Joel Campbell fue el gran animador del primer viaje de la Tricolor a una sede mundialista

Por: Kenneth Hernández Cerdas 12 junio, 2015
Joel Campbell baja del avión que trasladó a la Sele de Sao Paulo a Fortaleza. Atrás el lateral Dave Myrie.
Joel Campbell baja del avión que trasladó a la Sele de Sao Paulo a Fortaleza. Atrás el lateral Dave Myrie.

Jueves 12 de junio, año 2014, día soleado en Santos, Brasil, el Hotel Mendes Plaza luce abarrotado en su exterior, un grupo de curiosos tiene la mirada apostada en la puerta de salida.

Hay banderas ticas, camisetas tricolores, se respira ambiente mundialista...

La puerta principal se abre, el cordón policial retiene a los fanáticos, los seleccionados nacionales empiezan a desfilar hacia el autobús que los llevará al aeropuerto de Guarulhos, en Sao Paulo, ahí donde tomarán un vuelo sin escalas hacia Fortaleza, ciudad donde empezará a escribirse la historia.

Abróchense los cinturones; el vuelo está a punto de despegar, el capitán le da la bienvenida a la Selección y la adrenalina se dispara tan rápido como la velocidad de la aeronave para tomar altura.

No es un viaje común, es el vuelo hacia el debut, el destino, la ciudad donde se medirá a la selección de Uruguay.

Como un pasajero más el técnico Jorge Luis Pinto se acomoda en su asiento y recuesta su cabeza sobre su señora, Claudia Uribe, quien llegó a acompañarlo durante el Mundial. A escasos metros de él, están sus dos hijos, Verónica y Jorge Luis. quienes también viajaron desde Colombia.

Joel Campbell camina por el pasillo con sus enormes audífonos de color azul. El atacante luce relajado y se mueve al ritmo de la música que está escuchando.

Marco Ureña marcha hacia la parte trasera del avión y al frente Keylor Navas charla de forma amena con Michael Barrantes.

La posible tensión de estar a horas del debut no es palpable.

Como el avión despegó a la misma hora en la que jugaban Brasil y Croacia, a diez mil pies de altura, la única inquietud era saber cómo quedó el juego.

"Es la parte fea del viaje", reconoció José Miguel Cubero. Eso fue lo único que no pudo vivir el equipo porque durante la práctica matutina, en el traslado al aeropuerto y en su llegada a Fortaleza, sintieron muy de cerca la fiesta mundialista.

Una fiesta que le dio forma Campbell una vez el avión tocó tierra. Con la cabina a oscuras durante el paso por la pista de rodaje, el futbolista le subió el volumen a su reproductor de música y con movimientos constantes con su celular simuló un juego de luces. Yeltsin Tejeda fue quien lo gozó más pues estaba junto a él.

El 'dancehall' inundó la cabina de la aeronave y el ambiente se relajó por completo.