Por: Víctor Fernández G. 14 junio, 2014

En la cabeza del monarca la corona luce abollada. O más bien deforme. Cinco golpes la dejaron irreconocible y llena de raspones color naranja por encima de su desteñido tono rojo furia.

Ni el apostador holandés más osado acertó el marcador de 5-1 con el que la Naranja Mecánica pulverizó ayer a la España “defensora” del título. No, nadie lo vio venir, ni los 50.000 hinchas que colmaron la Arena Fonte Nova de Salvador de Bahía, ni un atrevido Louis van Gaal y mucho menos el conservador Vicente del Bosque.

Al final del partido la pregunta era obligatoria: ¿pesó más una Holanda a la que todo le salió bien o una España irreconocible que se saboteó a placer?

Robin van Persie vuela y anota de cabeza el golazo del empate holandés, mientras Ramos y Piqué no pueden más que mirar. Era el 1-1 y nadie imaginaba la paliza naranja que vendría en el segundo tiempo. | AP
Robin van Persie vuela y anota de cabeza el golazo del empate holandés, mientras Ramos y Piqué no pueden más que mirar. Era el 1-1 y nadie imaginaba la paliza naranja que vendría en el segundo tiempo. | AP

Del morbo a la realidad. El inicio del Grupo B del Mundial quiso que el monarca vigente volviera a verse la cara con el eterno segundo lugar. Cuatro años atrás, en Sudáfrica, España ganó su primera copa del mundo a costas de una Holanda ya acostumbrada a no pasar de finalista. Por esto, ayer en el debut de ambos equipos en Brasil 2014 el morbo entró de la mano de los jugadores a la húmeda cancha.

El primer tiempo fue lo que todo el planeta esperaba: parejo. España buscó irse arriba desde el inicio y Holanda aguantó, confiándose en sus contragolpes de vértigo. Sneijder fue el primero en calentarle los guantes a Casillas, al minuto 7, y el capitán español resolvió sin problemas. Iker lucía seguro, sin dar señas de que aquel sería el peor día de su carrera mundialista.

En el área holandesa Diego Costa pecó de errático una y otra vez, mientras la gradería lo insultaba a placer, sin perdonarle que renunciara a jugar con su Brasil natal.

El único mérito del delantero fue lograr un penal que no lo era. El cobro de Xabi Alonso hizo pensar que ahí empezaría el despegue rojo, hasta que Robin van Persie, con un golazo de cabeza, emparejó justo al final del primer tiempo.

Cuento de terror. Si por lo sucedido en la segunda parte nos guiamos, uno bien podría creer que en el intermedio Del Bosque despojó a los suyos de su característica furia, y se la regaló, manso, a los dirigidos por Van Gaal.

Holanda le metió terror a España, hasta los huesos, y el área de los campeones parecía la de un equipo de Oceanía. Robben –inmerecido villano de la final de Johannesburgo– se desquitó de Casillas con un doblete, De Vrij también anotó tras una mala salida del capitán ibérico y Van Persie hizo pedazos al otrora mejor arquero del mundo, luego de que Iker le regalara un balón que no logró controlar.

A ojos del mundo, el rey español ayer empezó a abdicar, muy a su pesar, a la corona.