7 septiembre, 2013
Aficionados celebrando en la Rotonda de la Hispanidad después del triunfo. / Jorge Navarro
Aficionados celebrando en la Rotonda de la Hispanidad después del triunfo. / Jorge Navarro

El entorno en la llegada del combinado de los Estados Unidos al Estadio Nacional fue todo menos el ambiente hostil que se habló durante la semana.

Esto a pesar de que desde antes de la salida de los rivales para encarar el juego, las personas que pasaron en automóvil frente al Hotel Marriott, en la Ribera de Belén, lanzaron algunos insulto o gesticularon repudio hacia los norteamericanos.

Tal vez, por eso a las 5:33 p.m., cuando la tarde gris se oscurecía, el combinado norteamericano tomó una salida trasera del hotel para buscar a La Sabana.

Con los reportes de inundaciones en el Valle Central, el recorrido entre Belén y el Estadio Nacional parecía lejano y complicado, por ello, los estadounidenses se decidieron apostar por la autopista General Cañas.

La lluvia y la congestión vial fueron los únicos inconvenientes que sufrieron los gringos a lo largo de su viaje, ya que los aficionados ticos se mostraron muy pasivos ante la presencia del autobús, escoltado por dos motos y cinco vehículos.

Sí, uno que otro simpatizante volvió su mirada hacia el transporte para ofender a los rivales, pero nunca se salió de las manos.

A su entrada hacia el sector de Sabana Norte, la escena se asemejaba a un barco blanco sumergiéndose dentro de un mar rojo, que se mostró desinteresado, como si nunca hubiera existido un sentimiento de revancha.

Cuando finalmente el plantel norteamericano superó las puertas del estadio, sus jugadores no parecían estar intimidados o estresados por el ambiente “prejuego”.