Atleta, que juega balonmano, corre 30 km diarios para ir a entrenar si no tiene dinero para el bus

Por: José Luis Rodríguez C. 9 julio, 2015

Santa Clara, San Carlos

Cuenta su entrenador, Junior Mata, que en una ocasión Daniel Villegas salió expulsado porque no supo controlar su cólera en un partido en Desamparados.

Dice Mata que aquella irritabilidad mostrada por uno de sus mejores jugadores no era por alguna acción del partido, o la falta de un rival, era porque ese día, después de haber entrenado a las 8 a. m. con la Selección Nacional, y volver a hacerlo en la noche con Desamparados, Daniel no había comido nada.

Él, quien a sus 18 años está en plena etapa de desarrollo, enfrentó aquella larguísima jornada hambriento y sin decir nada.

Así es la vida de Daniel, vecino del sector 4 de Los Guido, un diamante en bruto del balonmano al que no tener plata para comida o para pagar el bus nunca ha sido un freno.

"Mi familia no es de muchos recursos, "hay" veces en que no tengo plata para ir a entrenar y mi mamá (Yorleny Mayorga) tampoco... a como están las tarifas se gasta demasiado en bus, entonces me voy corriendo, son como 15 kilómetros de ida y 15 de vuelta", dijo Villegas, poco después de desayunar en el Instituto Tecnológico de Santa Clara, donde se hospedan los de balonmano.

"A veces llego a las 10:30 p. m. y tengo que ver cómo hago para que no me pase nada, hay asaltantes, violadores, asesinos; tengo compañeros que viven en lugares aún peores, y también tienen que arriesgarse", Daniel Villegas

Con una humildad envidiable este deportista reconoce que se va a limpiar casas con su madre cuando a ella le salen dichos trabajos.

"Ella cuida un chiquito y con eso nos mantiene a mí y a mi hermano (Bryan); por dicha con nosotros vive mi tío, Kevin, que le ayuda a mami".

Pese a que correr 30 kilómetros solo para ir y venir del entrenamiento no es recomendable para ningún deportista, a Daniel no le preocupa eso, sino que en las noches debe atravesar Los Guido para arribar a su casa.

"A veces llego a las 10:30 p. m. y tengo que ver cómo hago para que no me pase nada, hay asaltantes, violadores, asesinos; tengo compañeros que viven en lugares aún peores, y también tienen que arriesgarse".

De figura menuda y sonrisa optimista, Daniel es, según quienes le conocen, no solo un talento deportivo, sino un excelente dibujante.

"Quiero llegar a estudiar dibujo publicitario, ahorita estoy sacando bachillerato por madurez en las noches para trabajar en el día limpiando casas con mi mamá, no siempre sale, pero cuando pasa me ganó unos ¢3.000 que ayudan mucho".

Declarado el jugador más valioso en los dos primeros partidos de Desamparados de estos Juegos, ante Liberia y Cartago, Daniel dice que en su equipo juegan como viven, sin perder la esperanza.

Aunque a veces el mes se hace demasiado largo y las comidas diarias se reducen de tres a dos, este diamante del balonmano llena su estómago con voluntad.