Los brasileños se llevaron su derrota más vergonzosa en el peor momento

Por: Arnoldo Rivera J. 9 julio, 2014

Una Alemania voraz dejó a Brasil completamente desnudo delante del mundo y lo exhibió como un equipo vulgar e indigno de la historia verdeamarela.

Si el Maracanazo de 1950 quedó marcado a fuego en el alma brasileña como la derrota más dolorosa jamás vivida, la de ayer quedará para siempre como la caída más vergonzosa de la Canarinha .

Alemania, como se sabe, puede ser un rodillo que apenas mira lo que deja atrás. Ayer le tocó a Brasil sufrir el rigor de los pánzers.

Los germanos se instalaron en la final del domingo con una autoridad incontestable: ningún otro semifinalista en la historia llegó a la última ronda con una demostración tan soberbia de poderío.

No se anduvieron por las ramas y pusieron manos a la obra sin mucho rodeo; fueron tan directos en sus intenciones que en menos de media hora de juego ya tenían la paliza montada: 5-0; cuatro de ellos cayeron en cosa de seis minutos. Así como lo lee.

Para mayor INRI de Brasil, Miroslav Klose marcó el segundo de la Mannschaft y quebró el empate a 15 goles con Ronaldo como el goleador histórico de los Mundiales. Las desgracias nunca vienen solas.

Rodillo. Sin espacio para los débiles, Alemania golpeó y se dio los gustos que le dio la gana con los anfitriones, gracias a las sorprendentes libertades ofrecidas en la zaga, el deambular zombi de los volantes y la falta de oficio de los atacantes.

Desde la tanda de penales ante Chile, el estado de ánimo de Brasil estuvo bajo sospecha; ayer esas dudas quedaron claras: este cuadro de Luiz Felipe Scolari no tenía corazón, alma y cerebro de campeón.

La soledad tan desolada de esta Verdeamarela ayer fue tan evidente que el resto del juego fue penoso.

Alemania completó el proceso de destrucción con dos goles más en la complementaria.

Con las quinielas quebradas y con los sueños del hexacampeonato en escombros, el partido solo transcurrió a su final.

Brasil intentó alguito, pero si ese alguito se topa con un Manuel Neur en estado de gracia, pues hay poco que hacer.

Sí logró un tanto, pero apenas alcanzó para la anécdota. Fue obra de Óscar, uno de los más endeudados con el fútbol y la torcida , que insólitamente cantó el ole en contra de sus favoritos.

El 7-1 es algo tan rotundo que las ausencias de Neymar y Thiago Silva no son de recibo como disculpa.

La superioridad alemana fue tan contundente que solo deja espacio al asombro futbolero y la reverencia.

Brasil se va con la historia entre sus piernas, “gracias” a un equipo de humo y espejismo.