Vive en San José y trabaja limpiando los buses de La Uruca y Hospital México; allá daba clases de Matemática

Por: Jairo Villegas S. 13 noviembre, 2015
El haitiano Joseph Fleurissois Exama, de 47 años, vive de una manera particular el juego Costa Rica vs. Haití.
El haitiano Joseph Fleurissois Exama, de 47 años, vive de una manera particular el juego Costa Rica vs. Haití.

La alegría le brota por los poros. Vestido con una vieja camiseta de la selección de Haití, con un número "5" medio borroso, Joseph Fleurissois Exama, de 47 años, se llena de nostalgia al saber que un pedacito de su país está en Costa Rica.

El combinado de Haití le trae un montón de recuerdos de su vida en Puerto Príncipe, empobrecida ciudad capital que abandonó en el 2004 en procura de mejores condiciones de vida. En su país daba clases de Matemática en un colegio, asegura.

Su destino fue San José, Costa Rica, donde hoy labora en la limpieza de los autobuses de La Uruca y el Hospital México, según relató.

Allá dejó a su esposa y tres hijos. La mayor tiene 18 años y sus dos varones son de 11 y 15 años, es decir, al menor casi no lo ha visto.

A ellos nunca los olvida, pues les envía una parte del dinero que gana acá para que puedan subsistir en un país azotado por los desastres naturales, en el que el 77% de los casi 10 millones de habitantes viven en pobreza; de hecho, el 55% está inmerso en pobreza extrema, sobre todo tras el devastador terremoto del 12 de enero del 2010 en Puerto Príncipe, que causó más de 300.000 fallecidos y dejó a más de un millón de personas sin hogar. Con la ciudad destruida, muchos optaron por vivir en carpas, en lugares prácticamente insalubres.

"Siempre pensé en quedarme en Costa Rica, porque aquí me siento muy bien, aquí tengo más oportunidades. Si no pudiera estar en Costa Rica, me devuelvo a Haití, porque no quiero estar en otro país", aseguró Fleurissois, quien atendió a La Nación en un pequeño negocio, similar a una pulpería, llamado Puerto Príncipe, en San José, donde llegan otros coterráneos a comprar papitas y platanitos para ofrecer en las calles.

Como muchos de los otros haitianos, Fleurissois es un poco tímido, no le gusta hablar mucho, aunque con melancolía dice que su sueño es tener a sus hijos aquí.

"Ellos son estudiantes y me gustaría mucho que se vengan. Aquí hay más oportunidades de trabajo y, la verdad, me siento como en mi hogar, como en casa.

"Extraño dar los cursos, enseñar, pero me siento mejor aquí en San José. Emprendí el viaje con el dinero que me había ganado como docente", reveló Fleurissois.

Sobre el partido de este viernes en la noche, en el Estadio Nacional a las 8 p. m., Fleurissois cree que su selección ganará 1-2. No sabe quién hará los goles, porque admite que no conoce a los jugadores. Lo que le llena de orgullo es saber que la bandera de su nación será exhibida en la cancha del Estadio Nacional en el desfile previo al juego.

Fleurissois se llena de nostalgia. Por pocos días, su país ha sido noticia en Costa Rica, por el fútbol. Para él es inevitable recordar su vida en Puerto Príncipe, así como darle gracias a Costa Rica por acogerlo y brindarle las oportunidades económicas y sociales que sus coterráneos no tienen en la isla.