14 diciembre, 2015

Hace muchos años, exactamente en 1993, me tocó ver una de la peores experiencias de mi vida en el ciclismo. En plena etapa 5 de la Vuelta a México un conductor no solo imprudente sino en evidente estado de ebriedad embistió al pelotón cuando iban cruzando por la población de Ojuleos.

La camioneta se metió de lleno en el lote abriendo el grupo como con un cuchillo. Yo estaba en el vehículo de auxilio mecánico neutral cuando nos tocó ver cómo salían los corredores volando por el aire tras el impacto con esa camioneta, algunos incluso arrastrados aun por el vehiculo y muchos caídos en la zanja junto a la carretera. Salir del carro donde yo venía fue como llegar a una escena de guerra con corredores gimiendo de dolor, muchos con fracturas expuestas y uno hasta con la frente desprendida.

La primera reacción de aquellos que no fueron afectados fue ir a golpear al conductor que noi sentía los golpes por su estado. Yo confieso que le di una patada al faro de esa camioneta maldita para romperlo. En ese lote estaban Gianni Bugno y Laurent Fignon que corrían con el equipo Gatorade. Experiencia horrible que por bendición de la providencia no tuvo consecuencias fatales pero muchísimas bajas.

infografia
Ese accidente me vino a la memoria cuando en la salida de la etapa 1 de la Vuelta a Costa Rica un taxi se metió de manera imprudente cuando el lote pasaba justo en ese momento causando sustos, golpes, raspones y una pausa obligada de la carrera que justo se había lanzado de manera oficial unos metros antes. El señor de ese taxi ya lo habíamos visto ansioso por ingresar a la vía momentos antes, pero confiados en que venían los moticiclistas de seguridad y otros vehículos de caravana creímos que todos se quedarían tranquilos hasta que el carro escoba cerrara el contingente. Pero ese señor del taxi rojo estuvo a punto de cometer el peor error de su vida. Por que la providencia es grande, igual que en Ojuelos, no hubo una desgracia mayor que lamentar.

Cuando uno sale en carrera siempre pide que a los ciclistas los acompañe Dios y los cuiden los hombres de pantalón largo. Este es un deporte que obliga a un depotista a tener vida de monje, a sacrificar horas interminables para ser considerado en un equipo y luego convocado a una carrera como la Vuelta a Costa Rica. Que la carretera le quite a uno la ilusión por una caída natural de competencia o por falta de fuerzas es una cosa, pero lo de hoy no se puede volver a repetir.

Además de ese susto fuera del radar de lo normal, el calor le dio tremenda paliza a las piernas del lote que tuvo que recorrer casi 200 kilómetros con casi una hora de retraso de salida, o sea, más calor en el camino. Respetuosamente sugerimos que estas jornadas de apertura sean menos largas sobre todo si hay condiciones de extremo calor. Entrar en ritmo tiene su chiste, pero días así pueden pasarle factura a los protagonistas que tienen otras 10 etapas donde gastar esa reserva.