Por: David Goldberg J. 13 junio, 2014

Aficionados croatas y brasileños en la previa del partido. | AFP
Aficionados croatas y brasileños en la previa del partido. | AFP

São Paulo, Brasil. Quizás suene muy obvio, pues ya la pelota está rodando, pero debo decir que ahora sí que se siente el Mundial.

Sin embargo, la referencia va más allá del fútbol. Va sobre la línea del encuentro de culturas.

En los últimos dos días, la cobertura periodística en suelo brasileño dio para ir un poco más allá de la Selección de Costa Rica. Dio para moverse un poco a otros lugares y presenciar escenas con tantas banderas diferentes como las Naciones Unidas.

El miércoles por la noche, en una calle llamada Vila Madalena en São Paulo, una que está repleta de bares y restaurantes, el ambiente fue de fiesta total. Se puede comparar con la Fuente de la Hispanidad después de una victoria valiosa de la Tricolor, potenciada un par de veces. Lo que pasa es que ahí era como si todos hubiesen ganado.

Los locales se apegaron a su “ eu sou brasileiro, com muito orgulho, com muito amor ”. Los costarricenses al “vamos, vamos los ticos, que esta noche tenemos que ganar”. Los estadounidenses al más simple “ U-S-A, U-S-A, U-S-A ” y así sucesivamente con chilenos, mexicanos, colombianos y un largo etcétera.

Alguno que otro incluso cruzró la frontera para nunca dejar de cantar. Eso es lo que realmente debe se un Mundial. No son 32 países compitiendo por un trofeo, es una celebración planetaria que debe estar llena de valores como respeto, disciplina y lealtad.

Lo mismo sucedió ayer en la previa a la inauguración. Fotos de todos con todos sin importar color, religión, nacionalidad.

Fue un día lleno de sonrisas y alegrías. De esos que uno quisiera que se repitieran más a menudo y no solamente cada cuatro años. Por ello, gracias fútbol.

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