10 julio, 2014

Teresópolis. La Granja Comary, sede de la selección brasileña en Teresópolis, estaba ayer prácticamente vacía después del varapalo histórico de la Canarinha en las semifinales del Mundial.

Algunos aficionados aislados se acercaron a curiosear hasta el control de policía que permanece a las puertas de la urbanización de lujo donde se ubica el centro de entrenamientos, pero a diferencia de días anteriores nadie se quedó haciendo guardia a la espera de ver a los jugadores.

Ayer no se veían ni banderas brasileñas, ni camisetas amarillas, ni pinturas en las caras, lo que fue constante en las puertas de la Granja Comary desde el inicio de la concentración.

En el escaso público que merodeaba en los alrededores, tan solo se veían camisetas y cazadoras de colores neutros, para protegerse del ligero viento y las temperaturas frescas de este día invernal, y ninguna alusión a la selección.

De madrugada, tan solo seis aficionados presenciaron la llegada del autobús de la selección a Teresópolis a su regreso en Belo Horizonte, según medios locales.

La soledad de la selección es un panorama gris.