Su trabajo es gratuito en Río 2016 y para ejercerlo tuvo que costearse su pasaje y su hospedaje

Por: Fanny Tayver Marín 12 agosto, 2016
Elsa Díaz es el ángel de la guarda para la delegación de Malaui.
Elsa Díaz es el ángel de la guarda para la delegación de Malaui.

Barra da Tijuca

Viste tenis verdes, pantalón beis y la camisa amarilla estampada que portan los 50.000 voluntarios presentes en los Juegos Olímpicos Río 2016.

Se llama Elsa Díaz, trabaja en turismo y es de Costa Rica.

A ella se le asignó la tarea de vivir en la Villa Olímpica y es un ángel de la guarda para la delegación de Malaui.

“Me enteré de las inscripciones hace como dos años, después del Mundial de Fútbol mandé la inscripción y pasamos por varias entrevistas y varios cursos en línea, porque como yo no estaba en Brasil, todo era por medio electrónico y ya luego cuando vinimos nos hicieron un curso rápido para conocer la Villa”, expresó Díaz después de que había concluido su jornada.

Los voluntarios trabajan a tiempo completo y de forma gratuita; la organización tan solo les proporciona alimentación, pero ellos tienen que correr con sus gastos, como pasajes aéreos, hospedaje y transporte.

“Fui poquito a poco, porque como esto es una aventura, no tenía nada seguro hasta que me confirmaron, pero yo tenía los planes de que sí iba a ser positivo y ya una vez que estaba confirmada me tocó conseguir el pasaje, el hospedaje e irme ambientando un poquito más a lo que venía. Tenía que tener ahorros porque sacarlo de golpe de la bolsa no es tan fácil”, expresó la costarricense.

El trabajo de Elsa Díaz es gratuito en Río 2016 y para ejercerlo tuvo que costearse su pasaje y su hospedaje.
El trabajo de Elsa Díaz es gratuito en Río 2016 y para ejercerlo tuvo que costearse su pasaje y su hospedaje.

Ella está muy identificada con Malaui.

“Me toca asistirlos a ellos en lo que necesiten, cuando se vienen a instalar en el país, tener todas las comodidades que necesitaban, preparándose primero para la inauguración de los Juegos y ahora entrenándose para las pruebas que van a tener ellos”.

Sin pensarlo dos veces, Díaz, quien trabaja en turismo en Costa Rica, asegura que “para mí es una experiencia increíble estar en unos Juegos Olímpicos”.

“Yo hace dos años que me inscribí y estaba con ese anhelo, de los que estábamos participando no sabíamos si íbamos a ser elegidos, porque me enteré de que son más de 200.000 personas las que aplicaron alrededor de todo el mundo y con ese anhelo. Fue en enero cuando nos confirmaron y desde ese mes hasta mayo nos iban confirmando poco a poco quiénes eran los que estaban para participar”.

A partir del momento en el que la organización la admitió, la tica empezó a recibir más capacitación.

“Nos enviaron más cursos en línea, con información más detallada de lo que es la Villa, que era el campo en el que yo iba a estar, nos enviaron detalles, todas las funciones que hay aquí para conocer de lleno todo”.

Como es normal en este tipo de eventos, ella duerme poco y trabaja mucho.

“Es medio loco el horario, porque depende de lo que necesite la delegación así es mi día, me tocó despertarme a las 6 a. m., estar aquí en la Villa a las 8 a. m. para ir al aeropuerto a dejar a uno de los oficiales y todo depende del movimiento que haya, hay otros dos compañeros que son de Brasil y nos repartimos el horario para que estemos siempre alguno de los tres disponibles”.

Díaz trató de buscar su mayor comodidad, porque las distancias son largas.

“Me hospedé cerca, como a 3 kilómetros de la Villa y entonces me vengo caminando porque para venir en bus son dos paradas y ya llegué, pero estoy cerca y me vengo caminando”.

Recordó que el proceso para convertirse en voluntaria de Río 2016 no fue sencillo.

“Es complicado, porque son entrevistas, nos ponen en grupo, con participantes de cualquier parte del mundo y nos ponen a interactuar entre nosotros, nos ponen a hacer alguna dinámica para que todos interactuemos y me imagino que para ver la reacción de cada uno en caso de ser elegido”.

Ella ha visto una infinidad de atletas.

“Aquí adentro hay tantos que uno ni los conoce, se los topa por todo lado pero ha sido una experiencia muy bonita, tenemos libertad de estar por todo lado por el tema de la asistencia a las delegaciones, lo que ellos necesiten, tenemos que estar con ellos y tenemos acceso a cualquier lugar”.

Las restricciones para los voluntarios son pocas, pero las hay, como tratar en la mayoría de lo posible de no fotografiarse con los deportistas.

“Si lo mencionaron, algunos lo hacen, más que todo como para respetar a los atletas que están concentrados en lo que son sus actividades entonces nos piden evitar pedir fotos o lo que sea y no publicar cosas en las redes sociales, antes de que se inauguraran los Juegos”.

En su caso, ya tiene sus propios recuerdos.

"Sí me he tomado fotos (ríe), ya hay más libertad, está más relajado que al principio y he tenido oportunidad, me encontré a la medallista de oro de judo de Brasil y me saqué la foto”, finalizó Elsa Díaz.

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