Por: David Goldberg J. 30 junio, 2014

Recife, Brasil. Tras estas líneas seguramente me lloverá a más no poder por la ingratitud que voy a escribir. Estoy consciente de ello y ya abrí el paraguas.

Mis disculpas, pero juro que me hubiese encantado estar en Costa Rica ayer para celebrar. Bueno, está bien, tal vez, no del todo. Quizás solo haber tenido un viaje astral y regresar en la mañana.

Algunos amigos ya me externaron su envidia por haber estado presente en la victoria más impresionante en la historia de nuestro fútbol, pero es que además de los colegas en la zona de prensa, no hay nadie más a quién abrazarse.

Aparte, tampoco es que uno pueda darle rienda suelta a la locura, más allá de que ayer otra vez se escaparon las lágrimas. Já, por tercera vez en este Mundial...

Es que no hay San Pedro, no hay pitoretas, no hay himnos nacionales cantados a media calle, no hay vueltas olímpicas. Y no duden que eso hace falta después de pasar tantos días lejos y embotados de emociones.