Por: Ufrán García 29 junio, 2014

Para el periodista Ufrán García, un veterano del periodismo que labora para La Nación, esta será la segunda vez en que verá a la Selección de Costa Rica luchar en octavos de final. La primera vez, en Italia 1990, tuvo un ingrediente especial que las nuevas generaciones no han saboreado: la Sele lo logró en su debut. Ni siquiera los expertos más connotados se hubieran atrevido a decir, aquella vez, que el equipo patrio alcanzaría los octavos de final.

Este es su relato:

Aquel 23 de junio...

Me desperté en la madrugada, muy de madrugada, por ahí de las dos. Y claro, de una vez se me vino a la mente el partido de la Sele. A lo sumo haría tres horas que me había dormido. Y soñé que ganábamos. Ahora faltaba poco para aquel juego histórico en octavos de Italia 90 contra Checoslovaquia. Ya no pude conciliar el sueño.

A esa hora no tenía con quién hablar. Eso es desesperante para un futbolero ansioso, con complejos de técnico y con la alineación definida. Quería compartir mi lista para oír reacciones. Necesitaba reacciones, pero inmediatas.

Diay, armé un monólogo.¿Qué me quedaba? 'Bueno -me dije-, es cierto que no va Gabelo, pero tenemos a Hermidio. Está desencanchado, lo sé, pero es bueno, va bien por arriba, va bien por abajo. Todo es que agarre la primera bola, para que caliente...'.

Esta era mi lista: Hermidio, Chavarría, Chunche y Flores en el centro, más Chaves en la defensa. Ramírez, Cayasso, Marchena y González, en la media. Medford y Jara para que corrieran como locos adelante.

Al fin el reloj marcó las 5 de la mañana y saqué el Corolla 73 del garaje, en medio de una nube de humo. Lo calenté y viajé entre estruendos mufleáticos -'está mal del platino', me advirtió un mecánico- de Cuatro Reinas de Tibás a la Panadería Villalobos, en San Juan, en busca de periódicos.

2. TRIUNFO 2-1 A SUECIA: Costa Rica venció a Suecia y alcanza el boleto a la segunda ronda en Italia 1990, en su estreno en las Copas Mundiales.
2. TRIUNFO 2-1 A SUECIA: Costa Rica venció a Suecia y alcanza el boleto a la segunda ronda en Italia 1990, en su estreno en las Copas Mundiales.

'¡Uy, es que ese Skuhravy es muy bueno! ¿Quién sabe si Hermidio estará atento para llegarle? ¡Pero ahí está Marchena! ¿Más bueno que Marchena por arriba? ¡Jamás, papá, jamás!', me decía de camino.

Comí muy poquito en el desayuno. No sentía hambre. Luego me fui a San José a hacer mandados, para matar el tiempo. '¡¡Columbia!!, decía la voz de Claudio Rojas por el viejo radio del carro. Poco más allá corría la aguja en el dial en busca de otras novedades, y entonces oía: ¡¡ Monumental!!, con Iván Silva Acuña.

Eran como las 11. ¡Dos horas, Dios mío, dos horas...! La radio anuncia la alineación. 'Bora dio la alineación, aquí está la alineación de Costa Rica...'.

'Papi, lo buscan', dijo mi hija Jeniffer. '¡No, no, dígale que ahora no, hija, que venga más tarde por favor, después del partido. Dígale Jeniffer...!

'¡Hermidio -prosiguió el locutor-; Flores, Montero, González, Obando, Chaves, Chavarría, Ramírez, Marchena, Cayasso y Jara'.

¡Está buenísima, buenísima...! ¡Vamos a ganar...! Primero los marcamos duro, los frenamos, y después saldremos a buscar el gol.

Y comenzó el calvario por tele desde Bari, en el estadio San Nicola. Sentía un hormiguero en las manos, estaban como dormidas. Escuchaba gritos provenientes de las casas vecinas: '¡Metele la pata, Marchena...! ¡'Así, Machillo, bailalos, bailalos...'.

Entonces me cayó encima el primer balde de agua fría: Skuhravy, sí ese mechudo de Skuhravy nos metió el primero a los 12 minutos. Un silencio sepulcral invadió la sétima etapa de Cuatro Reinas por unos momentos.

Pero la cuestión seguía. Jara intentó escaparse y nos calentamos de nuevo. '¡Vamos, Jara, llevátelos, llevátelos...! '.

Nos fuimos al descanso. ¿Descanso? ¿Quién podía descansar con semejante tensión? Salí a la acera e hice fuerza contra la verja para combatir el dolor de hombros. Afuera había vecinos en la misma angustia.

-¿Qué crees, Ufrán?

-Diay..., un gol no es nada. Les hemos llegado. Yo creo que podemos hacerles algo.

Nueve minutos después de reanudarse el juego, González hizo la hombrada: metió un testarazo y mandó la bola al fondo del marco de Jan Stejskal. Entonces se armó la algarabía. Todo el barrio gritaba. Me puse erizo como gato amenazado. Ya no sentía las manos.

Al 63 apareció otra vez Skuhravy para "fusilar" a Hermidio, y no había terminado mis maldiciones cuando un tal Kubik nos sentenció con el tercero.
'No me importa, de por sí llegamos lejos, más de lo que soñamos; somos buenos, llegamos lejos', murmuré ya vencido, en medio de un dolor inmenso de pura impotencia.

Y volvió a machacar nuestro maco Skuhravy al 82.

Ya no me dolió. Quedé en silencio. El barrio también.

Entonces murmuré desde el fondo de mi alma: 'Tranquilos, muchachos, no se maten. Hicieron mucho. Estamos orgullosos de ustedes. La verdad es que hicieron mucho...'.