarta parte del país entero, pero es tan grande como la mitad de Brasil. Solo una sede, Ekaterinburgo, está en la Rusia asiática. Esta ciudad de 1.3 millones de habitantes fue el punto de partida de la expansión rusa hacia territorios de Siberia durante el reinado de Catalina la Grande en el siglo XVIII.

3.000 kilómetros separan las sedes de Kaliningrado (sede más al oeste) de Ekaterinburgo, o lo que equivale a un viaje San José-Dallas y un poco más. Si los seleccionados nacionales recorrieron en Brasil 14.000 kilómetros moviéndose entre las ciudades, en Rusia esa cifra podría ser más abultada.

El próximo mundial se jugará entre junio y julio, al final de la corta primavera y empezando el verano intenso en Rusia. En esas fechas, las temperaturas pueden fácilmente trepar a los 40 grados centígrados y con la misma desvergüenza bajar a menos de 10 grados al día siguiente. ¿Qué echa uno en la maleta para un clima tan cambiante?

Tuve el privilegio de vivir en Rusia 11 meses en el 2006. Pude desenmascarar la Rusia turística de iglesias con cúpulas como suspiros, matrioshkas, parafernalia comunista y borsht (sopa de remolacha) para apenas y conocer un poco de la Rusia de a pie. Pasé temporadas en Moscú y San Petersburgo. Vi la sede del Zenith donde jugó Winston Parks y vivía cerca del estadio Lushniki, sede del CSKA y del Spartak de Moscú. Conocí la ciudad de Kazán, a orillas del río Volga y la casa del Rubín donde jugó Carlos Castro.

En esos 11 meses apenas y logré un poco de autonomía: navegar sin problemas por el metro de Moscú, parar un taxi y lograr que me llevara a mi casa o usar las "mashrutkas" (taxis colectivos) para ir al centro. Podía comprar comida en un supermercado y ordenar en un restaurante. No creo que ese conocimiento se pueda comprimir a cuatro semanas que dura una copa del mundo.

A los viajeros les esperará ciudades complicadas de navegar; un Moscú que es un gancho al hígado de cualquier billetera; habitantes que mastican poco el inglés, el alemán o el francés; letreros que parecen invadidos por hormigas gracias al alfabeto cirílico; "babushkas" (abuelas o señoras mayores) con una paciencia inexistente y bastones que pegan duro; sistemas de metro bastante eficientes pero que hieden a sudor y cerveza; un concepto bastante laxo de lo que es el alcoholismo; jóvenes damas de una belleza despampanate y mozalbetes dispuestos a usar los puños en cualquier momento.

Es la tierra de Pedro el Grande, de Rasputin, de Lenin, de Yuri Gagarin, del vodka, de las Pussy Riot, de Pushkin, y de Mikhail Bulgakov. Es hogar de políticos como Stalin y Putin, cuna del comunismo y de la KGB (ahora FSB), de policías trinquiteros y de reglas que cambian más rápido que el clima. Es un país con una historia de futbol modesta, insignificante a la par de lo escrito por Rusia en las páginas de la Historia Universal. Es un país ambicioso bajo el mando de un tipo decidido. Puede que sea la fórmula ganadora de un mundial para el recuerdo.