Por: Yuri Lorena Jiménez 21 junio, 2014

Son las 8 de la noche de ayer en Recife y aún a estas alturas, los ticos que andamos detrás de la Sele en Brasil nos cruzamos con la mirada perdida, aguada, serena, pletórica... La adrenalina del momento ya bajó un poco pero, en cambio, en cuanto tuvimos acceso a Internet y a llamadas a Tiquicia , pasamos de la euforia al embelesamiento y estupor al presenciar cómo el país tiene colapsado al planeta deportivo... Muchos no paramos de llorar.

Ayer, ya en la proximidad del partido, de nuevo, con asombro, percibimos aquí en Recife un fenómeno idéntico (y creciente) al que vivimos en Fortaleza y luego en Natal, ciudad de paso, con los anfitriones volcados totalmente con “la Costa Rica”, como nos llaman.

En Brasil, la afición de la Tricolor se ha hecho sentir. | AFP
En Brasil, la afición de la Tricolor se ha hecho sentir. | AFP

Gente, esto no tiene precio y tampoco tiene nombre. Temprano, en el espectacular malecón frente al mar, mientras abordábamos los autobuses hacia el estadio, unos cuantos de nosotros sacamos banderas y empezamos a ondearlas en plena avenida... Las bocinas de los carros, los gritos emocionados, las senales de triunfo, los abrazos, los “¡ticooos, ticooos!” a cargo de conductores y peatones brasileños y de otras nacionalidades, nos enchinaron la piel.

En las afueras del estadio la euforia explotó pero no fue hasta hace unos momentos, duchados y listos para ir al hotel de la Sele , cuando empezamos a caer en cuenta de que por fin se le hizo el sueño al país.

Recordé las palabras del capitano en Italia 90, Róger Flores, cuando hará unas semanas dijo que ya era hora de que las generaciones contemporáneas de futbolistas hicieran que la afición se olvidara de Italia 90 y mirara hacia adelante. Hoy la Sele del 2014 pareció inyectarse una transfusión de la sangre de aquel verano italiano ¡Viva Costa Rica! ¡Gracias Brasil!