La despedida del Mundial causa dolor, pero deja mucho más orgullo y satisfacción

Por: David Goldberg J. 6 julio, 2014

Salvador, Brasil. Dos malditos penales cortaron el sueño y dejaron a todo un país con el corazón roto.

Sin embargo, es curioso, porque el dolor no es el que correspondería al resbalar cuando se está tan, pero tan cerca de cumplir con una epopeya.

Quizás es porque el sentimiento está cubierto por capas y capas de orgullo hacia un puñado de hombres que, sin egoísmos, se mataron por defender una bandera hermosa, la cual ahora se conoce en todo el mundo.

Inclusive, hubo pocas o ninguna lágrima. Es que no puede haberlas cuando se sabe que el único ejército que tiene Costa Rica lo dio todo, lo hizo todo por dejar a los suyos muy en alto. Misión cumplida, muchachos. Deben estar satisfechos por el esfuerzo realizado. El corazón de todos, el de ustedes y nosotros, estará roto, pero el alma quedó intacta, y por eso, muchas gracias.

El destino le dio tanto a la Tricolor en este Mundial, que tal vez fue demasiado ambicioso pedirle más. Claro, hay que admitir que celebrar se estaba haciendo una linda costumbre.

En su [[BEGIN:INLINEREF LNCGNF20140706_0001]]aventura quijotesca[[END:INLINEREF]] por Brasil, los nuevos héroes ticos cruzaron ríos de plata, derribaron coliseos, derrocaron monarquías y se burlaron de los dioses.

No obstante, los molinos fueron mucho para esos 23 caballeros locos que quisieron desafiar sin complejos a otro gigante más.

Sí, faltó muy poco para llegar al último día del Mundial, pero no importa. Esto es suficiente por ahora. Algo más faltará para estar listos.

Empero, los 4,5 millones que ayer cantaron al unísono el Himno Nacional con una devoción que solo un equipo de fútbol pudo lograr, tienen mucho que digerir todavía.

¿Cómo olvidarse tan rápido de las pulsaciones aceleradas al ritmo de las piernas de Christian Gamboa o Junior Díaz? ¿Cómo olvidarse tan rápido del frío que se apoderó del cuerpo en cada mano a mano que resolvió Keylor Navas? ¿Cómo olvidarse tan rápido de la falta de aire cuando Christian Bolaños colgaba la pelota al área en los tiros libres?

Hay que recordar todas esas sensaciones. Hablarlas, celebrarlas, y emocionarse con ellas una y otra vez, porque no hay garantía de que la hazaña se repita pronto.

¡Costa Rica quedó entre los ocho mejores del Mundial! ¡Se fue invicta y con solo dos goles en contra! ¡Salió del “grupo de la muerte” y avanzó un poco más!

Por donde quiera que se le mire, no hay forma de reclamar nada. Sería ingrato, grosero, injusto.

La Tricolor le dio al país casi un mes lleno de locura, de festejos, de abrazos. Le dio partidos mágicos para enmarcar. Le dio minutos apasionantes, de esos que hacen a un cuerpo sentirse con vida, como por ejemplo, los del segundo tiempo extra de ayer, que tuvo hasta una posibilidad para ganar en los pies de Marco Ureña. Quién sabe qué hubiese pasado si la hacía...

¿Holanda? Pues es una potencia futbolística. Arjen Robben es un monstruo con su zurda y Wesley Sneijder, otro con su derecha.

Aun así, no pudieron contra el coraje y el honor de un grupo que llegó a territorio brasileño siendo nada y se va siendo todo.

Sí, dos malditos penales cortaron el sueño. El corazón de todos estará roto, pero el alma quedó intacta.