Por: Yuri Lorena Jiménez 25 junio, 2014

Tremendo desaguisado se llevó ayer buena parte de la andanada de ticos que se dejó venir al Mundial y que ya han tocado el cielo con las manos contra Uruguay e Italia.

Ah no, pero ayer, a pesar de las voces expertas que sugerían no desgastar al equipo más allá de lo necesario -se viene lo bravo con los octavos de final-, los nacionales andábamos de lo más felices rajando con que íbamos a golear a Inglaterra o, cuando menos, le íbamos a aturuzar su parcito.

Lo que pasó en el juego todos lo vimos, la mayoría, por tele; los que estamos aquí, con una pena interior con las demás aficiones que, una vez más, llenaron las gradas del Mineirão para apoyar a "la Costa Rica".

Diay no, no jugamos como en los dos primeros partidos, pero igual de todos modos nosotros ya estábamos clasificados.

Gente, andamos felices, pero andamos molidos. Este trajín maravilloso pasa la factura en algún momento, excepto cuando la Sele nos recarga las pilas y nos montamos en el cabús del éxtasis como si no hubiera un mañana. Pero hoy, conforme a las disposiciones tácticas y técnicas, la Tricolor cuidó pasar en primer lugar y no se dejó vulnerar por su contrario.

Esta vez no hubo cánticos ni euforia, pero sí muchos análisis y augurios.

Ahora hay que apiarse a Grecia, que es como pegarle a Tololo, y ya en cuartos les jugamos como contra Uruguay e Italia y que tiemblen esos cabrones, es más, la final está entre Costa Rica y estos tres: Brasil, Holanda o Alemania", concluían aquellos ticos sin camisa ni pudor.

Alguien intentó corregirlos sobre la imposibilidad de jugar con Holanda o con otros equipos citados por un asunto de llaves, y, entonces, metieron a otros equipos en la pelea.

Con los cálculos de los compatriotas no hubo bochorno porque casi nadie entiende nuestro idioma ni aunque gritemos, pero sí un poco de pena con las aficiones de todo el mundo, encabezadas de nuevo por la anfitriona, que nos apoyaron desde las gradas como si hubieran dejado el ombligo en Tiquicia, y hasta le corearon a Inglaterra, en un portuñol perfecto y a todo galillo, el grito de guerra ayer en el Mineirao; no goleamos, no les colamos ni un gol, pero la afición mundial nos respaldó hasta el final con el monstruoso alarido que sonó y sonó, para recordar quién era quién en la cancha: "!!!E-LI-MI-NA-DOS!!!"