Por: David Goldberg J. 1 julio, 2014

Yeltsin Tejeda (der.) y Diego Calvo festejan la clasificación. | AFP
Yeltsin Tejeda (der.) y Diego Calvo festejan la clasificación. | AFP

Recife y Santos, Brasil. Sé que ayer fue lunes, pero definitivamente era un día para quedarse viendo cuanto video, noticia y foto de la Sele se subiera a Internet.

Si por “x” o “y” podía quedarse en la casa, topó con suerte, ya que debió estar con sueño, sin voz, sin energía y tal vez algo más. Eso sí, feliz. Muy feliz.

Entonces, seguramente habrá gastado el mouse de su computadora o la pantalla táctil de su celular bajando hasta los posts del viernes en todas las redes sociales.

Aunque pensándolo bien, si tuvo que ir a trabajar, también debe haber marcado todas las casillas anteriores, nada más que mejor vestido y a escondidas.

El punto es que la mitad del día (o más) era prácticamente obligatorio dedicarlo a la resaca futbolística.

Había que repasar el partido. Las tapadas de Keylor Navas, la expulsión de Óscar Duarte, el gol de Bryan Ruiz y todas las sensaciones que vinieron con ello.

Luego, había que buscar las declaraciones. Siempre es emotivo escuchar las dedicatorias a mamás, abuelas, barrios, perritos, etcétera.

Y finalmente, las celebraciones. En mi opinión, lo mejor porque el corazón vuelve a hincharse de orgullo. Sin importar quién aparezca en las imágenes. Puede ser un aficionado, un jugador o quien sea, que uno se identifica.

Los de las mareas de camisas rojas a lo largo de toda Costa Rica son extraordinarias , pero el video de Waylon Francis y José Miguel Cubero es asesino: un adulto completamente consumido por el llanto y un compañero de batalla solidarizándose es lo que hace este deporte tan especial .

Y ojo que el de Celso Borges y Alexandre Guimarães no se queda muy atrás. Ese hijo y padre, fútbol y fútbol, es inspirador.