Por: David Goldberg J. 8 junio, 2014

Sao Paulo, Brasil Finalmente arrancó la travesía del Mundial Brasil 2014 . Lo digo así porque el gigantesco torneo no es solo una aventura para los futbolistas, aficionados y dirigentes. Los periodistas también tienen derecho a emocionarse con la gran experiencia laboral que esto significa.

Aunque la pelota todavía no rueda, para algunos el certamen arrancó desde el viernes a las 11:20 p. m., cuando el vuelo que llevaba adentro a este servidor y otro par de colegas del diario Al Día aterrizó en en el aeropuerto de Guarulhos, en el estado de São Paulo.

 Una marcha religiosa de ayer parecía un carnaval.
Una marcha religiosa de ayer parecía un carnaval.

En ese mismo instante, empezó el “reconocimiento de cancha” y después el “estudio del jugador”.

Traducido, eso quiere decir percibir el ambiente y analizar el comportamiento de los locales. Pero hasta ahora es justo como los describen las series de televisión, las revistas y los libros.

La sensación que se percibe es una calidez, una amabilidad y una alegría abundante. No hay malas maneras, no hay malas caras.

El obrigado está comenzando a desgastarse de tanto repetirse. Y ojo que, en teoría, los paulistas son los más serios de todo Brasil. Ni me imagino como serán los cariocas, famosos por su estilo de vida relajado en Río de Janeiro.

No obstante, uno, tico y lastimosamente desconfiado, deja abierta la posibilidad de que todo cambie cuando se dispare el estrés y el nerviosismo para que el Mundial sea perfecto.

Pero quién sabe. Es tanto el fervor y la pasión con los que hacen todo por acá, que las apuestas están en contra de eso.

Con solo decir que el primer escenario vivido fue una hiperconcurrida marcha religiosa, que más parecía un carnaval.

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