Por: David Goldberg J. 23 junio, 2014

Belo Horizonte, Brasil. La Selección de Costa Rica es el equipo del momento, el sabor del mes. No sé si será en el mundo entero, pero aquí, en Brasil, no hay duda.

Tarda uno un par de segundos para que brote el acento tico y le pregunten “¿de dónde viene usted?”. Respuesta: “de Costa Rica”; o bien, “da Costa 'Jica'”, si se anima a decirlo en portugués.

De cualquiera de las dos maneras la reacción del interlocutor siempre es la misma: ojos abiertos de par en par, sumado a un expresivo y rítmico “van bien”, “juegan bien” o cualquier otro verbo que calce con la idea.

El último caso se dio con el taxista que transportó ayer a este servidor y mi colega de Al Día del aeropuerto de Belo Horizonte al hotel. Dijo que se llama Gontijo, merced a esa costumbre de los brasileños de nunca decir el nombre, pero sí su apodo.

Fueron 43 kilómetros de recorrido y en 25 de ellos preguntó sobre el equipo con una voz profunda, como la de James Earl Jones.

El punto es que se trata de una sensación nueva en el contexto futbolístico para un tico. Quizás a uno le haya pasado en materia turística y terminó hablando de la Cordillera Volcánica, de las playas, del calor de la gente. Pero jamás pasó hablando de fútbol antes. Pues sepan que complace.

Los aficionados ticos gozan el gran momento de la Sele . | AFP
Los aficionados ticos gozan el gran momento de la Sele . | AFP

Ciudades. En Santos, ciudad donde la Tricolor tiene su base, creen que es su aire el que la puso a jugar así. La gente está volcada a su favor y en los últimos días, cada vez que se movió el autobús, centenares de habitantes los vitorearon.

En Fortaleza y Recife, sedes de los dos duelos disputados hasta ahora, también hubo identificación. Y según cuentan conocidos en otras partes de Brasil, São Paulo y Río de Janeiro están igual. Inclusive, señalan que con solo andar la camiseta puesta, ya se es merecedor de felicitaciones. Como si fueran estrellas de rock.

Definitivamente, la Sele está de moda y ojalá lo esté durante todo el Mundial. Y por qué no, mucho tiempo más.