15 diciembre, 2015

Fueron básicamente 100 kilómetros de fuga para dos corredores con características muy distintas entre sí en la etapa 2 de la Vuelta a Costa Rica: el alto y musculoso canadiense Anton Varabei de 30 años y el más pequeño y espigado escalador sub 23 Emilio Molina. Aunque el trabajo de los dos podría haber condenado al fracaso la escapada en otro día de calor -y con todo y que el canadiense estaba 11º en la general- la diferencia de tiempo no alarmó al líder Nieves Carrasco (Leones Naranjas) y otros favoritos prefirieron dejarle a los equipos con sprinters la potestad de dirección. Pero el calor y un camino quebrado les ofrecieron la posibilidad a los dos aventureros de hacer la cosecha grande del día.

Ya el terreno en los últimos 50 kilómetros se convirtió en una tortura de interminables rectas salpicadas por pasos en medio de poblaciones entusiastas que aclamaban con tremendo escándalo el pedaleo de los dos escapados, ya escarchados por el salitre a estas alturas de la jornada. Algunas de las calles que se cruzaron fueron de adoquín y se dieron varias curvas de 45 grados en entradas y salidas de las poblaciones previas a Nicoya.

Poco a poco la ventaja de más de 9 minutos que llegó a tener el dúo se redujo a 5 minutos en los últimos 10 kilómetros, y los corredores un poco más angustiados preguntaban constantemente la diferencia mientras los carteles que anunciaban la meta eran más prometedores. Confiados en que no los alcanzarían comenzaron los escarceos entre ambos ciclistas. "Le tiene que arrancar ahora porque de los contrario el canadiense se lo come en el sprint", comentó César Sánchez, el comisario adjunto UCI en la carrera, a quien acompañamos en esta jornada en su auto.

Emilio traía esa misma sospecha en la mente sobre el enorme Varabei y en un par de ocasiones intentó un arranque aunque sin terreno propicio para ganar distancia. Por su parte el canadiense, consciente de su ventaja física, se contentaba con darle uno que otro relevo a Emilio al tiempo que se deshacía de sus bidones para evitar peso extra de cara al duelo final. El último kilómetro presentó por lo menos 3 curvas en forma de escuadra así que colocarse a la salida de cada una de ellas era muy importante. Pero fue en la penúltima de esas curvas cuando el joven tico se metió a toda velocidad para doblar la esquina hacia la derecha haciendo contacto con una motocicleta de la caravana que estaba sobre el costado derecho de la calle. Ese toque lo mandó a él y a Anton al piso, según el recuento del mismo Varabei. "Luego fue cuestión de quién se subiría más rápido a su bicicleta. Sinceramente yo hubiera preferido haber disputado el sprint en igualdad de circunstancias pero la caída no fue mi culpa", dijo al final el corredor de Equipo Ride for the Planet.

Creemos que esta caída fue una situación común de carrera y bajo la presión natural de la disputa Molina arriesgó un poco más de lo debido en la curva causando la colisión. "Sabía de las curvas al final y una moto me estorbó un poquito y me tuve que cerrar más", nos declaró Emilio al final. A los comisarios les queda claro que según reglamento solo puede haber motos de seguridad y de transmisión en vivo de TV, pero ninguna puede estar dentro de los ultimos 500 metros, donde siempre hay una desviación o se tienen que detener para evitar jugar en contra o a favor de uno o varios corredores. El comisario Sánchez, por ejemplo, ya le había indicado a la moto de la cámara de Teletica que no podía continuar antes de llegar a la marca de esos 500 metros porque no estaban en vivo. En general los colegas son muy respetuosos y siempre se coordinan tomando turnos para hacer su material, además de pedir obligatoriamente permiso a los autos de los comisarios. Y cuando quedan menos de 10 kilómetros normalmente todo mundo tiene que adelantarse a la meta para hacer su material de llegada.

Creemos que lo de hoy no fue cuestión de la organización sino de un mal timing de las circunstancias. Varabei consiguió la victoria más importante de su carrera y disfrutó en solitario el vitoreo del público en una ligera rampa para llegar a la meta. Atrás Emilio sufría para intentar llegar de manera infructuosa. El mejor consuelo de Molina al final fue ser recibido por su madre, a quien se le llenaron los ojos de orgullo al ver que su hijo protagonistas y aunque raspado llegó bien. "Esta vez no se pudo, pero estoy contento porque había que intentarlo", dijo al final con una sonrisa el joven tico.